Un reciente estudio de la organización medioambiental Waterkeeper Alliance ha revelado que el río Pocotaligo, en Carolina del Sur, presenta niveles de contaminación por sustancias químicas tóxicas conocidos como «químicos eternos» (PFAS) superiores a cualquier otra vía fluvial analizada en el país. Esta alarmante situación plantea serias preocupaciones sobre la salud pública, especialmente para quienes consumen pescado de este río y sus afluentes, así como para futuros planes de abastecimiento de agua potable.
El informe señala que la principal fuente de esta contaminación parece ser una antigua planta de tratamiento de aguas residuales que da servicio a la ciudad de Sumter. Esta instalación recibe aguas residuales de diversas industrias que manejan y liberan PFAS, incluyendo fábricas de recubrimientos metálicos, empresas de plásticos, fabricantes de productos químicos y negocios textiles. Además, se considera que instalaciones militares, como la Base de la Fuerza Aérea Shaw, también han contribuido a la contaminación del agua subterránea en áreas cercanas.
Contaminación preocupante
A pesar de que la planta de tratamiento de Sumter está diseñada para purificar aguas residuales antes de devolverlas al río, su proceso de tratamiento no elimina los PFAS, lo que es común en plantas de este tipo a nivel nacional. El estudio encontró que el tramo del río Pocotaligo analizado, justo debajo de la planta de tratamiento, se considera «la ubicación más contaminada detectada» en un análisis que abarcó 19 estados, desde California hasta Connecticut.
Los niveles de PFAS en el Pocotaligo superan los 228 partes por billón, siendo significativamente más altos que los encontrados en otros ríos del país. Esta situación es especialmente preocupante para los pescadores locales, muchos de los cuales dependen del río para su subsistencia. La acumulación de PFAS en el tejido de los peces puede poner en riesgo la salud de aquellos que consumen regularmente pescado de estas aguas.
Adicionalmente, el informe destaca que el 65% de la población que vive a menos de un kilómetro de la planta de tratamiento son personas de color, y el 42% son de bajos ingresos, lo que agrava la preocupación por la equidad en la salud ambiental. Carl Brzorad, abogado del Southern Environmental Law Center, subrayó que las altas concentraciones de PFAS en el río son un indicativo claro de que las industrias locales están vertiendo estos tóxicos a través de la planta de tratamiento, la cual no cuenta con la tecnología necesaria para tratarlos adecuadamente.
La presencia de estos químicos no solo afecta la salud de los habitantes cercanos, sino que también podría obstaculizar futuros esfuerzos para establecer plantas de agua potable en la región, a medida que disminuyen las fuentes de agua subterránea. Desde la organización Black Riverkeeper, se ha señalado que la contaminación por PFAS está fluyendo hacia el sistema de aguas del río Black, haciendo que se desista de la idea de utilizar sus aguas para abastecimiento potable.
El informe de Waterkeeper Alliance también indica que la Administración de Servicios Ambientales de Carolina del Sur ha fallado en implementar regulaciones efectivas sobre los vertidos de PFAS, a pesar de contar con la autoridad para hacerlo bajo la Ley Federal de Agua Limpia. Esta falta de acción se ve en el contexto de un panorama nacional donde la EPA ha intentado reducir las protecciones contra estos contaminantes, lo que agrava aún más la crisis ambiental que enfrentan ríos como el Pocotaligo.
La situación del río Pocotaligo es emblemática de un problema más amplio que afecta a muchas vías fluviales en los Estados Unidos, donde el 98% de los ríos analizados mostraron algún nivel de PFAS, y el 95% de aquellos ubicados debajo de plantas de tratamiento tenían concentraciones elevadas. La comunidad exige respuestas y acciones concretas para abordar esta crisis ambiental y proteger la salud de las poblaciones más vulnerables.
