El capitalismo busca siempre beneficio. El objetivo en este caso, es privatizar las pensiones, igual que la sanidad, la educación,… lo que quede del Estado de Bienestar. Las pensiones son un resultado de la lucha de clases, un ejemplo de solidaridad entre los trabajadores y trabajadoras, no una concesión gratuita del capitalismo sino una conquista. La caja única de las pensiones tiene como base el trabajo asalariado. Este año en España hay más de 18 millones de asalariados/as (un 40,7%) y más de 4 millones de parados/as (un 9,4%), lo que compone una población activa de 22.973.000. Por otra parte la población pasiva es de 22.853.000, compuesta por jóvenes, y personas que no consta que busquen empleo; de ese total 7.629.000 (un 16,6%) son mayores de 65 años.
Los ingresos a la caja única son el resultado de las cotizaciones, luego mayor afiliación o mejores salarios significarían más ingresos, por lo que es fundamental generar empleo y mejores salarios y las actuales reformas no están pensada para ello. Los gastos son los 8.554.971 pensionistas. La media de estas jubilaciones es de 856 € y en el caso de las de viudedad de 554 €. Un 10% de las pensiones son de miseria, un 65% de ellas no supera los 600 € y por tanto están en el umbral de la pobreza. Mientras, los altos directivos tienen una base de cotización máxima que no supera los 4.000 €, existen casos de hasta 10 millones de euros anuales de sueldo, no pagan más quienes más ingresan y son por tanto insolidarios.
Son las cajas de ahorro y los bancos, los que realizan los estudios que anuncian el colapso de las pensiones, quienes llevan atacando las pensiones públicas desde 1985, de forma periódica. Usan a los medios de comunicación como propagadores del terror en las supuestas clases medias, de aquellos y aquellas factibles de formar parte de los planes de pensiones privados. Tienen como objetivo desarrollar grandes fondos de pensiones europeos que puedan destinar a la especulación,… La razón es la búsqueda de negocio privado para lo cual se generaría un sistema insolidario, donde cada cual asume el riesgo. Si ganas tendrás pensión y sino no, promoviendo la exclusión social y la injusticia.
Uno de sus argumentos de mayor peso es recuperar las anacrónicas teorías de Malthus sobre la población. Un futuro en que cada trabajador o trabajadora tendría que mantener a un pensionista, fomentando la insolidaridad y criminalizando el aumento del número de personas mayores y la esperanza de vida, como si fuese algo negativo. Que nos muramos más tarde parece ser un grave problema para el capitalismo. No nos dicen que con la actual reforma laboral será más difícil aún contabilizar los 35 años necesarios para una jubilación del 100% o siquiera los 15 años mínimos para jubilarnos. Qué pensiones podremos recibir con contratos eventuales y cotizaciones donde no se recogen los horarios reales. No plantean fomentar el empleo y los salarios, subir los impuestos a los ricos, poner fin a la evasión fiscal y la economía sumergida o aumentar la aportación empresarial para así mejorar el sistema de pensiones. El impacto de la actual reforma laboral condiciona el futuro laboral de los jóvenes y marca el camino de la futura reforma de las pensiones. La solución no debería pasar por privatizar sino por generar más empleo y mejores salarios.
En realidad, el futuro de las pensiones está asegurado, entre 2003 y 2009 ha tenido un saldo positivo de más de 68 millones de euros y eso a pesar de las prejubilaciones. Las cifras desmienten la teoría del déficit. Se calcula que el fondo de reserva llegara los 62 millones de euros en este 2010. Los asalariados y asalariadas aportamos y deberíamos recibir después nuestras pensiones, mientras que el Estado sólo lo gestiona, sin aportar ni un euro. Por tanto, si efectivamente existiese en el futuro un déficit será tan fácil como cargarlo en los presupuestos generales del Estado. Pero priman los intereses privados y, en nombre del bien del país, nos piden que cedamos los nuestros, dejando nuestro futuro en manos del capital financiero y la especulación. Grandes garantes, que ya hemos visto cómo funcionan y quién paga sus estropicios.
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