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El auge del «deinfluencing»: cómo las redes sociales están redefiniendo el consumo en tiempos de crisis

In Sin categoría
septiembre 17, 2025

La industria de los influencers, valorada en más de 250.000 millones de dólares, se ha convertido en un pilar fundamental de la economía digital. Sin embargo, en un contexto de creciente incertidumbre económica, la relación entre la cultura del influencer y las prácticas de consumo está experimentando una transformación significativa.

Los populares vídeos de «haul», donde los influencers muestran y comentan una colección reciente de compras, y los «unboxings», en los que los creadores de contenido abren, exhiben y reseñan nuevos productos, han promovido durante años un flujo interminable de bienes de consumo accesibles con un simple clic. Sin embargo, ante la preocupación por su futuro financiero, muchos influencers han comenzado a incitar a sus seguidores a ahorrar, desalentando la compra de artículos de moda y productos de lujo innecesarios.

La emergencia de la cultura del «deinfluencing»

Durante el último año, las redes sociales han visto cómo se han declarado casi todo tipo de productos como «indicadores de recesión». Un ejemplo notable es el viral TikTok de la influencer Kate O’Brien, en el que enseñaba a aprovechar al máximo un producto de belleza, enfatizando la importancia de no desperdiciar. Este cambio en la narrativa del consumo refleja un contexto de crisis económica, donde los aranceles estadounidenses están afectando la economía global y el desempleo juvenil está en aumento.

La «deinfluencia» se ha popularizado como un movimiento en TikTok que invita a los usuarios a optar por productos más económicos en lugar de alternativas más caras. Este fenómeno se ha originado principalmente en la comunidad de belleza, pero ha ido ampliándose a otras áreas como la moda y las compras de temporada. En un momento en que la crisis del costo de vida domina los titulares, el contenido de lujo se presenta como un contraste difícil de ignorar para quienes luchan por cubrir sus necesidades básicas.

La búsqueda de autenticidad también ha sido un motor para el crecimiento del «deinfluencing». El escándalo de «Mascaragate», que involucró a la influencer Mikayla Nogueira al promocionar una máscara de pestañas mientras llevaba pestañas postizas, puso en evidencia la falta de ética en la promoción de productos. Esto ha llevado a una revalorización del papel del consumidor, donde los influencers deben ahora equilibrar la promoción de productos con una mayor responsabilidad social.

A pesar de las críticas que sugieren que el «deinfluencing» es una forma superficial de fomentar el consumo, este movimiento está redefiniendo la manera en que los usuarios de redes sociales piensan sobre sus compras. El objetivo no es necesariamente frenar el consumo, sino hacerlo de una manera más consciente y eficiente, adaptándose a un entorno económico complicado.

A medida que la economía se enfrenta a desafíos, es probable que los influencers continúen creando contenido de «deinfluencia». Al igual que las «recessionistas» de hace dos décadas, estos creadores buscan instruir a sus seguidores sobre cómo gastar de manera más efectiva en un clima de incertidumbre económica, aunque esta responsabilidad no debería recaer únicamente en los consumidores individuales. La tendencia también plantea preguntas sobre cómo las instituciones y las políticas económicas deben abordar las crisis financieras, en lugar de dejar a los consumidores a la deriva en un mar de decisiones de compra.

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