Resulta tremendamente sorprendente la forma en que la derecha suele darle la vuelta a todo aquello que suponga una acción judicial contra cualquiera de sus componentes.
Retrocediendo a través de la memoria nos encontramos con el célebre “caso Naseiro” en el cual estaban involucrados el entonces tesorero del PP, Rosendo Naseiro y Eduardo Zaplana. El juez que instruyó el caso se apellidaba Manglano. Pues bien, lo que en un principió se conoció como el “caso Naseiro” acabó siendo el “caso Manglano”. Naseiro y Zaplana salieron de rositas de aquel difícil trance a pesar de que todo apuntaba a que ambos habían cometido acciones irregulares. Así lo manifestaban las cintas que el juez que entendía en la causa ordenó destruir.
Ahora el juez Garzón, descubre una trama corrupta y más de 100 personas, unos militantes y cargos del PP y otra gente muy afín a este partido, son imputados en lo que se ha dado en llamar el “caso Gürtel”. La cosa, al igual que en el “caso Naseiro”, ha dado la vuelta y hoy es el juez Garzón el que está en el punto de mira de la Justicia por haber descubierto una serie de casos en cadena en los que se observa una clara agresión a la actitud honesta que deben observar tanto los políticos como los que no lo son en todo lo concerniente a la función pública y al manejo de los fondos públicos. Tal y como están las cosas no me extrañaría nada que el “caso Gürtel” se reconvirtiera en el “caso Garzón”. Se acusa al juez Garzón de haber cometido una acción irregular al grabar conversaciones entre los que están encarcelados por el “caso Gürtel” y sus abogados, más exactamente entre Correa y su abogado. En mi opinión ya fue suficiente con que Naseiro y Zaplana se libraran por lo de las grabaciones para que ahora ocurra lo mismo. En este caso, en el “caso Gürtel”, creo que ningún juez debe actuar a la ligera y ordenar la destrucción de las cintas grabadas, creo que lo más sensato sería dar cuenta a la opinión pública del contenido de dichas cintas y que sea esta la que dictamine si se deben destruir o no y si se deben utilizar en el juicio. Y que nadie me venga argumentando aspectos legales que imposibilitan su uso. Si las cintas demuestran y confirman que el juez Garzón ha actuado desde el principio en base a aspectos que son más que indicios o presunciones su contenido debe ser tenido en cuenta. Las palabras son las que valen. Lo hablado entre Correa y su abogado es lo que vale al margen de aspectos legales. El ejemplo es muy simple: ¿Si por unas escuchas telefónicas obtenidas irregularmente, se puede saber que se va a atentar contra la vida de cualquier persona, se debe actuar y detener de inmediato a aquel que tiene esa intención de matar, o por el contrario hay que dejar que las cosas sigan su curso? Por tanto aquí no vale otra cosa que no sea la realidad y la realidad es lo que se pone de manifiesto a través de la palabra.
Yo creo que al igual que en el “caso Naseiro” hubo reconversión, lo mismo sucederá con el “caso Gürtel”. Tiene mucho poder la derecha. Lo lamentable es que lo utilice para tapar o emborronar episodios poco edificantes.
Con el fin de que quede exenta de toda polémica la próxima visita del Papa a España, concretamente a Santiago y a Barcelona, y con el fin de dar la máxima trasparencia a todo lo que pueda estar relacionado con el costo de la visita del jefe del Vaticano, y principalmente a los gastos que se puedan ocasionar y con el fin de que no suceda lo que en Valenciana en la visita papal que tuvo lugar hace ya casi cuatro años y aún no se ha podido saber lo que costó esta visita, según los datos que se han podido recabar iba por los doce millones de euros, y dado que no corren días de vino y rosas, yo me permito a sugerir a la comisión que se encarga de planificar la visita de Benedicto XVI, la conveniencia de adoptar determinadas actuaciones tendentes a que la visita del Papa no sea gravosa para los españoles.
