Asistimos estos días a numerosas movilizaciones. Debido a la delicada situación los trabajadores se echan a la calle a reivindicar una serie de medidas que nunca llegan.
Los sindicatos mayoritarios, lejos de ejercer el papel que de ellos se espera, mantienen un mediocre discurso carente de reivindicaciones sustanciales, limitándose a protestar por deslocalizaciones o despidos puntuales.
Algunos piensan que si la derecha estuviera en el gobierno ya hubiesen convocado una huelga general, algo que no han negado y que han dejado entrever en alguna ocasión.
La derecha los acusa de tener una doble vara de medir, y hay que reconocer que está en lo cierto en este caso.
En cierta ocasión han llegado a decir que convocar una huelga general únicamente beneficiaría a la derecha. Con esta afirmación se puede estar más o menos de acuerdo aunque tiene cierta lógica que cualquier agrupación de trabajadores deteste la idea de un gobierno de derechas, ya que el anterior periodo de gobierno de ésta fue una dura época de desmesurado crecimiento de la precariedad, descenso de salarios, privatizaciones y mermas de derechos de los trabajadores amparado en la creación de empleo.
Lo que cuesta comprender es por qué se conforman con la actual situación. No es ningún secreto que no ha habido ningún avance en las formas de producción ni en los derechos del trabajador, lo contrario, de hecho, en muchas ocasiones, con lo que cuesta mucho empatizar con las posturas de los sindicatos mayoritarios.
Parece que la deriva neoliberal de la socialdemocracia española los ha salpicado y apaciguando las reivindicaciones que los trabajadores esperan de sus representantes, aumentando así la desidia y el hastío popular, dado que la izquierda (real) está electoralmente muy mermada y no es considerada muchas veces por esta razón, aparte del secuestro y la tergiversación mediática en su contra.
Nos conduce todo esto a reflexionar sobre los acontecimientos que podrían darse si existiera una ley electoral justa, con la que para evitar tener gobiernos de derecha no haya que centrar el voto en una socialdemocracia venida a menos y en connivencia con la doctrina económica liberal-depredadora, y probablemente a pensar que si los sindicatos quisieran posicionarse donde se espera de ellos, probablemente la auténtica izquierda empezara a recuperar el terreno perdido.