Los 35 años de ocupación del Sáhara Occidental por parte de Marruecos son doblemente vergonzosos. Tanto por la interesada incapacidad de la comunidad internacional, como por el inmovilismo del gobierno español. Ambos supuestos no son gratuitos. El primero es resultado del interés de EEUU en un Gran Marruecos dictatorial que sirva de contrapeso en el Magreb a la antaño antiimperialista Argelia y que suponga uno de sus aliados estratégicos en el mundo musulmán. En España tanto PSOE como PP practican sin ningún tipo de vergüenza el apoyo a los sáharauis cuando su partido está en la oposición y el apoyo al rey marroquí, que no a su pueblo, cuando están en el gobierno, convirtiendo la sangre y la libertad saharaui en un juego electoralista. Pesa en ambos cuando gobiernan el no molestar la estrategia de EEUU, la amistad de Juan Carlos I con la monarquía Alauí, los interés pesqueros y por ultimo usar la cuestión Sáharaui como contrapeso a la de Ceuta y Melilla, entre otras.
La solidaridad con el Sáhara en nuestro país es tal que es imposible tapar lo que allí sucede, las noticias de la ocupación, la represión y el exilio son seguidas y por tanto ocupan minutos y líneas en los medios. Lo que no impide tergiversaciones y ocultamientos de la realidad. Eso sí, de Marruecos, de su falta de libertad, de su realidad social, se dice poco o nada. Desde los mismos púlpitos mediáticos en que se deciden qué es dictadura o democracia según color o interés, no osan levantar la voz contra el “amigo” Mohamed VI. Marruecos es el objetivo preferente de muchas empresas españolas, objetivo turístico y urbanístico, el anhelado gendarme que controle la inmigración africana. Un sistema autoritario que oprime a su pueblo, al que condena a la miseria, destino de sol y de beneficios de trabajadores desprotegidos, socio preferente de la Unión Europea. Ese gran Marruecos vertebrado según los intereses personales de la monarquía Alauí y resultado de la descolonización francesa y española. Que se desarrolló anexionando territorios de las otrora colonias españolas como el Rif o Sidi Ifni y por último el Sáhara Occidental. Siempre se utiliza como justificación la Marcha Verde y su coincidencia con la muerte de Franco para explicar la huida y el fin colonial. Era 1975 y en España, como no es extraño en nuestra historia, la oligarquía andaba muy ocupada en tener a raya a quienes aquí luchaban por la libertad y en no molestar al amigo norteamericano.
La realidad 35 años después es que una parte del pueblo Sáharaui sufre el exilio en los campos de refugiados y que la otra sufre la exclusión en el Sáhara ocupado. Que Marruecos incumple sistemáticamente cualquier acuerdo que dé paso al derecho de autodeterminación, ante el inmovilismo de la ONU. Agotada la vía militar, la lucha interna pasa por los y las sáharauis que viven en los territorios ocupados. Su capacidad de organización y resistencia los convierte en un grito de auxilio que nos obliga a escucharlos, a expresar una solidaridad que se traduce en la participación activa en la lucha por el reconocimiento de la República Árabe Sáharaui Democrática. La represión ejercida por Marruecos no tiene límite, como los actuales ataques al campamento de la resistencia y el asesinato de un menor o las conocidas torturas y detenciones sistemáticas a los y las activistas pro derechos humanos. Razones más que de sobra para reivindicar la retirada marroquí y el firme posicionamiento de la comunidad internacional, comenzando por el gobierno español, exigiendo que ponga fin a su infame y asesina ambigüedad. ¿Cómo? Presionando, manifestándonos, diciendo no al olvido y la traición. ¡¡¡Por un Sáhara Libre!!!