En momentos de crisis la utilización de la inmigración de forma demagógica suele ser moneda de cambio de la política y caldo de cultivo de elementos racistas. O al contrario, se recurre a la probabilidad del envejecimiento poblacional, omitiendo el papel de las migraciones para justificar el pensionazo. Llama la atención que, en la bonanza del capital, la persona inmigrante es útil tanto para el aumento del beneficio como para el desarrollo económico. Y cómo entrando en crisis del estado del “medio estar” se busca en la inmigración la culpabilidad en el déficit de la sanidad, educación, vivienda, seguridad… Pura argucia que no busca otra cosa que ocultar la falta de inversión suficiente en áreas fundamentales.
Las migraciones humanas no son un fenómeno nuevo, es parte de la vida la búsqueda de mejores lugares para vivir, trabajo, alimento, paz,… y seguirá siendo, más aún cuando desde la parte rica del planeta se condena a la gran mayoría del mismo a la miseria, la enfermedad y la guerra. Lo que llama la atención es que en España, país de emigrantes por excelencia, cuajen tan fácilmente las demagogias sobre la inmigración. Se utilizan en los medios y las instituciones macro cifras que plantean de forma frívola el gran número de inmigrantes, sin desglosar su origen o tipo y sin ningún tipo de análisis en profundidad. Los mismos medios e instituciones que idealizan nuestra emigración. Se busca marcar en el subconsciente de la ciudadanía la idea de un inmigrante tipo de piel oscura, no cualificado y marginal; frente a una realidad donde en buena parte de los casos la inmigración tiene altas tasas de cualificación e iniciativa personal, que acaba cayendo en las redes de la explotación en trabajos de bajo perfil.
Desde la derecha se usa la inmigración, criminalizándola, como método de fomentar el miedo a lo diferente como instrumento electoral. La izquierda es responsable en parte de la situación por no saber poner sobre las mesa las contradicciones del sistema. De cómo se gastan millones en vallas de la vergüenza, produciéndose cientos de muertos en el estrecho mientras las líneas aéreas se benefician de miles de viajes “turísticos”, resultado de potencia determinadas inmigraciones más al gusto de intereses económicos y coincidencia religiosa. La izquierda tenemos como principio la defensa de los derechos humanos y por tanto los derechos de las y los trabajadores inmigrantes. Pero no somos lo suficientemente ágiles en desmontar los tópicos de la inmigración de una forma general y contundente, más allá de las personas ya concienciadas.
Y el tópico va trasmitiéndose boca a boca: “que si todas las ayudas sociales y las plazas de guardería son para inmigrantes”, que si no pagan los mismos impuestos, que si son conflictivos, que no se integran, que son delincuentes, que si nos quitan el trabajo”,… Deberían desarrollarse dentro del sistema educativos apartados específicos para estudiantes y personas adultas para recordarles y enseñarles cómo fue nuestra emigración, exterior e interior, de la ilegalidad, la marginación, los problemas culturales, la infravivienda,… de las muchas lacras que vivieron los y las que tuvieron que buscarse la vida del campo a la ciudad o a cualquier lugar del mundo para que recuerden y sepan, ya que nunca se les ha explicado que la inmigración que viene no es tan diferente de la que aquí hubo y hay. Mientras no se luche contra los tópicos desde la educación y la agitación social de las mentes, el racismo y la xenofobia seguirán germinando en nuestra sociedad, resultado de un sistema económico que fomenta la demagogia y oculta nuestra propia historia. 
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