China es la gran potencia emergente del s.XXI, lo que para la sociedad occidental resultó inicialmente peculiar (el made in china), se ha transformado en un movimiento que afecta a todos las esferas económicas, deportivas, tecnológicas,… acompañado a la extensión de comunidades chinas por todo el planeta y pasando de su zona de influencia asiática tradicional a una presencia mundial. Pese a ello el fenómeno chino sigue siendo un gran desconocido, a pesar de su importancia histórica y cultural. Vuelve pues a ocupar su lugar, tras la decadencia y el dominio extranjero, de la mano del PCCh y de su gran timonel, Mao Zedong.
Vaya de salida que la República Popular China, si bien es ya un factor global, debería ser analizada de partida dentro de su entorno y su propia realidad. De los orígenes de la República tras el fin imperial y colonial, la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Civil, la Revolución Cultural y su papel en la Guerra Fría. La evolución económica, social, educativa debería ser pues comparada con los otros gigantes asiáticos, la India y Japón. Hablar de democracia o bienestar en China en comparación con Europa sólo esconde tapar la incómoda realidad de su entorno, de la "democrática" y aliada India de castas y hambre endémica o de las contradicciones sociales y el sometimiento a EEUU del Japón actual. Porque más allá de las cifras del crecimiento chino y pese a las contradicciones existentes en el propio país, el resultado es positivo para la gran mayoría de la población china.
En los últimos años China está de moda, de forma tanto sibilina como descarada. Como cuando se habla del Tíbet o de las contradicciones con sus minorías religiosos o étnicas. De las diferencias sociales entre el campo y las ciudades. Su papel económico en África y Latinoamérica. El consumo de materias primas y combustibles o el valor del Yuan. La tensión militar en la Península de Corea, el contencioso de Taiwán, la dictadura birmana, hasta la Guerra de Afganistán. Todo se nos traslada inconexo, sin reconocer el interés geoestratégico de EEUU de aislar a China. La economía de EEUU se sostiene gracias al capital chino y toda empresa o país que quiera crecer necesita relacionarse con China.
Porque en la cuestión china el mundo capitalista tiene dos posturas, desde la unidad de la importancia de su papel económico, al temor de sus implicaciones. El premio Nobel a un disidente chino, nos sitúa en ese debate. Los que pretenden domesticar al gigante asiático para beneficio de los flujos económicos mundiales y los que pretenden debilitarle mediante su fragmentación social y nacional para evitar su competencia con EEUU. China lleva pues camino de ser el eje sobre el cual giren todas las cuestiones, por supuesto sin transparencia ni objetividad mediática. Y siempre con el temor de las consecuencias comerciales e incluso militares de cualquier movimiento en dicho tablero de ajedrez.
No obstante, no caigamos en el error de pensar en China como un referente o modelo contra el sistema capitalista. El modelo Chino es el del desarrollo económico dentro del capitalismo desde un control estatal que no colectivo o social de los medios de producción. No nos engañemos, no es una cuestión de multipartidismo o elecciones, es una cuestión de sistema económico. China conserva gran parte de su antigua idiosincrasia cultural, tomando como base ideológica Mao con las incorporaciones de Deng Xiaoping, Jiang Zemin y Hu Jintao. Es la misma China Roja que se acercó a Nixon contra la URSS, que se enfrentó con Vietnam o que abrió fuego contra los estudiantes que se concentraron en Tiananmen al canto de La Internacional. Es una realidad de la construcción de un Estado-Nación, que emerge y busca consolidarse como la superpotencia del mercado del s.XXI.
“Todos los reaccionarios son tigres de papel. Parecen temibles, pero en realidad no son tan poderosos. Visto en perspectiva, no son los reaccionarios sino el pueblo quien es realmente poderoso”
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