De poco tiempo a esta parte, el actual Ejecutivo “socialista” comienza a introducir a España en la Europa de los derechos (espero que también nos catapulte pronto a la Europa de los deberes, y que nos haga adalid de lo que propugna la Internacional Socialista a la que el PSOE pertenece –no más deberes sin derechos, ningún derecho sin deber- aplíquese el cuento)… aunque tal Gobierno de izquierdas tiene lo que yo monaguillo.
Sin desviarnos del tema que hoy nos ocupa, quiero manifestar desde un punto científico y cuasi social, mi opinión sobre esta reforma de la vigente ley del año 1985 (he de insistir en que mis opiniones son discutibles, yo no creo en los dogmas; y por tanto refutables con argumentos constatables), que al parecer levanta ampollas en la jerarquía eclesial y las faldas de los más libertinos (que no libertarios, ¡ojalá!). Voy a intentar justificar mi posición, desde la perspectiva médica (dentro de mis conocimientos), desde la posición de la izquierda (dentro de la cual creo que me hayo) y de la posición de la derecha y las asociaciones religiosas (de la cual huyo, pero respeto; como no puede ser de otra forma).
Médicamente hablando, debemos de empezar por definir la vida: la RAE sostiene que es: “la fuerza o actividad interna sustancial, mediante la que obra el ser que la posee”; y el aborto o mejor dicho, la acción de abortar: “interrumpir, de forma natural o provocada, el desarrollo del feto durante el embarazo”. Aquí, si nos ceñimos a la definición, hablamos de feto. El feto desde la visión de la ciencia, comienza sobre las 12 semanas, lo que ocurre previamente, pasa a ser desde zigoto, mórula, blástula, blastocisto y embrión, para abordar por último, el estadio de feto. Etimológicamente, hasta aproximadamente los tres meses, abortar no interrumpe la vida.
Yo al menos discrepo, alrededor de los 20 días tras la nidación, que suele ocurrir a los 12 días después de la concepción, las células que darán lugar al corazón comienzan a latir, y más adelante se giran sobre su eje, para colocarse en la zona donde todo corazón se encuentra. Embriológicamente, podemos hablar que la vida existe desde que el espermatozoide y el ovocito (que no óvulo, lo será cuando haya unión entre las dos células) se han formado y esperan que el azar hormonal y de la concepción; les permitan la cariogamia (unión del espermatozoide y el ovocito) dentro del tracto genital femenino. Creo que a más de uno se le debería de explicar como se traen los niños al mundo, porque a la cigüeña, Sarkozi le ha dado la baja por cargar peso en vuelos charter.
Por tanto, creo que es indudable que la vida existe incluso antes de la concepción, y que obviamente, el aborto termina con la vida del ser que alberga la matriz de la mujer.
Pero no está aquí el problema…o ¿sí? El problema, y siempre desde mi punto de vista, reside en la imposición sistemática de la moral.
Desde hace años, me relaciono con gente de izquierda, y todavía no me he encontrado con nadie, que no reconozca que el aborto es algo que no debe de suceder, y que se ha de evitar por todos los medios, independientemente de su causa. Por tanto, el proabortismo no existe, o al menos yo no lo conozco como tal. Lo que si existe es el derecho a decidir.
La mujer, poco a poco ha ido alcanzando en los países de nuestro entorno cotas de mayor equidad (e incluso en nuestro país, el marco legal la considera por encima del hombre en determinados procesos judiciales…eso que se denomina progresismo. Que es más barato que el “Channel nº 4”, y con el que intentan camuflar el modelo neoliberal bajo el amparo de las uniones homosexuales (o matrimonios, mientras se quieran, ¡que más da!…cada uno se hace preso como quiere) y la discriminación positiva hacia la mujer; cuando el sistema económico que sostiene esas relaciones de género es injusto y mediocre para el sexo “débil” –la mujer que lea esto, probablemente me llamará Falangista…estoy acostumbrado a que no sepan discernir lo que es igualitario de lo que no-). Volviendo a la igualdad entre hombres y mujeres, la mujer tiene el derecho de decidir sobre su estado de gestación, y nadie es quien para imponerle a ella (o a él si la naturaleza abriera ese camino) lo que debe de hacer con su hijo o hija. Dudo que a una mujer le sea indiferente su propio aborto, la muerte del conjunto celular que anida en su útero, y que salpica vida a la misma paz que ella, le duele en su ser más que a nadie…y si no es así debería de estar en un psiquiátrico.
El problema es que determinados sectores de la jerarquía de la Iglesia, está acostumbrada a poner voz y voto, y gritos al cielo sobre lo que le viene en gana, sin recordar que son una institución privada y sobre todo ajena al poder Ejecutivo y Legislador, que conforman la mayoría de los Estados, incluso el suyo.
