Durante 69 días la angustia y la esperanza se entremezclaron, mientras la prioridad era el éxito de rescate que por fin se ha producido. Pero los 33 de San José o Atacama no han arriesgado su vida como resultado de una mala suerte o como algo inevitable por su profesión. La mina de San José era insegura y aun así seguía funcionando, no cumplía con normas básicas de seguridad como tener una vía de emergencia. Arriesgaban su vida por su oficio y por ganarse el pan. La noticia del accidente parecía una tragedia más en la minería, de las que nos cuentan cada mes en China o Rusia, pero al lograr sobrevivir a su entierro en vida, se convirtieron en noticia. El circo mediático montado a su alrededor ha acelerado su salvación, con las cámaras llegaron la voluntad política y la tecnología, millones de dólares para salvar vidas y ganar imagen.
Porque las minas son y serán peligrosas pero los accidentes son evitables. No puede ser que existan minas de primera y segunda, según país o propiedad estatal o privada. En Asturias se ha demostrado que invirtiendo en seguridad y formación los accidentes son reducibles y las enfermedades profesionales pueden ser minimizadas. Es cuestión de priorizar la salud laboral, la vida frente al beneficio. Finalizado el morbo mediático, pero aprovechando la atención mundial, se deben exigir las responsabilidades empresariales y políticas para que las minas de Chile y del resto del Mundo dejen de ser trampas mortales y desarrollen las necesarias medidas de seguridad. Si no se permite comerciar con diamantes de sangre ligados a las guerras, porqué se permite hacer negocio con mineral manchado de sangre. El hambre insaciable de dinero hace que los gobiernos y multinacionales miren para otro lado, mientras el consumidor no conoce la otra cara de los productos que usa, del litio, del cobre o del carbón de importación. Se trata de globalizar la salud y los derechos laborales. Por eso luchan las y los mineros y sus sindicatos, por ello han sido y son ejemplo de unidad y sacrificio.

Ahora conoceremos uno a uno a los protagonistas, sus vidas y anhelos. Mucho nos tememos que intentarán convertirles en parte de la farándula televisiva. Como suele ser costumbre mediática, no se buscarán las causas sino lo superfluo. De lo duro del trabajo, la necesidad de sacar a sus familias adelante, de una sociedad donde un hombre de 62 años con silicosis sigue trabajando en la mina por que no le queda otra, de eso se olvidarán. Pero debemos tener curiosidad para saber de la importancia de la minería en Chile, de cómo se quitan y ponen gobiernos según su precio, del interés internacional en sus minas, de cómo Chile sufrió la dictadura de Pinochet para hacerle el trabajo sucio al capitalismo y convertir Chile en un estado modelo, de explotación salvaje y desigualdad social extrema. Llama la atención que durante estas semanas Chile ha sido centro de atención mundial y ni uno de esos medios se han hecho eco de otro encierro. De la huelga de hambre de 84 días de los presos mapuches, de su resistencia contra la oligarquía que les robó sus tierras y les condena a la exclusión. 33 mineros han visto de nuevo la luz en un Chile que hoy es más feliz pero no más justo.
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