Un nuevo estudio global sobre las ondas gravitacionales, esas «ondulaciones» en el espacio-tiempo predichas por Einstein en 1916, ha aportado valiosos conocimientos sobre el comportamiento de los agujeros negros. Este trabajo, en el que han participado más de 80 investigadores australianos y más de 600 científicos de todo el mundo, ha sido publicado recientemente por la Universidad de Monash, destacando un catálogo completo de observaciones de ondas gravitacionales acumuladas desde 2015.
Las ondas gravitacionales son generadas por eventos cósmicos violentos, como la colisión y fusión de agujeros negros. Según el comunicado de la Universidad de Monash, se han registrado un total de 218 eventos, de los cuales 161 son los más significativos y muestran tres tipos de fusiones binarias: fusiones de estrellas de neutrones, fusiones de agujeros negros con estrellas de neutrones y fusiones de agujeros negros binarios.
El misterio de los agujeros negros
Los agujeros negros son regiones del espacio con una atracción gravitacional tan inmensa que nada, ni siquiera la luz, puede escapar de ellos. Esta característica los convierte en objetos difíciles de detectar mediante telescopios convencionales. Se caracterizan por sus masas, que se miden en unidades equivalentes a la masa de nuestro Sol, y sus giros.
El investigador principal del estudio, Christian Adamcewicz, de la Universidad de Monash y del Centro de Excelencia para el Descubrimiento de Ondas Gravitacionales, ha comentado que muchos aspectos de estos agujeros negros y de las estrellas que los forman siguen siendo un misterio. «Al analizar las 161 fusiones observadas en la última década, hemos podido descifrar aspectos de su comportamiento a partir de sus masas», ha declarado Adamcewicz.
En este sentido, el estudio revela que la mayoría de los agujeros negros tienen masas inferiores a unas 40 veces la masa del Sol. Adamcewicz también ha propuesto una hipótesis que sugiere que los progenitores de agujeros negros más pesados, es decir, las estrellas que normalmente esperaríamos que se convirtieran en agujeros negros de más de 40 masas solares, generan supernovas tan explosivas que cualquier evidencia de ellas es aniquilada. La reciente caída en el número de observaciones coincide con esta predicción.
Este avance en la investigación sobre los agujeros negros es un ejemplo más de cómo la ciencia y la colaboración internacional pueden desentrañar los misterios del universo, al mismo tiempo que nos recuerda la necesidad de seguir apoyando la investigación científica en un momento en que la inversión en ciencia y tecnología es crucial para el futuro de la humanidad.
