El 2011 se prevé como un año continuista. La crisis, los ataques especulativos, los recortes en el estado de bienestar,… y con todo ello las movilizaciones. Nuevamente la convocatoria de una Huelga General se sitúa como respuesta ante las pretensiones de imponer la reforma de las pensiones. Son muchas las dudas que se ciernen, la oportunidad de dicha convocatoria y el objetivo real de la misma. La crisis se ha convertido en la disculpa para desmontar derechos conquistados sin que ello este producción una respuesta masiva y realmente contundente. En toda Europa se suceden las movilizaciones sin más efecto aparente que la crispación y el desánimo. Haría falta arañar un poco en la imagen que se da de lo que está sucediendo, para ver el interés de las movilizaciones desde Portugal a Grecia, a los y las estudiantes en Londres o Francia. El humo de la barricada resurge en Europa.
Pero no nos confundamos, el capitalismo va ganando la partida. La incapacidad para dar una respuesta unitaria desde la izquierda es manifiesta. La democracia ha quedado nuevamente en entredicho, y socialdemocracia y derecha gobiernan al dictado de los intereses del capital. La crisis global es resultado de un liberalismo global y para combatirla se hace necesaria una izquierda global, sindical y política. En la UE la izquierda requiere hace tiempo de movilizaciones y organizaciones supranacionales, no de una mera coordinación o colaboración.
Se desmonta el estado de bienestar, ahora tocan las pensiones, antes fueron las relaciones laborales, tiempo al tiempo tocará la sanidad,… el resultado será el empeoramiento de la vida de los y las trabajadoras. Los estudios ya demuestran la diferencia en la previsión de esperanza de vida entre los ricos y la clase obrera en EEUU, como anticipo al futuro europeo. Se traducirá también en enfermedad físicas y mentales, en suicidios, adicciones,… pobreza y marginación, esas son las otras caras de la crisis. Para ellos los beneficios; para nosotros y nosotras la explotación y las pérdidas.
La Huelga General se hace otra vez necesaria, pero hay que recordar que no es un fin en sí misma. Es un método, una respuesta y como tal debe ser convocada. La gravedad de la agresión lo requiere, pero deber ser parte de un calendario y una estrategia. Si algo se debió aprender el 29 de septiembre es que CCOO y UGT son las organizaciones con capacidad para convocarla y paralizar la actividad industrial y económica del país. E IU y el PCE, la principal organización política en respaldarla. Su éxito requiere de la generación del mayor frente de masas posible. Sumando al conjunto de la izquierda, a los sindicatos minoritarios, a los movimientos sociales, al mundo de la cultura y la universidad, a los y las estudiantes, las y los autónomos, incluso a los sindicatos gremialistas. La suma y la unidad se hacen fundamentales y no sólo de forma puntual sino como estrategia ante la nueva realidad política y social.
No nos encontramos ante ataques o reformas puntuales, lo que esta encima de la mesa es un desmontaje paulatino de los sistemas de protección social, de los derechos y también de las reglas del juego. La democracia institucional o la negociación colectiva se debilitarán aun más en favor de la ley del capital. El 29S fue un gran éxito pero no por ello se consiguió la derogación de la reforma laboral. Hay que asumir que estamos en un cambio de ciclo, donde la acumulación de fuerzas y movilizaciones de masas son la única forma de parar, no de forma puntual y a corto plazo sino de forma general y contundente. No es momento ni para sectarismos, tacticismos ni oportunismos, es mucho lo que está en juego y se requiere la máxima cohesión y responsabilidad. Hace falta ya otra Huelga General.
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