Suele decirse que detrás de un gran hombre hay una gran mujer, craso error. Josefina siempre estuvo a su lado, como compañera. Siempre juntos e indisociables. En este tiempo de indefiniciones, suponen un modelo a seguir de dedicación a la lucha en defensa de los intereses de las y los trabajadores. Marcelino y Josefina, desde su tercero sin ascensor, representan la dignidad de la Clase Obrera.
Camacho encarna a la generación que vivió la II Republica con la esperanza de un mundo mejor, que plantó cara al fascismo. Marcelino sufrió persecución y exilio por ello. Fueron muchos como ellos, que volvieron a España a continuar la lucha, ya no con las armas sino con la palabra y la acción, desde el tajo. Marcelino fue siempre comunista, en la UGT primero y en la lucha antifranquista después. Eso no quita que la obra colectiva de Marcelino fuesen las Comisiones Obreras, tanto como movimiento político y social, como después como organización sindical de nuevo tipo. Y fue colectiva por que se supo unir a la generación de veteranos y veteranas con la juventud, en las luchas del final de la Dictadura. Marcelino sabía de la importancia de la independencia del movimiento sindical con respecto al Partido, de la necesaria que ésta era cara a su desarrollo y fortalecimiento en le seno del movimiento obrero. Del valor de la unidad sindical.
Nunca firmó, porque CCOO no lo hizo, los Pactos de la Moncloa. No apoyó como diputado el Estatuto de los Trabajadores, abandonando su escaño por coherencia con su responsabilidad sindical. Eso no quitó nunca para que el PCE fuera siempre su Partido. Y así quedó plasmado cuando defenestrado por la dirección confederal de CCOO, tuvo en el PCE e IU su refugio.
Quien mejor que Marcelino hubiese contestado a los que, aprovechando su muerte, loan su figura mientras atacan a CCOO. Poco entienden de su obra, de su compromiso. Marcelino y Josefina representan un modelo de militancia política y sindical, componiendo una parte imprescindible del rico bagaje de CCOO y el PCE, con sus aciertos y errores.
Marcelino Camacho no nos ha dejado, porque no sólo es parte de nuestra historia sino de nuestro presente. Una realidad que como siempre hace más necesaria que nunca, desde la izquierda, la acción sindical, la sociopolítica e institucional. Marcelino, como Juanín o Nevado, como tantas otras personas anónimas o reconocidas, deben ser parte de nuestro quehacer como referentes. No caigamos en la hagiografía, aprendamos de su legado y ejemplo. Y qué mejor legado que su última reflexión, que dicha por Josefina gana aún más fuerza: Si uno se cae, se levanta inmediatamente y sigue adelante.
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