La creciente tensión entre Estados Unidos e Irán ha despertado el interés de los inversores, quienes se preguntan si la estrategia de «comprar en la caída» resultará eficaz en este contexto bélico. La célebre máxima de Wall Street «comprar cañones, vender trompetas» sugiere que los traders podrían apresurarse a adquirir acciones en respuesta a los titulares sobre la guerra, anticipando un posible rebote en los mercados. Sin embargo, el debate en esta ocasión se centra en si los precios del petróleo y del gas natural podrían alcanzar niveles tan altos que frenen el crecimiento económico, poniendo en riesgo la recuperación, según un análisis de Deutsche Bank.
Henry Allen, estratega basado en Londres, señaló a sus clientes que los eventos geopolíticos rara vez provocan una reacción sostenida en los mercados. No obstante, existen excepciones cuando estos acontecimientos afectan de manera directa a la macroeconomía, siendo el caso de Irán un ejemplo notable. Tras el ataque de Estados Unidos a Irán el pasado sábado, los precios del crudo se dispararon, generando una preocupación evidente sobre el suministro futuro, especialmente después de que Irán prometiera bloquear el estrecho de Ormuz, un pasaje vital por donde transita el 20% del petróleo y gas natural licuado del mundo.
A pesar de la reciente escalada de precios, Allen advierte que los precios actuales del crudo West Texas Intermediate aún se encuentran por debajo de su promedio para 2024, y los incrementos porcentuales son inferiores a los niveles de crisis observados durante la invasión rusa a Ucrania en 2022 o en las dos guerras del Golfo. Para que un incremento significativo en los precios del petróleo pueda traducirse en una caída superior al 15% del índice S&P 500, Allen identifica la necesidad de que al menos una de tres condiciones se cumpla: un aumento del precio del petróleo de al menos un 50% a 100% que se mantenga durante varios meses; que dicho aumento empuje a una economía ya enfriada hacia una recesión; o que los bancos centrales adopten una política agresiva en respuesta a los incrementos de costos. Hasta el momento, ninguna de estas condiciones parece estar en juego.
En este contexto, el S&P 500 experimentó un rebote dramático el lunes, cerrando ligeramente al alza, pero con la expansión del conflicto, el índice se desplomó hasta un 2.5% antes de recuperarse nuevamente. Algunos analistas de Wall Street consideran esta volatilidad reciente como una oportunidad de entrada para los inversores. Jonathan Krinsky, técnico jefe de mercados en BTIG, recordó la cita «cuando vuelan los misiles, es hora de comprar», sugiriendo que las fluctuaciones agudas provocadas por la geopolítica suelen ser efímeras y, más que una señal para vender, se presentan como una oportunidad táctica de compra en el nivel del índice.
