El 23 de febrero de 1936, en Barcelona, se jugó un partido “amistoso” entre la selección de fútbol de la República Española y la selección de la Alemania nazi. Veníamos de ser una gran selección que había perdido frente a Italia en su mundial de 1934 por un claro amaño arbitral propiciado por Mussolini.
La relevancia de la anécdota del España-Alemania no solo está en la cercanía de la Guerra Civil o el enfrentamiento ideológico existente, sino también en que España fue el único país que boicoteó las Olimpíadas de julio de 1936, convocando alternativamente unas Olimpíadas Populares en Barcelona.
Lo que en el encuentro futbolístico se produjo fue más allá del resultado1-2. Ambas selecciones estaban alineadas para escuchar sus himnos como es habitual en un estadio repleto, cuando al finalizar el alemán «Canción de Horst Wessel», los futbolistas germanos saludaron brazo en alto al estilo fascista. La escena fue automáticamente replicada por los jugadores españoles al unísono, todos con el puño en alto, para clamor de la grada. La escena se vio en un documental de la 2 de titulo no recordable y por más que hemos buscado la imagen y el momento, dormirá como tantas otras en los archivos de RTVE, aquel gesto y símbolo de dignidad obrera y revolucionaría.
Tras la Guerra Civil y pasado el Franquismo, queda el uso que éste dio a los símbolos estatales y con ellos a la selección de fútbol. Del uso franquista del fútbol patrio ¿qué queda? De su uso en el plano internacional, como lavado de imagen y martillo de rojos en la guerra fría, nada. Pero sí mucho de los intereses económicos y entretenimiento nacional, como evento mediático de “interés general” que hace olvidar hasta la crisis. Pan y circo a fin de cuentas. Al menos, ya sin Raúl y con Villa, la selección es nuevamente más popular. Sólo falta hacer real el sueño de que un día la selección puño en alto vuelva a escuchar su himno y su bandera, los de la selección de fútbol de la República.
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