La escalada militar entre Israel e Irán continúa intensificándose. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha dado un paso más al ordenar un ataque directo al mayor centro petroquímico de Irán, ubicado en Asaluyé, una zona estratégica cercana al importante yacimiento de gas de South Pars, que ya había sido objeto de un ataque israelí el pasado 18 de marzo. Israel Katz, ministro de Defensa de Israel, confirmó la operación a través de un videomensaje, asegurando que la instalación había quedado «fuera de servicio». Este centro es responsable de procesar aproximadamente el 50% de los productos petroquímicos del país persa, lo que convierte a este ataque en un golpe significativo para la economía iraní.
No obstante, este no ha sido el único objetivo del ejército israelí, que también ha atacado otra planta cercana, elevando al 85% el porcentaje de instalaciones petroquímicas iraníes destruidas. Desde el gobierno israelí se ha calificado estos ataques como causantes de «miles de millones de dólares» en pérdidas para Teherán. Por su parte, Irán ha denunciado una ofensiva coordinada entre Israel y Estados Unidos, afirmando que las plantas de Jam y Damavand han sido alcanzadas en los ataques recientes.
Este contexto se desarrolla en un momento crítico, ya que Teherán enfrenta una creciente presión por parte de Estados Unidos y las condiciones impuestas por Donald Trump para resolver el conflicto y reabrir el estrecho de Ormuz. A pesar de ello, Irán ha rechazado estos ultimátums, considerándolos «incompatibles» con cualquier posibilidad de negociación. Con la intensificación de los ataques y las conversaciones sobre un alto el fuego cada vez más distantes, el futuro de este conflicto parece seguir un camino prolongado y complicado.
