5 de julio de 2008
Estimados amigos y amigas,
La Selección Española de fútbol se ha proclamado con brillantez campeona de la Copa de Europa. Han transcurrido 44 años desde que nuestro país ganara la Copa con el famoso gol de Marcelino. Nuestro equipo ha asombrado a Europa y al mundo por su dominio del balón, el control del centro del campo, y la estrategia de conjunto por encima de las apuestas individuales.
La juventud del equipo seleccionado por Luis Aragonés, la capacidad técnica en el toque, y la idea central de poseer el balón el mayor tiempo posible para evitar que el equipo contrario cuente con tiempo y aumente así las opciones de hacerle gol a España, han sido los secretos que han catapultado a la selección al primer puesto del ranking mundial.
En torno al papel de España en la Eurocopa se han venido manifestando algunos fenómenos colaterales, como:
Un exceso de patriotismo con proliferación de banderas, algunas con la gallina preconstitucional, y muy pocas de las autonomías, aunque hay que agradecer a Sergio Ramos el que portase la bandera andaluza. Todas las banderas autonómicas son de España, de la España más plural y moderna, que se llena de orgullo con Xavi Hernández, un jugador catalán nombrado el mejor del torneo.
El contrapunto ante el mar de banderas oficiales ha estado en el calificativo de “la roja” puesto a nuestra selección o “la plaza roja” al lugar de encuentro de los aficionados en Madrid. La presencia de la denominación roja ha agriado un poco a los patriotas de las banderas y ha funcionado como contrapeso.
La empachera presencia de la Casa Real en las televisiones públicas y privadas. Se nota que tienen poco trabajo, y se aplican las 65 horas en su ocio permanente. Las televisiones y los medios de comunicación deberían tener en cuenta que en la información, como en el juego de las siete y media, tan malo es pasarse como no llegar.
En estos acontecimientos y celebraciones deportivas hay, como dijera el torero, gente pa tó, pero de lo que ha salido del baúl de los recuerdos, de la España en blanco y negro, de la época de la migración, del destape y de los primeros turistas ha sido el “Viva España” de Manolo Escobar.
El gobierno tiene como proyecto, como resumen de una apuesta colectiva del conjunto del país, la modernidad. Algunos nunca supimos dónde estaba esa idea sin contenido social ni alternativo ni ético ni político, que queda reducida a apuntalar el sistema.
Ahora sabemos dónde está la modernidad para España. Resulta que está donde está el carro de Manolo Escobar junto al “Viva España”. ¿Es o no es triste en el marco de la inmensa alegría del triunfo?
Antonio Romero Ruiz
Secretario político del PCA de Málaga.
Coordinador de la Red de municipios por la III República.
Ex parlamentario andaluz de IULV-CA por Málaga.

