
El general retirado John Caine, nominado por el expresidente Donald Trump para liderar el Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, ha alertado sobre la falta de preparación del ejército estadounidense para hacer frente a un conflicto prolongado con China. En su testimonio escrito ante el Comité de Servicios Armados del Senado, Caine subrayó que la rivalidad con Pekín se ha convertido en uno de los desafíos más apremiantes para la seguridad nacional de EE.UU.
“La amenaza que representa China para los intereses estadounidenses en la región del Indo-Pacífico es real y creciente. EE.UU. necesita trabajar con aliados y socios para disuadir la agresión china en esta área”, afirmó Caine. Sin embargo, advirtió que la actual situación del ejército estadounidense no permite una respuesta efectiva ante esta amenaza. “Desafortunadamente, en este momento crítico, la Fuerza Conjunta enfrenta un proceso de adquisición y una base industrial de defensa que no están optimizados para un conflicto prolongado. EE.UU. no cuenta con la capacidad, la rapidez ni la agilidad necesarias para disuadir a nuestros adversarios”, añadió.
Desafíos en la preparación militar
Caine identificó el Indo-Pacífico como un teatro clave para la estrategia militar estadounidense, señalando que el ejército chino ha realizado importantes mejoras en su capacidad militar, incluyendo la modernización de sus estructuras y el despliegue de sistemas autóctonos avanzados. “Numéricamente, China tiene la mayor marina del mundo”, destacó el general. Sin embargo, también reconoció que Pekín enfrenta deficiencias en áreas como la competencia de sus comandantes, la logística a larga distancia, la guerra urbana y la experiencia en conflictos modernos.
El exgeneral también abordó el panorama geopolítico más amplio, argumentando que, aunque China, Rusia y Corea del Norte están involucrados en una cooperación limitada, “estos países no actúan como un bloque, ni tienden hacia una alianza al estilo de la OTAN”. Las tensiones entre EE.UU. y China son especialmente altas en torno a la isla de Taiwán, que Pekín considera una provincia rebelde. El líder chino, Xi Jinping, ha manifestado que, aunque Beijing prefiere “una reunificación pacífica”, no descarta el uso de la fuerza para lograrlo.
Por su parte, Beijing ha acusado a Washington de estar “obsesionado con suprimir a China”, advirtiendo que esta postura solo perjudicará a EE.UU. en el largo plazo. La complejidad de las relaciones internacionales en esta región y la creciente militarización de China plantean interrogantes sobre el futuro de la estabilidad en el Indo-Pacífico y la capacidad de EE.UU. para mantener su influencia en un entorno cada vez más competitivo.