Los amiLoides son proteínas que suelen asociarse a diversas enfermedades neurodegenerativas, siendo el Alzheimer la más conocida. Estas proteínas, que se encuentran en todo el cuerpo humano, se adhieren a las células nerviosas como si fueran placas, obstaculizando su función y contribuyendo a una serie de trastornos. Sin embargo, investigaciones recientes de la Universidad de Colorado Boulder, publicadas en la revista Nature, han revelado un uso sorprendente de estas proteínas en el mundo bacteriano, donde juegan un papel crucial en la defensa de las bacterias contra sus depredadores.
AmiLoides como armadura bacteriana
El estudio, liderado por el profesor Aaron Whiteley, ha demostrado que algunas bacterias han encontrado en los amiLoides una forma de protegerse, utilizando estas proteínas como una especie de «armadura molecular». Esto podría abrir nuevas vías para el desarrollo de herramientas que combatan la proliferación de microbios en entornos críticos, como hospitales y fábricas de alimentos. También puede ofrecer nuevas perspectivas sobre el funcionamiento del sistema inmunológico humano.
La investigación se centra en el Bdellovibrio bacteriovorus, un depredador bacteriano que se introduce en otras especies, extrayendo sus nutrientes hasta que estas mueren. Aunque generalmente son inofensivas para los humanos, estas bacterias son devastadoras para otros microorganismos, incluidos aquellos que son patógenos. Durante años, se ha considerado que los Bdello eran prácticamente invulnerables, lo cual ha suscitado interés en su uso como una forma de controlar bacterias problemáticas.
Whiteley y su equipo se propusieron averiguar si algunas bacterias podrían defenderse de este tipo de depredadores. Para ello, recolectaron diversas cepas de E. coli de distintas partes del mundo, incluyendo intestinos de lagartos y muestras de heces de canguros. Los investigadores descubrieron que aproximadamente un tercio de estas cepas eran resistentes al Bdellovibrio.
Los análisis realizados con un microscopio avanzado revelaron que estas cepas resistentes se recubrían completamente con una proteína amiLoide llamada curli, que, aunque similar a las proteínas responsables del Alzheimer, tiene un propósito distinto en el contexto bacteriano. Según Whiteley, las mismas características que hacen que los amiLoides sean problemáticos para los humanos—su durabilidad y resistencia a la descomposición—los convierten en una armadura ideal para las bacterias frente a diversas amenazas.
El estudio también sugiere que los amiLoides podrían ayudar a las bacterias a formar biofilms, capas delgadas de bacterias resistentes que se adhieren a superficies como instrumentos médicos y máquinas industriales, lo que a menudo provoca infecciones y corrosión. Aunque la forma común de eliminar estos biofilms es raspándolos, Whiteley plantea que los Bdello y otros depredadores bacterianos podrían haber desarrollado herramientas genéticas o enzimas únicas capaces de descomponer esta defensa rígida.
La investigación en este campo no solo tiene implicaciones para la salud humana, sino que también podría ofrecer soluciones innovadoras para combatir la resistencia a los antibióticos y las enfermedades asociadas con los amiLoides, como el Alzheimer. El avance en el conocimiento de estos procesos naturales podría transformar la forma en que abordamos tanto las enfermedades infecciosas como las neurodegenerativas.