Para llevar a cabo lo anteriormente dicho, yo sugiero que se confeccionen camisetas con los colores de la bandera del Vaticano, amarilla y blanca, portando el escudo de este Estado en la parte delantera y en el dorsal el nombre del Papa con el número 16 debajo, yo pienso que se podrían vender, si es verdad que hay tanto católico practicante en España, tantas camisetas como las que se venden con el nombre de Cristiano Ronaldo o Messi. Desde luego, y esto es muy importante, las camisetas deberán lucir el nombre de un espónsor que estoy seguro no va a faltar, siempre habrá por ahí alguna emisora de radio que se preste a ello. A todo esto yo añadiría la conveniencia de que para el desplazamiento desde Roma a España lo hiciera en un avión perteneciente a una compañía aérea de bajo costo y si ello no fuera posible en una compañía normal pero en clase turista. Esto también podría ahorrar algún dinero. A esto yo le añadiría la venta de mecheros, bolígrafos, ceniceros, llaveros, gorras y toallas de baño y playa con la imagen del Papa, aunque esto último no se qué tal puede sentar, si bien o mal, ya que no veo muy respetuoso y un tanto irreverente el que la gente las utilice para secarse determinadas partes de su anatomía cuando en la toalla está impreso el rostro del Santo Padre.
En cualquier caso esta es una idea que lanzo yo por dos motivos: Para que la visita del PP no levante polémicas ni críticas dados los tiempos que corren y para que nadie pueda beneficiarse económicamente de la visita tal y como dicen que ha ocurrido en Valencia. De todos modos doctores tiene la Iglesia. Puede que alguien pueda tomar a broma lo que acabo de decir, admito que algo de cierto puede haber en ello, pero creo que no estamos ni España ni los españoles para gastos que, como en Valencia, puedan ser considerados más que excesivos y nada oportunos.
En su último artículo de opinión en El Plural, Carlos Carnicero aparece como intentando dejar un mensaje que nos vacune contra la desesperanza. Sus palabras me recuerdan las de ese enfermo a quien el médico le acaba de decir que le queda poco tiempo. Así, el serio análisis que efectúa en su trabajo “De la autonomía, la independencia de Pensamiento y la dignidad política”, lo hago mío de principio a fin, de arriba abajo y de izquierda a derecha. “Hemos perdido mucha de nuestra capacidad de independencia –dice—porque la política exige continuamente un alineamiento defensivo. Fuera del paraguas de los dos grandes partidos existe una tierra de nadie, que es un campo de minas, en vez de ser un territorio de reflexión.”, etcétera. Esa reflexión, si ha de ser sincera, debe de estar exenta en todo momento de posicionamientos personales a cualquier precio. Los políticos ya deberían saben defenderse solos a estas alturas de la Democracia sin necesidad de tener que sacar a la calle, o a los micrófonos, un día sí y otro también, batallones de corifeos dóciles, adoctrinados e impasibles al ademán. Por encima del arbotante a la ceja o del apoyo al dedo extendido, el español debe asumir su papel de ciudadano por encima de todas las cosas. Los alineamientos ofensivos, o defensivos, serán necesarios dejarlos sólo para la beligerancia de las viñetas del abuelo Cebolleta. Es tiempo de reflexión. Pero, también, de salir de este preocupante letargo de silencio mudo generalizado. Si nuestra misión sólo consiste en poder votar cada cuatro años, apaga y vámonos.
La tan comentada, criticada y repudiada propuesta de la CEOE, después se ha dicho que fue expuesta a modo de ejemplo, menos mal que no han dicho que ha sido una broma, por lo visto se han dado cuenta de que la cosa no está para hacerse el gracioso, pero a lo que voy, la oferta laboral del máximo órgano representativo de los empresarios, consistente en crear una modalidad de contrato para los jóvenes, como una medida más para salir de la crisis, que como es sabido consiste en no tener indemnización por despido, sin cotización a la Seguridad Social, sin derecho a paro y dotado con un sueldo que “en el mejor de los casos” iguale el salario mínimo interprofesional (663,3 euros al mes) en mi opinión ha quedado un tanto coja, echo en falta el plato de comida y un jergón de paja para dormir en el puesto de trabajo, esto último en el caso de que no se ponga el “ejemplo” de que se alargue la jornada laboral y no quede tiempo para dormir. Desde la cúpula de la patronal y por medio de su máximo representante, Díaz Ferrán, un ejemplo de eficaz empresario donde los haya, ha dicho que ha habido una mala interpretación y puede que tenga razón, sabido es aquello que dice que “no hay palabra mal dicha si no es mal entendida” y puede que no se haya entendido bien el “ejemplo” de la patronal.
