Con esta impresionante frase Umberto Bossi, líder de la ultranacionalista Liga Norte y sostén del gobierno de Silvio Berlusconi, se quedo más ancho que otro poco. Esta miserable frase define la demagogia y mentira sobre la que se sustenta el nuevo fascismo italiano. Otra vez, las mentiras remetidas mil veces quieren convertirse en verdad.
En una Italia sumida en la crisis económica, en la corrupción, la mafia, el papado y los escándalos del proclamado Il Cavalieri. La inmigración son el mecanismo del miedo, al diferente, a lo desconocido, a la marginación,… vinculando a los y las inmigrantes con la delincuencia se alimentan dichos miedos. Recuerdo un reportaje en el que una viejita votante de Le Pen ante la pregunta sobre su miedo a los inmigrantes “ilegales” en su plácido pueblo sin inmigrantes, indica a la pantalla de TV. Los medios son el instrumento desde el que se explotan los miedos, los estigmas,…en los medios está la base del nuevo fascismo de Berlusconi.
La mentira repetida de Bossi, es aun más sangrante en un pueblo de emigrantes como el italiano. Más aun con el estigma que siempre ha acompañado a los italoamericanos. Entre todos los grupos delictivos y sus diferentes procedencias, la mafia italiana es parte de la historia y aún del presente, más allá de El Padrino. Ni los emigrantes italianos en EEUU eran asesinos ni los inmigrantes que ahora llegan a Italia lo son. Eso sí, unos y otros, fueron y son víctima de una mentira que busca estigmatizarlos para el beneficio de las elites dominantes y el temor del populacho.
Lo más incomprensible de todo es que esto esté pasando en una de las potencias mundiales, en un país de la Unión Europea. Que mientras en Alemania los símbolos y la apología nazi están prohibidos en Italia se fomenta, ya no solo ideológicamente sino en su desarrollo practico. Plasmado en esta ocasión en los grupos de “vigilancia” y la persecución a los y las inmigrantes. En la Europa de la vergüenza, de las “victimas” en las pateras, de la “valla” de Melilla, de los Centros “Internamientos” de Extranjeros, de la “explotación” de los campos de plástico de Almería, la exclusión en los “nuevos” guetos…. En una Europa donde Socialdemocracia y Derecha temen la inmigración mientras la fomentan como motor económico de sobre explotación. En esta Europa, Italia se erige como un nuevo Fascismo, su primera víctima es la inmigración y si no se evita pronto lo serán la justicia anticorrupción, la prensa independiente,… La Batalla por la libertad se libra en Italia, ya conocemos a las víctimas y a los verdugos, faltan en la escena quienes los liberen.
Más allá de los análisis sobre el caso Camps, lo que ha quedado al descubierto con el dictamen del TSJPV es la inconsistencia de nuestro sistema judicial y la corruptela campante que impregna los poderes del Estado y la actividad económica.
La separación de poderes surgió como garantía de las libertades, pero en la actualidad es un guiñapo en manos de los poderes reales, de la Banca, el Estado, los Medios,… La Justicia es una palabra vacía, que queda en entredicho cuando se aplica flexiblemente a los poderosos y se ejerce con mano férrea para el resto.
Se habla del amiguismo, del partidismo,… pero no se plantea la realidad de una carrera judicial totalmente impregnada por un lado de los resabios de su herencia franquista y renovada por otro con generaciones de pudientes empollones. Porque para ser juez en este país se necesita dinero para financiar carrera y oposición y una gran capacidad memorística que no analítica, para recitar de memoria.
Llama la atención en nuestro actual sistema judicial, la existencia como herencia del TOP, de una Audiencia Nacional donde se juzgan a terroristas, narcotraficantes y crímenes de lesa majestad (y hasta hace poco crímenes de lesa humanidad). Sin embargo no exista ningún órgano centralizado para la corrupción. O que mientras la Hacienda del Estado nos controla con potentes ordenadores la Justicia no cuente ni con bases de datos centralizadas.
Más aun en un país donde a la sombra e interés de planes urbanísticos, por poner un ejemplo, la corrupción se ha asentado como en pan nuestro de cada día en Ayuntamientos y Autonomías. Que más allá de casos puntuales y mediáticos, la dinámica habitual de la mordida urbanística en nuestro país, no llega ni a los medios ni a los juzgados. Corruptelas y sobornos conocidas por cualquier vecino o vecina pero tapadas por el sistema económico del pelotazo.
La Injusticia de nuestra Justicia, ha quedado al aire para nuestra vergüenza y la inconsistencia de nuestro sistema legal hace necesaria su reforma para dar servicio a una sociedad, que escándalo tras escándalo descubre la pantomima del Sistema.
Como última reflexión, de qué Justicia Española hablamos, cuando se presume de haber intentado juzgar a Pinochet y ni se plantea juzgar a Fraga por los Sucesos de Vitoria. Ejemplo al mundo, vergüenza diríamos.