El charnego Faneca - El amante bilingüe (Joan Marsé) (Basilio Pozo-Durán)

Lo que resta de nuestro amor imposible pide una copa más, otro disfraz y muchas tablas en esquinas y bocas de metro. Como cuando actuaba en la Torre. Nos vimos a las puertas de ese edificio para unir naciones: yo protestando, tú trabajando en eso de desenredar las lenguas.

¿Cómo entregarte estos cuadernos? Escric de tu, de los cuernos. Y las llamadas desde teléfonos públicos. Mi simulado interés por que me ayudaras a poner el rótulo correctamente escrito. Nunca supe si te atraía más yo o todo lo mío: altra llengua, altre origen; un amor més exòtic.

Antes de que el olvido brillara más que el sol sobre mi cabeza, decidí volver a verte. Te hablé de mi amigo, tu antiguo amante, como si no fuera yo sino mi antepasado, remoto como nuestras ganas de hacerlo.

Es la ventaja de habernos encontrado aquí: todo tiene su dobladillo escondido que escribe y habla en otra lengua. Ésos son los otros. Éstos, nosotros. Y también el amor tiene su doble de fracaso.

Hoy por la calle todavía me aplauden como esa primera vez que recité lo del poeta. Con mucho acento, no lo disimules, me decían. Y tuve que volver a salir a saludar. Cambiaría esos aplausos por sólo un beso tuyo. Dáselo a Fáneca. Dáselo a Marés. No sé.

Tengo frío y me duele el ojo del parche falso. Ahora veo por fin una realidad no desdoblada. Y se la cuento a esa chica ciega doblándole las películas que ponen en televisión. En quina lengua? En charnego, por descomptat.

Porque siempre queda piel debajo de la piel. Tú, detrás de todas las lenguas que ens fan parlar.

- "El amante bilingüe" (Joan Marsé, ed. RBA, Barcelona 1993), págs. 100-101:

"Acodado en la barra, Marés aguzó el oído. Según Ribas, Joan Marés se había hecho a sí mismo, había encarrilado su propia vida sin un céntimo en el bolsillo y sin relaciones provechosas. Y eso tenía mérito. El curioso episodio de su encuentro con Norma en un local de los Amigos de la Unesco, quince años atrás, durante una huelga de hambre contra el régimen, fue para él un regalo de la diosa Fortuna, un día de chamba, pero en el transcurso de su posterior relación con Norma, después del mutuo y fulminante enamoramiento, se ganó a pulso el acceso a Villa Valentí. Y no fue una empresa fácil -añadió Ribas-, teniendo en cuenta que Norma era hija única y que sus tíos la vigilaban bien. Ribas recordaba perfectamente al Marés de esa época, su madurez física, su autoridad sobre Norma: con su abundante pelo castaño peinado hacia atrás y sus ojos color miel un poco tristes, algo bajo de estatura pero guapo, su sonrisa cautivadora sugería cierta indigencia moral y tenía la piel de la cara salpicada de granos: siempre, incluso ya casado e instalado en Villa Valentí con Norma, arrastró el estigma de los desnutridos y los desposeídos."

Basilio Pozo-Durán

Febrero 2012
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