Ante una catástrofe tan terrible como el terremoto de Haití la prioridad fundamental es la ayuda directa a las víctimas de la forma más rápida y directa. El rescate de las personas sepultadas, la asistencia médica, el agua, la alimentación,… Cada hora es crucial en una operación de esta magnitud y a pesar de la rápida reacción de la comunidad internacional y la movilización de las conciencias de todo el planeta, da la sensación de que la ayuda tarda en llegar más allá del aeropuerto y de determinadas zonas de Puerto Príncipe. Resulta chocante que muchas personas afectadas recorran los 50 kilómetros que les separan de la frontera cuando se supone que miles de toneladas se amontonan en el aeropuerto que está tan solo a 15 km.
También da la sensación de un aislamiento total de Haití, como si se tratase de una isla, cuando comparte más de 300 km de frontera con la República Dominicana. Es como si la ayuda solo pudiese llegar por avión y como si la frontera estuviese cerrada parcialmente, no se habla de la llegada barcos médicos de la US Navy, ni del traslado de maquinaria pesada desde país vecino.
La coordinación y organización de la ayuda ha de ser la dinámica que convierta la solidaridad en hechos sobre el terreno. La ayuda a Haití no es cuestión de días, es cuestión de años para reconstruir un país que ya era el más pobre de América y casi del Mundo. De los escombros y la muerte debe surgir un futuro en el que un terremoto, huracán o cualquier otro tipo de catástrofe no signifiquen decenas de miles de muertes. Los equipos de emergencia deberán ser relevados por equipos de reconstrucción y no queda claro cuál será el futuro papel de los 10.000 soldados norteamericanos. A EEUU y República Dominicana siempre les ha preocupado frenar la inmigración haitiana pero no solucionar los problemas económicos y sociales que les mantienen en la pobreza.
Haití necesita hoy nuestra solidaridad pero para su futuro necesita libertad. Haití fue el primer país donde los esclavos y esclavas consiguieron liberarse y eso nunca fue perdonado por la potencias del S. XIX. EEUU siempre ha tratado Haití como un patio trasero, llegando incluso a ocuparlo de 1915 a 1934 y dedicándose a mantener dictadores o derrocar presidentes democráticos. Hoy Haití es noticia y remueve conciencias, pero en semanas la devastación seguirá existiendo y deberá ser el punto de partida para pasar de la desolación a la reconstrucción social de un país, no sólo de un terremoto de sino de más de un siglo de abandono e injerencia.
"Al derrocarme, sólo se ha abatido el tronco del árbol de la libertad de los negros. Pero éste volverá a brotar de sus raíces, porque son muchas y muy profundas" Toussaint Louverture, 1802.
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