Irán vive una de las crisis de protesta más severas de su historia reciente. Lo que comenzó el 28 de diciembre en Teherán como una movilización de comerciantes en respuesta a la crisis económica rápidamente se ha transformado en un movimiento nacional que desafía al régimen de la República Islámica. Estas manifestaciones, que ya han alcanzado a más de un centenar de ciudades, han dejado al menos 51 muertos, incluidos nueve menores, y han provocado una reacción cada vez más contundente por parte de las autoridades.
La magnitud de las protestas aumentó notablemente este jueves, con ciudades como Tabriz, Urmia y Ardabil uniéndose a las movilizaciones. En respuesta, el régimen tomó una medida drástica: interrumpió el acceso a internet global en todo el país, reduciendo la conectividad a solo el 1% de lo habitual. Desde entonces, Irán se encuentra prácticamente aislado del resto del mundo.
Motivos de la revuelta iraní
Las manifestaciones surgieron inicialmente por el deterioro de la situación económica, pero pronto adquirieron un carácter político. En las calles, se han escuchado consignas en contra del líder supremo, el ayatolá Alí Jameneí, y del sistema de poder en su conjunto. La respuesta de las fuerzas de seguridad ha sido feroz y, según la ONG Iran Human Rights (IHRNGO), el uso de la fuerza ha aumentado con el tiempo. Esta organización ha documentado más de 2.200 arrestos y advirtió que el número real de víctimas mortales podría ser aún mayor, ya que solo se incluyen en sus informes aquellos casos verificados por al menos dos fuentes independientes. Su director, Mahmood Amiry-Moghaddam, ha subrayado que “el riesgo de una violencia intensificada y de una matanza a gran escala es muy serio”, recordando la violenta represión de las protestas de noviembre de 2019.
El apagón total de internet, que ya supera las 24 horas, ha generado una gran alarma. La plataforma NetBlocks, especializada en la monitorización de la censura digital, ha denunciado que esta medida “viola los derechos y libertades fundamentales” y tiene como objetivo “ocultar la violencia del régimen”. Desde el jueves, el acceso a páginas web extranjeras y el uso de VPN, herramientas esenciales para eludir la censura y utilizar aplicaciones como WhatsApp o Telegram, se han vuelto imposibles. Este aislamiento digital aumenta el riesgo de una represión más letal, dificultando la difusión de imágenes y testimonios desde el interior de Irán.
En medio de este contexto, Reza Pahlaví, hijo del último sha de Irán, ha elevado su discurso desde el exilio. A través de varios mensajes en la red social X, instó a los iraníes a continuar las protestas a pesar del apagón y expresó su “orgullo” hacia quienes han salido a la calle en los últimos días. Pahlaví también se dirigió directamente al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, pidiéndole que esté “preparado para intervenir” y ayudar al pueblo iraní, al tiempo que denunciaba que el régimen está utilizando el bloqueo de comunicaciones para facilitar una represión “brutal”. Además, afirmó contar con un plan para establecer un gobierno nacional y democrático y advirtió que “el tiempo es esencial”, dado que las fuerzas de seguridad están disparando munición real contra los manifestantes.
Reacciones internacionales y presión europea
La represión en Irán ha suscitado una fuerte reacción internacional. El presidente de Francia, Emmanuel Macron, el canciller alemán, Friedrich Merz, y el primer ministro británico, Keir Starmer, han condenado “enérgicamente” el asesinato de manifestantes, exigiendo a Teherán moderación y respeto a los derechos fundamentales. En diversas capitales europeas, incluidas Madrid, se han llevado a cabo protestas en apoyo a los manifestantes. Mientras tanto, la tensión en las calles iraníes no cesa, con un número creciente de víctimas y un liderazgo cuestionado tanto interna como externamente, lo que sitúa a Irán en una fase crítica con un desenlace incierto.
