Obama es el mejor producto de marketing la Historia, con excepción, quizás, de la Coca-Cola. El “Yes, we can” que le llevó a la presidencia de la potencia hegemónica mundial y que dio esperanza de un cambio real y necesario, ha llegado a su fin. Y el antes y después de su mandato no lo ha marcado su esperpéntico premio Nobel de la Paz o el mantenimiento del campo de concentración de Guantánamo, ni siquiera su intento de conseguir los juegos olímpicos para Chicago con un par de sonrisas.
El principio del fin ha sido hoy en Kabul, cuando un grupo de manifestantes contrarios a la ocupación de Afganistán, y no por ello talibanes, han quemado un muñeco en representación de Obama. Tras los más de sobrados 100 días de rigor, tras los muchos discursos y gestos, la realidad ha vuelto a convertir a Obama en lo que es. El responsable máximo, como jefe de la mayor potencia, responsable directo del mayor ejército y agencia de desinformación y espionaje del planeta. Obama es responsable por acción y omisión de cada víctima de los bombardeos en Afganistán y Pakistán, de cada hora en que la injusticia se mantiene de Honduras a Palestina. No es que defendamos que EEUU debe ser el garante de la paz universal y el gendarme mundial, pero sí de que debe responder por sus acciones e intereses.
El marketing electoral y la gran labor mediática consiguieron ilusionar a la humanidad. La imagen de cambio llenó de esperanza al mundo. La triste realidad de los intereses económicos y militares, de un sistema capitalista del que EEUU es su mayor garante y que condena a la pobreza a la mayor parte de la humanidad y pone con el riesgo climático la existencia misma del planeta, se ha impuesto marcando el principio del fin del producto Obama.
Con cierta chufla alguien planteó darle el Premio Nobel de la Paz a Bush, por haber hecho la mayor aportación a la paz para el siglo XXI: haber dejado las arcas y ejércitos de EEUU tan agotados y extenuados que tardarían años en poder volver a atacar masivamente nuevos objetivos. La broma, lamentablemente, se demuestra fallida cuando el cambio ha sido sustituido por el continuismo, justificándose por la realidades políticas internas de EEUU, manteniendo el sainete que es la política americana con el bipartidismo republicano y demócrata, tras el que se parapetan los intereses estratégicos de sus poderes económicos y militares.
Hoy Obama, como un coloso prefabricado, prendió en llamas. Mientras, en Jerusalén se disuelve nuevamente a los manifestantes, la muerte sigue en Irak, Pakistán, Afganistán, en Honduras Zelaya sigue asediado en la embajada…, y África, aún más esperanzada en el cambio, languidece de hambre, enfermedad y guerras. Si el marketing se negara su razón de ser y fuese sincero, el lema de Obama sería “Yes, we can… but we don´t want”.