Archivos para: Abril 2009

¿Quién quiere más guerra que la del ser humano consigo mismo? Yo. ¿Alguien se siente culpable de nada? Yo. Y mientras regresan cadáveres yo dirijo el carro de combate. Para no ser como esos imbéciles demócratas y su corta libertad para elegir amo.

Soy sincero como el ladrido de un perro. Soy sincero como el ladrido de un perro. Soy sincero como el ladrido de un perro. Soy sincero como el ladrido ¡de un perro!

¿Se acuerdan de los kurdos, los camboyanos, los etíopes, los peruanos...? ¿De todos esos muertos? ¿A que no? ¿Y de los judíos sí? Claro, por una sencilla razón: ellos lo escribieron. ¿Quién iba a pensar que después de todo lo que les hicieron se pondrían a escribir? Ellos son los primeros a los que voy a eliminar: a los escritores. Los arrojaré al mar desde aviones.

Pero mira, mira mi cuerpo, Catersby: deforme, cansado, enfermo. ¿No te pasa a ti que sientes la vida pegada a tus huesos, arrastrándose, a punto de romperse? ¿No? ¡Claro que no, imposible! Porque tú eres la muerte, ¿verdad? ¿Verdad, Catersby? ¿Catersby?

No hay culpa, en verdad ellos lo desean. Se mueren a propósito. Son pobres por vocación. Sí. Por tu culpa, hija de puta, todo por tu culpa. Y si no encuentras una, siempre podrás culpar a tus padres. Fueron ellos quienes te trajeron aquí. Con vivir ya tienes suficiente motivo para la culpa. Dicen que yo nací mordiendo el vientre de mi madre. Pero fue sin intención, sin voluntad, inconsciente. ¿Qué culpa tengo yo?

¿De que se sigan muriendo los mismos de siempre? Pero si son ellos los que no paran de reproducirse. Los echan por el culo al limo. Porque en verdad ellos lo desean. ¿Cómo debo enterrar a esta niña sin piernas? ¿La agarro así? ¿O mejor así? Sí, así es más romántico, más tierno, hasta inspira compasión. Pero no te engañes, Catersby, ellos lo quieren así. Ven una y saltan encima de ella. Saltan así. Saltan así. Sobre ella. Saltan sobre ella. Y saltan. Así. Así.

Luego les mandamos unas ortopédicas y al minuto se las quitan y ya están vendiéndolas. En verdad ellos lo desean. En verdad también lo deseo yo. Un pueblo. Siento amor por el pueblo. Y la democracia. Por el pueblo soberano. Pueblo soberano. Pueblo soberano. Amor al pueblo. Pueblo soberano.

Elecciones. Ideología. Pueblo. Por eso sólo os pido un partido. Un partido. Sólo os pido ¡un partido! Estoy obsesionado con la bondad.

- Texto a comentar:

"Alguien tuvo que calumniar a Josef K., ya que, sin haber hecho nada malo, una mañana lo detuvieron. Esta vez no vino la cocinera de la señora Grubach, su casera, que cada día le llevaba el desayuno alrededor de las ocho de la mañana. Nunca había sucedido antes. K. esperó aún un instante, desde su almohada vio a la anciana que vivía enfrente y que lo observaba con una curiosidad desacostumbrada en ella; entonces, desconcertado y hambriento, tocó el timbre. Inmediatamente llamaron a la puerta y entró un hombre al que jamás había visto en aquella casa. Era esbelto pero corpulento, llevaba un abrigo negro y ajustado, provisto de pliegues, bolsillos, hebillas, botones y un cinturón, como los abrigos de viaje, y parecía especialmente práctico, aunque no quedase claro para qué. "¿Quién es usted?", preguntó K. incorporándose a medias en la cama. El hombre obvió la cuestión como si fuera necesario aceptar su presencia y simplemente le preguntó: "¿Ha llamado?".

- Comentario de texto:

Primera hipótesis: "Alguien tuvo que calumniar a Josef K.". Enunciación del detenido como "Josef K", un nombre común pero un apellido llamativo y enigmático sólo enunciado por la inicial que lo primero a lo que nos recuerda es al apellido del autor ("Kafka") que también empieza por "K-".

La segunda idea es la de orden, rutina, que nos dibuja al detenido como una persona corriente y previsible: "cada día le llevaba el desayuno alrededor de las ocho de la mañana". Es enunciado el segundo personaje: "la cocinera de la señora Grubach" y por ende también "la señora Grubach", por lo que ya se nos han presentado en sólo las dos frases iniciales hasta tres personajes. O mejor cuatro si incluimos ese "alguien" del que se sospecha que calumnió al protagonista. Se nos ha dado más información del mismo: que vive de alquiler y que, o no se le da muy bien la cocina, o es un hombre muy ocupado para realizar esas tareas.

La tercera frase (considerando como frase lo escrito entre dos puntos ortográficos) es la primera de tipo lapidario que aparece: "Nunca había sucedido antes". Al no haber marca pronominal alguna que nos remita a un precedente concreto ya aparecido anteriormente, debemos entender que al suceso al que se refiere es al enunciado inmediatamente antes, esto es, que la cocinera faltó ese día al llevarle el desayuno. Entendemos que nunca antes había faltado a su deber diario de llevárselo en torno a las ocho.

Ahora es "la anciana que vivía enfrente" la que sirve para poner más sensación de extrañeza a la escena. No se nos dice cómo es la anciana ni si tenía algún tipo de relación, aunque sólo fuera de cordialidad, con ella. Sólo le interesa al autor decirnos que "lo observaba con una curiosidad desacostumbrada". Lo desacostumbrado del mirar de esta anciana está presente también en la cocinera que no llevó el desayuno y en esa detención inexplicable. Por fin aparecen los primeros adjetivos referidos al protagonista y son subjetivos: "desconcertado" y "hambriento". Y es por esta situación, por cómo se siente, por lo que toca el timbre, se supone que para llamar al servicio o alguna especie de recepción que hubiera en el edificio.

Exactamente nos encontramos en una casa, suponemos que de huéspedes. Después de la anciana que vivía enfrente es "un hombre al que jamás había visto en aquella casa" el que entra tras llamar a la puerta e introduce más suspense o intriga en el ambiente. A continuación se nos describe con más detalle el abrigo que lleva que el físico del hombre. La ropa toma ya importancia, pues puede dar información sobre de dónde viene o a dónde va, o a qué se dedica dicho sujeto. En nuestro caso sirve para sospechar que parece un abrigo de viaje.

Y de repente tenemos a Josef K. preguntándole desde la cama "¿Quién es usted?". Y poco después la respuesta desconcertante en forma de pregunta: "¿Ha llamado?". Por un lado, esta respuesta puede servir para restaurar la normalidad a la escena: Josef K. tocó el timbre y alguien ha acudido a su habitación en respuesta a su llamada. Sin embargo, también puede servir para añadir más extrañeza a la historia: Si Josef K. no ha visto antes a ese hombre en esa casa, y por otro lado el hombre ha acudido con toda normalidad a la habitación, puede ser que nuestro protagonista no esté en realidad donde cree estar.

El hecho de que este primer diálogo transcurra con Josef K. "incorporándose a medias en la cama" le da más confusión a la escena, con un Josef K. medio sentado - medio acostado; medio despierto - medio dormido. Con todo lo que conlleva esto: cuánto durmió la noche anterior y si puede recordar debidamente lo ocurrido el día anterior.

Basilio Pozo-Durán

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