Un estudio reciente realizado por investigadores de la Universidad de Gotemburgo ha revelado que un porcentaje inesperadamente elevado de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) tras la última glaciación podría haber sido originado por el deshielo del permafrost. Este hallazgo, publicado en la revista Science Advances, desafía la visión tradicional sobre las causas del aumento de CO2 en la atmósfera durante los períodos interglaciares.
Históricamente, se ha creído que las fluctuaciones de las temperaturas oceánicas eran las principales responsables de la liberación de CO2 en la atmósfera. Se pensaba que durante las glaciaciones, los niveles de CO2 disminuían, mientras que en los períodos cálidos posteriores aumentaban en aproximadamente 100 partes por millón (ppm). Sin embargo, el nuevo estudio sugiere que el deshielo del permafrost, que se encontraba en latitudes norteñas, pudo haber contribuido de manera significativa a este fenómeno.
El permafrost y el ciclo del carbono
Amelie Lindgren, investigadora en ciencias de los ecosistemas, ha afirmado que «hemos concluido que las tierras al norte del Trópico de Cáncer emitieron una gran cantidad de carbono cuando la temperatura media aumentó en el hemisferio norte tras nuestra última glaciación. Estimamos que este intercambio de carbono pudo haber representado casi la mitad del aumento de los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera».
Durante la última glaciación, grandes cantidades de carbono se habían almacenado en el suelo. Cuando la temperatura comenzó a incrementarse entre hace 17.000 y 11.000 años, el permafrost comenzó a descongelarse, liberando así CO2 hacia la atmósfera. Este estudio se basa en un análisis de polen que permite a los científicos reconstruir el tipo de vegetación que existió en diferentes regiones a lo largo de las últimas dos décadas.
A medida que el permafrost se descongelaba, se incrementaban las emisiones de CO2. A pesar de que durante el Holoceno las turberas y otros ecosistemas pudieron haber compensado estas emisiones, la situación actual es profundamente preocupante. Desde la Revolución Industrial, la actividad humana ha alterado drásticamente el ciclo del carbono, aumentando la concentración de CO2 de 280 ppm a 420 ppm, niveles que no se habían visto en cientos de miles de años.
Con el calentamiento global en curso y el deshielo del permafrost acelerándose, la capacidad de la Tierra para almacenar carbono está en peligro. Lindgren señala que «en el futuro, tendremos menos tierras debido al aumento del nivel del mar, y es difícil prever dónde almacenaremos el carbono que se liberará». Este desafío representa una advertencia seria sobre las consecuencias del cambio climático y la necesidad de actuar de manera urgente y coordinada a nivel internacional.
