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El impacto del clima extremo: quién migra y quién se queda atrás

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septiembre 05, 2025

Un reciente estudio publicado en la revista Nature Communications ha puesto de manifiesto cómo las olas de calor extremo, las sequías y otros desastres climáticos afectan las decisiones migratorias de diferentes grupos demográficos. La investigación, liderada por Hélène Benveniste de la Stanford Doerr School of Sustainability, revela que la edad y el nivel educativo son determinantes clave en el comportamiento migratorio ante eventos climáticos adversos.

El análisis realizado por Benveniste y sus coautores, Peter Huybers de la Universidad de Harvard y Jonathan Proctor de la Universidad de Columbia Británica, abarca más de 125,000 casos de migración internacional y más de 480,000 movimientos internos en 71 países. Los investigadores clasificaron cada migración según la edad, el nivel educativo, el sexo, la ubicación de origen y el destino, generando un total de 32 grupos demográficos distintos. Esta información fue cruzada con registros diarios de temperatura y humedad del suelo, factores que están íntimamente relacionados con la seguridad alimentaria y el bienestar de las personas.

El impacto de las características demográficas

Los resultados del estudio sugieren que las condiciones climáticas extremas no solo provocan desplazamientos, sino que también limitan las posibilidades de migración para aquellos con menos recursos. Por ejemplo, tras periodos de alta temperatura, los niños menores de 15 años presentan una menor probabilidad de migrar a otro país, mientras que los adultos con escasa educación son más propensos a trasladarse, especialmente aquellos mayores de 45 años. Por otro lado, la migración de adultos con estudios superiores apenas se ve afectada por las condiciones climáticas.

Este fenómeno ha sido denominado por los autores como una «doble penalización», en la que los individuos más vulnerables, que ya carecen de recursos para adaptarse a las adversidades climáticas, también ven mermadas sus posibilidades de emigrar en busca de mejores condiciones de vida. Según el estudio, aunque los fenómenos meteorológicos influyen en la migración, esta solo representa menos del 1% de los cambios históricos en el movimiento migratorio internacional, lo que indica que las decisiones migratorias están impulsadas por una variedad de factores, entre ellos, la política, la economía y la situación de conflicto.

Además, se observa que las condiciones climáticas de base tienen un papel más significativo en los desplazamientos internos. Los adultos con mayor nivel educativo que residen en zonas tropicales son más propensos a reubicarse dentro de su país ante un aumento de temperatura. La investigación identifica que un solo día con temperaturas por encima de los 39 grados Celsius puede relacionarse con un aumento del 0.5% en las tasas de migración interna entre este grupo demográfico, mientras que los menos educados no muestran cambios significativos en su comportamiento migratorio.

Los autores del estudio advierten que, proyectando un escenario en el que la temperatura media de la Tierra supere los 2.1 grados Celsius por encima de los niveles preindustriales, se estima que las tasas de migración podrían aumentar en un 25% entre los adultos mayores y menos educados, mientras que entre los más jóvenes y menos educados podrían disminuir hasta un 33%. Estos cambios demográficos son mucho más significativos que las variaciones del 1-5% que se observan al analizar promedios poblacionales.

En este contexto, es crucial que los responsables de políticas públicas tengan en cuenta estos hallazgos para abordar adecuadamente las necesidades de los diferentes grupos demográficos frente a la crisis climática. Es fundamental no solo atender a quienes se ven impulsados a migrar, sino también a aquellos que, debido a su situación, se ven obligados a permanecer en lugares vulnerables.

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