Si analizamos la propuesta con frialdad, mesura y sensatez, nos daremos cuenta de que este “ejemplo” puede acabar de raíz con la llegada de inmigrantes ilegales, ya sea en pateras o en cualquier otro medio de transporte y me explico: Cuando los inmigrantes vean que en España se considera laboralmente a los jóvenes españoles como gente “sin papeles” en su propio país y se les hacen contratos de tal naturaleza como los ofrecidos como “ejemplo” por la CEOE, les va a dar mucho que pensar en lo referente a cuál va a ser el tratamiento laboral que les van a dar a ellos, sin duda alguna inferior a los que se proponen para los nativos, seguro que pensarán que a ellos se les va poco menos que a esclavizar, con lo cual su entusiasmo por venir a España para salir de la pobreza se les va a caer por los suelos y seguro que desistirán de ello.
Mira por donde, y sin pretenderlo, la patronal ha apuntada una buena solución para acabar con la llegada de inmigrantes ilegales a nuestro país. Por cierto, la portavoz del PP, Soraya Sáenz de Santamaría, no quiso dar su opinión sobre esta propuesta, perdón, “ejemplo”, de los empresarios y es que estos y el PP siempre van cogidos de la mano.
I
Motiva las presentes líneas el glosar unas declaraciones de neta vitola fascio-militaroide —en diario “Levante” de Valencia y día de San Valentín— de un coronel por nombre Ángel Adán. Declaraciones que causan tristura, tanto como convocatoria a hacer frente al in crescendo de una derechona tardo o retro-franquista que intenta reverdecer, por narices o por miedo. Glosa que un servidor compone, antes que como profesor de Derecho Constitucional dos décadas o militronche en activo seis lustros (hasta rango de “jefe”), en cuanto delegado en Valencia de la Asociación Pro Derechos Humanos de España y, si me permite el lector abusar, en tanto presidente federal de Unidad Cívica por la República.
Temo que esas declaraciones de Adán guardan relación —dentro de dicho lozaneo o sacar-pecho fascistoide— con “casos” como el de Garzón, a quien quieren linchar vistiendo la política con ropajes jurídicos; pero esto queda para hablar largo en otro artículo. Digamos sólo que hasta el vicepresidente emérito del Tribunal Constitucional, y catedrático de Derecho Penal, don Tomás Vives (a quien no sitúo en la derechona tardofranquista, aunque en este asunto sea su compañero de viaje) participa en el acoso y derribo de don Baltasar con un inteligentísimo artículo en el mismo periódico valentino (el pasado 27 de febrerillo el loco), en el que tira la piedra y esconde la mano, arremetiendo contra los “medios de comunicación defensores” del juez de la Audiencia Nacional. Que lo hacen —Vives dice— “sin argumentos” y “eludiendo la verdadera justicia”. Hasta se burla un poquito de Saramago (le tilda de “profeta”), y de Amnistía Internacional por escandalizarse de que Garzón pueda acabar en el banquillo. Asegura, en fin, Vives que “los defensores de Garzón no respetan los principios básicos del Estado de Derecho”, sino que sus “planteamientos” son “interesados, irresponsables o irreflexivos, buscando presionar ilegítimamente al Tribunal Supremo”.
Me doy por aludido (como modesto “defensor” garzoniano) por la insolencia o cinismo de Vives, que hace un discurso purísimo, cual en campana de cristal, sobre la administración de justicia; en perjuicio de lo que implica Justicia con mayúsculas, el primer gran valor o referencia de la Constitución, línea primera de su Preámbulo. Por otro lado, sostener que fue ilegal lo que instruyó Garzón es pasarse por do no digan dueñas todo el ius cogens imperativo en materia de terrorismo de Estado y delitos de lesa humanidad desde el Tribunal y Juicio de Nürnberg. Y es hacerse el sueco con la obligación, asumida voluntariamente por el Reino de España en Tratados Internacionales, respecto a tales delitos, a saber: que NO PRESCRIBEN NUNCA.
