La comunidad internacional enfrenta un desafío urgente: revertir los recortes a la ayuda humanitaria destinada a los rohinyás y trabajar junto a las autoridades de Dhaka para mejorar las condiciones en los campos de refugiados. Este es el mensaje central de un estudio reciente publicado en la revista Third World Quarterly, llevado a cabo por la profesora Klejda Mulaj, de la Universidad de Exeter.
Los rohinyás se encuentran ante lo que se ha descrito como «elecciones imposibles»: regresar a un Myanmar donde sufren una intensa represión o permanecer en campos de refugiados, lo que representa una «muerte social». En este contexto, la urgencia de actuar para abordar la tragedia de los rohinyás no había sido tan evidente.
Derechos Humanos y Diálogo
El estudio subraya la importancia de que otros países faciliten el diálogo entre el Ejército de Arakan y los refugiados rohinyás con el fin de garantizar la protección de sus derechos humanos, incluyendo el derecho a regresar a sus hogares en Arakan/Rakhine. La dignidad y supervivencia de los rohinyás no pueden asegurarse únicamente a través de la caridad; es necesario un enfoque más estructural y sostenible.
La comunidad internacional también debe presionar a los nuevos gobernantes en Naypyitaw y Sittwe para que pongan fin a la extorsión contra la población rohinyá, reconozcan su sufrimiento y ofrezcan reparaciones, instituyan los derechos de ciudadanía para los rohinyás y les permitan un retorno digno a su tierra natal.
La exclusión de los rohinyás de Myanmar podría incrementar la inestabilidad y la violencia en la región. La violencia prolongada contra esta población ha derivado en actos de violencia contra otros grupos designados como «otros» en Myanmar.
La profesora Mulaj califica el genocidio contra el pueblo rohinyá como una de las mayores tragedias de nuestro tiempo. La marginación, el maltrato y la expulsión de esta minoría perseguida han sido una constante durante más de seis décadas, impulsadas por políticas estatales e ideologías nacionalistas que han construido un proceso de construcción nacional que castiga a los rohinyás como «el otro» amenazante que debe ser extirpado.
El estudio destaca que el creciente nivel de violencia hacia los rohinyás desde la década de 1970, que culminó en genocidio durante la década de 2010, ha sido provocado por una «expresión negativa de soberanía en un entorno totalitario» y por una ideología nacionalista exclusivista que ha enmarcado a los rohinyás como parias sociales.
En un Myanmar mayoritariamente budista, los rohinyás, que carecen de afinidad cultural y religiosa con esta tradición, se han convertido en el «otro temido». Desde la década de 1970, los sucesivos regímenes birmanos han aislado, marginado y maltratado a los rohinyás mediante una serie de políticas estatales que han sido legitimadas por la propia ley del Estado.
La profesora Mulaj concluye que, dada la situación tumultuosa actual en Arakan/Rakhine y Myanmar, no es posible un retorno de los rohinyás a su hogar sin garantías de sus derechos humanos, especialmente sus derechos de ciudadanía. Este enfoque es esencial para abordar de manera efectiva la crisis que enfrenta esta comunidad.
