Paterr
14.03.09

Aún seguimos en pie

23/03/2008

Cada vez hay más personas que, como tú, descubren que no están solos en este duro camino, y se organizan para alcanzar juntos un ideal común de sociedad libre de desigualdades y de injusticias. No debemos otorgar a nadie el privilegio de hacernos sentir atados de pies y manos ante la posibilidad de cambiar las cosas.

Todos tenemos una idea, por muy descabellada que nos parezca, sobre cómo queremos que sea la sociedad y sobre las cosas que cambiaríamos para que nuestra vida, y la de nuestros allegados, esté más libre de obstáculos y contratiempos. En pocas palabras, todos tenemos nuestras propias ideas que nos acercan, de un modo u otro, al ideal de felicidad que deseamos. Muchas de esas ideas de cambio surgen por reacción a la injusticia, al inmovilismo, a lo acomodaticio, a la exacerbación de los valores egoístas, a la desigualdad descarada e insultante enriquecimiento de quienes menos se lo trabajan. Otras tantas provendrán de nuestro entorno, de los amigos y compañeros, de los allegados y familiares, de la interacción de experiencias y expectativas.

Cuando tomamos conciencia de que es posible avanzar hacia nuestro ideal de felicidad, surge el compromiso. Y al poner en marcha nuestro compromiso debemos estar preparados para avanzar por un camino nada fácil y plagado de barreras. En más de una ocasión estaremos tentados por abandonarlo y acatar lo que nos venga de manera estoica y pasiva (abstine et sustine). Esto es lo que debemos evitar. No debemos otorgar a nadie el privilegio de hacernos sentir atados de pies y manos ante la posibilidad de cambiar las cosas. Elige tu utopía y deja que sea ésta quien te permita seguir caminando, como defiende Eduardo Galeano. Cada vez hay más personas que, como tú, descubren que no están solos en este duro camino, y se organizan para alcanzar juntos un ideal común de sociedad libre de desigualdades y de injusticias.

Siempre debe interpretarse como un síntoma positivo que la ciudadanía vuelva a movilizarse en torno a una serie de objetivos como la defensa de los Derechos Humanos y el irrenunciable compromiso revolucionario con la clase trabajadora y estudiantil. La proliferación de partidos, medios, asociaciones y asambleas que compartan estos fines es señal inequívoca de que algo está cambiando para bien: la abulia política ciudadana se está transformando en un compromiso personal del ciudadano con el ámbito en el que se siente más representado. Entender esto como división y no como suma es rechazar nuestra inmensa capacidad de seguir creciendo en la diversidad organizativa.

Esta suma nos hará más comprometidos en la constructiva labor del entendimiento entre semejantes, entre quienes compartimos el ideal de otro mundo posible. Quienes se obcecan en ver divisiones donde en realidad hay movilización ciudadana, quienes confunden “unidad” con “fusión”, tendrán la suerte de comprobar su error y de variar el rumbo a tiempo. Si no lo hacen, permanecerán marginados por propia voluntad, sin más creatividad que la de hablar de los demás sin dedicarse tiempo a ellos mismos. Y esta es la raíz amarga, sin frutos dulces, de la incoherencia en el seno de la izquierda. Su efecto más devastador es la confusión a la hora de encontrar al adversario político.

De vez en cuando algún compañero me sorprende con una frase genial que resume en pocas palabras el ánimo que debería contagiarnos en esos momentos de desesperanza que nos impulsa a abandonar el camino del compromiso. En esta ocasión me permito el honor de hacer nuestro uno de los lemas personales de Miguel Vélez: ADHUC STANTES. En traducción libre viene a decir “todavía luchamos” o “aún seguimos en pie”. El proceso revolucionario es imparable y todos seremos protagonistas en la construcción de un mundo más justo.

Ahora y siempre, es el momento de la unidad de acción.

Salud y República.