Todo ello salvo que el Sr. Vives crea que el “desaparecer” y asesinar sistemáticamente a decenas o centenar de miles de españoles durante los años en que la feroz dictadura de Franco creía que iba Hitler a ganar la guerra no constituyó “delitos contra la humanidad”. Dígalo si se atreve. Y repase, por favor, el Art. 10.2 de la Constitución Española, el 29 del Estatuto de Roma del Tribunal Penal Internacional y el 27 de la Convención de Viena sobre “Derecho de los Tratados”. Así como el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, y el concluyente pronunciamiento del Comité de Derechos Humanos de la ONU, el 31/10/08, sobre la barbaridad jurídica de que la Ley de Amnistía de 15/10/77 permanezca “in force” (en vigor). También me gustaría preguntarle si cree que los magistrados de la Audiencia Nacional Clara Bayarri, Ramón Sáez y José Ricardo de Prada —que votaron que Garzón sí era competente para la investigación penal sobre las fosas de la vergüenza y la indignidad de nuestra democracia— prevaricaron o son, los tres, unos ignorantes en Derecho. II
Quedan, igual, pendientes para otro artículo monográfico algunos aquilatamientos sobre el “reconocimiento” a la UMD y cómo el Gobierno —al que uno aplaude por su osadía democrática al dar la cruz al mérito castrense al ocho o nueve por ciento de los “úmedos”, lo que ha hecho rabiar a montonazo de mílites tan poco partidarios de la democracia como aquel cura del pecado— no osa (¿aún?, ¿espera a que se mueran?) hacer general honorífico a algún “úmedo” de gran prestigio profesional y de “estado mayor” de los que fueron persecutoriamente postergados. Por ejemplo, Monge Ugarte o Díez Gimbernat. Nuestra automitificada democracia, elaborada en demasiada parte bajo coacción-intimidación del franquismo (por lo que, supone uno, mantiene treinta y pico años enterrados sin nombre por zanjas y barrancos a más de cien mil españoles torturados y asesinados en crímenes de lesa humanidad) no da más de sí. Creo que alguna vez —cuando seamos Europa occidental no sólo parcialmente— algunos “úmedos” serán generales honoríficos póstumos. Y los combatientes antifascistas o maquis serán reconocidos como en toda Europa, este y oeste, menos en España. Único país del Continente con la más absoluta impunidad del fascismo.
III
Estamos desolados, sí, por el in crescendo de una derechona (no hablamos de todos los conservadores) que suena simplemente a fascistoide o tardofranquista. Y vamos ya al asunto que motiva de inicio el presente artículo, veamos algunas de las perlas del coronel de marras en Levante, equivalentes a un tratadillo resumido y contundente de militarismo antidemocrático. Empiezan por la II República, “la cual se instauró por la fuerza de un golpe” (así aprueba y comparte, parece, la traición y rebelión del 18/7/36). Añade: “la República no tuvo una llegada democrática y feliz” (¡infeliz historiador don Ángel!, se diría cree que la misma llegó a tiros. A tiros llegó la monarquía borbónica con Felipe V, Alfonso XII, Juan Carlos I...). Remata con ignorancia supina: “La República no fue aceptada realmente por nadie”; y además, “insisto, no fue democrática”.
Tira también don Ángel a justificar el terrorismo de Estado y crímenes de lesa humanidad de los feroces fusilamientos y “desapariciones” franquistas, en especial durante el tiempo en que el césar-marroquí-bajo-palio y sus secuaces o esbirros estaban convencidos de que el fascismo ganaría la Guerra Mundial. Vean cómo justifica Adán esta mansalva de asesinatos: “porque muchos de los fusilados, por no decir su inmensa mayoría, tenían las manos manchadas de sangre”.
También explica el coronel, con parecida solvencia intelectual, lo felices que éramos durante la dictadura militar-católica-fascista-bonapartista de Franco: “a partir de finales de los años 50, muy pocos, por no decir ninguno, pueden quejarse de nada”. Y en cuanto al sistema autonómico: “La mayor parte de los militares vimos el Título VIII de la Constitución con profunda decepción (…) veíamos las autonomías como un peligro. El cual ahora se ha puesto claramente de manifiesto”.
