Donald Trump ha reafirmado en las últimas horas su firme control sobre el proceso político en Venezuela, descartando la celebración de elecciones en el país en el corto plazo. Durante una comparecencia ante la prensa estadounidense, el presidente subrayó que la prioridad actual es estabilizar la nación antes de considerar cualquier iniciativa electoral. “No se pueden celebrar elecciones ahora. Es imposible que la gente pueda votar”, afirmó, añadiendo que es necesario “arreglar Venezuela” antes de abrir un proceso democrático. Trump incluso rechazó la posibilidad de unos comicios en los próximos 30 días y confirmó que funcionarios de alto nivel, como el vicepresidente JD Vance y el secretario de Estado Marco Rubio, supervisarán la estrategia de Washington en Caracas.
El mandatario estadounidense dejó claro que su Administración dirige la hoja de ruta para el futuro de Venezuela tras la caída de Nicolás Maduro. “Yo estoy al mando”, declaró, lo que ha suscitado un intenso debate sobre el papel de Estados Unidos en la reestructuración institucional del país. A pesar de este enfoque autoritario, Trump intentó minimizar el tono bélico de sus declaraciones, insistiendo en que Estados Unidos no está en guerra con Venezuela, sino combatiendo a criminales y narcotraficantes que han contribuido a la crisis del país.
La intención de la Administración Trump es, según explicó el presidente, devolver la salud al país, reconstruir infraestructuras esenciales y garantizar un mínimo de estabilidad antes de que se realicen elecciones “reales y seguras”. Sin embargo, esta visión ha planteado dudas sobre los límites y la duración de la supervisión estadounidense en Venezuela, según analistas citados por medios como The New York Times y Associated Press. Por el momento, el mensaje desde la Casa Blanca es claro: no habrá elecciones en Venezuela hasta nuevo aviso, con Trump asumiendo el liderazgo y aplazando el debate sobre la democracia, convencido de que el control es un prerrequisito de la legitimidad.
