Harto de aguantar al que dice que todo lo domina. Harto de no entender lo que me piden. Harto de no parar de hablar y preguntar si hay alguien ahí, si queda alguien que escucha.

Me pongo la mano aquí, sobre estos folios dejados en esta mesa. Parece una reunión para dar cuentas de los resultados de tal o cual ejercicio económico. Pero no, son otras las cuentas que vienen a ajustar: las mías. Hace falta más de esto, y menos de lo otro, y de eso exactamente lo mismo, bueno, no lo mismo sino de otra manera. Ya se sabe: eficacia, productividad, el cliente siempre tiene razón, éxito, innovación, efectividad, acción.

Debo ser una bomba para esta empresa. Me quedo helado oyéndoles pedirme y pedirme. Sí, helado. Como el gato congelado bajo el canal. Con sus ojos de muerte bien fría, de cristal. Y la tele omnipresente diciéndome que están ahí, todas, deseando mi cuerpo. No para de mirarme la televisión. Y sin embargo nadie me ve, nadie me oye.

Pero no te preocupes. Tenemos un proyecto nuevo para ti. La empresa te sigue necesitando, sólo que ya no hace falta que te pases las madrugadas aquí, dando paseos por los pasillos, yendo a mear, comiéndote todos los sandwiches de la máquina expendedora y de vez en cuando tecleando algo en tu despacho. Te necesitamos para otras tareas aparentemente menos importantes pero igual de imprescindibles.

Hay que idear nuevas tácticas para seleccionar personal. Realizaremos una representación, o no, mejor algo de danza contemporánea, o no, mejor aún, una película de animales que hablan y actúan como personas. Pondremos jirafas y focas, y elefantes. A pesar de sus diferencias se pondrán de acuerdo, se sacrificarán un poco más para sacar la empresa adelante. Y todo por naturaleza, porque es así, porque es el sistema. No queremos que vengan a pedirnos los votos. Democracia... ¿Qué entienden los gobiernos? ¿Qué poder tienen? ¿Son ellos los que van a perder dinero si nuestra empresa quiebra?

Por eso hay que seducirles. Con animaciones que les hablen de la infancia, de parejas que son felices en mansiones de ensueño. Todo sin gatos congelados bajo el canal. Y lo prescindible ya ni aparecerá. Seguirá existiendo sólo lo estrictamente necesario para poder seguir creciendo. Podemos hacer más con menos esfuerzo, con menos gente. ¿Para qué mantener sus casas, sus familias, sus barrigas si todo se puede hacer con mucho menos?

Porque ellos hablan de cosas y nosotros de personas. Por eso, sobre la mesa llena de hielo, sobre el mundo, ya sólo se observan coches felices sin prisa que no buscan aparcamiento. Sí, sólo coches felices que compran rayos de sol.

Y a la puerta de mi casa un gato muerto, congelado, con la muerte cristalina en sus ojos.

Basilio Pozo-Durán

September 2010
Mon Tue Wed Thu Fri Sat Sun
 << <   > >>
    1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
13 14 15 16 17 18 19
20 21 22 23 24 25 26
27 28 29 30      

XML Feeds

    blogtool