
El pasado 31 de Mayo en aguas internacionales del Mediterraneo 6 barcos fletados por Free Gaza cargados con toneladas de ayuda humanitaria y activistas por los derechos humanos de diferentes nacionalidades fueron asaltado por la Marina de Israel. Como resultado 9 activistas resultaron muertos, numerosos heridos, gran parte de la carga destinada a la población civil de la Franja se perdió y uno de los mayores ataques a los derechos humanos y al derecho internacional perpetrado en los últimos tiempos.
Esta iniciativa organizada por la sociedad civil de 37 países que pretendía ser el altavoz de todos aquellos que rechazamos el crimen que supone el bloqueo de la Franja de Gaza (ilegal por suponer un castigo colectivo a toda la población civil gazatí)por el Estado de Israel y los sionistas acabó convirtiéndose en una masacre injustificable y vergonzosa.
La comunidad internacional mostró de nuevo su doble rasero condenando el acto pero no a los autores y permitiendo que estos esquivaran sus responsabilidades con suma facilidad. Se puso por delante al victimario y se castigo una vez más a las víctimas que sufrieron vejaciones, violencia física, violencia moral y el espaldarazo de aquellos que deben garantizar sus derechos básicos.
Esta no es la primera y, por desgracia, parece que tampoco la última vez que las instituciones gubernamentales, Naciones Unidas y La Unión Europea entre otros se lavan las manos en situaciones como estas, especialmente cuando el implicado es el estado sionista.
Sin embargo aquellos que se embarcaron en Mayo no renuncian ni permiten que sus esfuerzos caigan en saco roto y continúan luchando por hacer valer los derechos de la población de Gaza a los que algunos parecen haber olvidado.
Lo que está aquí en entredicho es nada más y nada menos que la vigencia de los derechos humanos y el derecho internacional. Si se siguen permitiendo atrocidades como el ataque a la Flotilla y el bloqueo de la Franja, la fuerza y el mismo sentido de los derechos humanos quedarán debilitados, heridos de muerte.
Es ahora, por tanto, la sociedad civil la que ha tomado la iniciativa. Organizandose, trabajando y luchando para denunciar esta coyuntura, demostrando su capacidad de actuación, participando de la realidad que le rodea y presionando a sus digamos "dirigentes" para que utilizen las herramientas que, pese a estar a su alcanze, vergonzosamente evitan usar.
Esta sociedad civil cree en el cambio y actúa para y por el cambio. Es inclusiva, incorfonmista y proactiva. Y por todo ello ha decidido no echarse atrás demostrando que la violencia ejercida contra una causa legal, justa y necesaria no va a ser suficiente para detenerla.
Y a estas alturas la Flotilla de la Libertad II a echado a andar y con más miembros, barcos, ayuda humanitaria y apoyos que la primera. Aún queda mucho por hacer pero seguro que en la primavera de 2011 dos barcos partitrán desde nuestras costas para sumarse a los de la coalición internacional de la flotilla y demostrar que si no lo hacen las instituciones creadas a tal efecto lo haremos nosotros, la población civil, los ciudadanos.
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