Respecto al 23-F: “jamás se sabrá lo que ocurrió”. ¿Es lo que Adán querría? A lo mejor, cree que los celtíberos somos tontos y no sabemos sacar conclusiones y deducciones. Lo que más parece doler a don Ángel del 23-F no es la evidencia del terrible atraso democrático de España respecto a Europa occidental, USA, Canadá, etc, etc, no es lo grotesco de esa “tricornada” decimonónica a tiros y “se-sienten-coños”; no es lo indigno de tal contubernio entre ridículo y trágico, incluyendo el subsiguiente Consejo de Guerra amañado, manipulado desde La Zarzuela, La Moncloa, etcétera, con los cargos políticos dando instrucciones políticas a jueces y fiscales; en lo cual destacó don Alberto Oliart (y con esas, digámosles, “órdenes de prevaricar”, y con meter a España en la OTAN, se diría que acuñó méritos para ser director de RTVE a los 82 años casi. ¡Querido y esperpéntico país!).
No, sino lo que duele en lo hondo a don Ángel es que el 23-F sirvió de “excusa para constreñir al Ejército a una función técnica”. ¡Ah, qué hermosa confesión y ansia de militarismo decimonónico, de “poder militar”! Remacha el coronel con desolación: a partir o a raíz del 23-F, “se ningunea al Ejército en beneficio del poder civil del Ministerio de Defensa”. ¡Bonita idea tiene don Ángel de lo que es un Gobierno democrático! Debería documentarse sobre lo que ocurre en Alemania, Francia, Holanda, Suecia, Estados Unidos, Australia...
Tocando a la Memoria Histórica, dice Adán, “la denominación de la Ley de la Memoria la hace dudosa y sesgada”. Es, por ende, “una ley innecesaria, sectaria, que SÓLO SIRVE —mayúsculas, mías— para revivir unos dolorosísimos hechos”. Y “la retirada de símbolos del Ejército —del Ejército de media España, se le olvida, el que hizo morir, como dijera don Antonio Machado, a la otra media— es, para Adán, “una ofensa gratuita, grave e inexplicable, uno más de los numerosos agravios recibidos” por los militares de parte de la Democracia. Ya ven, según Adán hay que mantener el exhibicionismo y exaltación de “la victoria” y la guerra civil, de la traición a los juramentos y el apuñalamiento del legal y legítimo Gobierno de la República.
Hay más perlas de pitiminí en las declaraciones del coronel Adán, pero temo aburrirles. No ya su sobado odio eterno (nuevo anibalillo versus Roma) a las “hordas marxistas”, o su nesciente, en materia bélica, definición de Franco como “el general de más prestigio en el Ejército español del siglo XX” (¡el más homicida, hombre!, ¿sabrá el brillante historiador Adán quién fue el general valenciano Vicente Rojo Lluch?). Y suelta auténticas boutades estrafalarias, como la petición de “un servicio militar quizá de dos meses (obligatorio, si no entiendo mal), que sería muy provechosos para la nación”.
¡Habla tanto a humo de pajas don Ángel, sin documentarse ni siquiera en temas y leyes castrenses! Verbigracia: “los militares hemos jurado derramar la última gota de nuestra sangre en defensa de LA UNIDAD de España”, lo cual esgrime contra el Estado autonómico. Pues no se entera: él no juró tal, cuando lo hizo en 1.958, porque entonces la fórmula de jurar bandera no contemplaba tal referencia “unitaria”, que fue añadida al juramento por Ley 79/1980, de 24 de diciembre (cuando se echaba encima el golpazo militar; como una de las formillas de intentar pararlo, sustituyéndolo por el “golpe blando” de Armada con las más altas complicidades), y sólo permaneció en vigor dieciocho años y pico, hasta la Ley 17/1999, de 18 de mayo.
Me pregunto, en fin, si Adán me haría fusilar si le digo que la articulación política de España es un tema pendiente desde el Conde de Olivares y Duque de Sanlúcar la Mayor; que la II República lo iba a resolver (Estatutos catalán y vasco del 32 y el 36, y los que seguían); que Franco metió la historia entre paréntesis y a su muerte todo estaba igual pero mucho peor, lo que le hace “último” responsable de la existencia de ETA; y que la salida, a medio plazo, será el Estado Federal, en la estela confederal de los “reyes católicos” y la federal avant la lettre de la Casa de Austria. El modelo jacobino-centralista galo aquí no sirve, y menos tras las salvajadas de la dictadura franquiana.