Al parecer les importa que se pierdan esas vidas, non natas, pero se olvidan de los miles de niños que mueren a diario en los “paritorios” improvisados, los que son condenados al virus del SIDA, al hambre, al destierro, a los campos de refugiados, a la orfandad; tal y como si estos fueran ciudadanos de cuarta o quinta clase. ¿Es que estos no les importan?…¿Éstas no son vidas?… y encima tienen la cara tan dura de exculparse con los misioneros que verdaderamente están en el campo de batalla, predicando la verdadera palabra de Dios…dando eso que determinado cardenal designado sixtinamente olvida…el testimonio. Alardeando de una institución que predica la pobreza de oro cubierta, y que perdona sus culpas en una semana anual con incienso y doble rasero.
Así como, un abanico de razones políticas conservadoras (y me refiero a la derecha), que apostillan e invitan a la genuflexión (a callarse, porque sí, y punto) a aquel que dispone algo contrario de lo que está divinamente establecido.
Pero no crean que la izquierda sale indemne de este debate…jamás. Hoy por hoy, la izquierda con tanto derecho de pacotilla, olvida que protege más a los cangrejos de río, que a sus menores. Hoy un farmacéutico no vende amoxicilina-clavulánico, a una persona que tenga un flemón, sin receta…y dentro de poco podrá ofrecer sin receta elevadas dosis de estrógenos, sin el más mínimo control médico…e incluso a una menor. Estamos perdiendo el norte.
Esa medida, lo que deja entrever es una apuesta clara a la privatización progresiva del mejor sistema sanitario del planeta (por cierto, copiado en su estructuración pública y de sostenibilidad al de la extinta Unión Soviética, eso sí con los recortes propios que dicta San Mercado de Valores); pues el Estado gasta miles de millones en levonorgestrel (la pastillita del día después. Y sin haberlo planeado me ha salido un pareado), pues no hay control real para darlo en el Sistema Nacional de Salud. Pero lo verdaderamente importante aquí no es el dinero…sino la salud, el descuido de los menores por parte de la Administración.
Lo que verdaderamente, a mí me colma el vaso, es un determinado aspecto de la nueva reforma de la Ley vigente, que analizaremos dentro de poco.
Es fantástico, que una mujer tenga el derecho a decidir sobre su embarazo, y no ser juzgada como criminal. Es beneficioso, para el médico sin moral acomplejada de catolicismo marista, poder realizar dicha intervención dentro de un marco legal que lo ampara, y es fenomenal, que dicha situación se pueda realizar dentro de la cartera de servicios de la Seguridad Social…y no en clínicas privadas, muchas de ellas sin licencia y con el riesgo de la pérdida de otra vida humana más. Estos tres aspectos son positivos, y si alguien no quiere abortar, pues que no aborte, pero ninguna moralidad tiene que ser impuesta a nadie…en este país hay más o menos libertad. El aborto no es para todas, es para quien por desgraciadas situaciones tenga que hacer inevitablemente uso de él.
Lo que sí es indignante…es la pretendida manía de la autonomía del paciente…incluida la del menor de edad (siendo positiva en la mayor parte de los casos). De modo, que se prohíbe que un menor no pueda decidir si quiere o no recibir un transplante cardíaco, pero puede abortar sin el consentimiento ni conocimiento de sus padres.
Esteo es preocupante. Yo creo que una chica de 17 años (por poner una edad), deberá al menos notificar a sus padres que va a abortar…y que pase pues, la vergüenza propia de la situación…porque si tiene ovarios para tener relaciones sexuales sin protección y a lo mejor en la retaguardia de un vehículo, los debe de tener para decírselo a sus padres…y evidentemente el padre de la criatura…tendrá que tener los tributos propios que su naturaleza le otorga, para hacer frente a la situación, tanto con los padre de ella como con los que lo ha parido.
Diferente es, que un padre o una madre, obligue a su hija a no abortar. Eso es una crueldad, porque probablemente se ganen una fuerte enemiga, y lo principal, que esa madre, podría mostrar rechazo hacia el nuevo ser que se aloja en sus entrañas.
Por ello, yo creo que la nueva reforma, es beneficiosa, pero contemplando la obligación del conocimiento por parte de los padres o tutores legales sobre la intervención que esa menor va a recibir si así lo estima ella oportuno, bajo su propio criterio personal.
También hay que dejarse de pamplinas, nadie es el alma consejera o inquisidora para oprimir a quien no lo desea, en este caso sobre su embarazo. En España, contamos con un personal muy cualificado que ofrece con transparencia a los pacientes toda la información, evaluando los pros y los contras, y si en el último momento se decide arrancar del nido al feto…eso será responsabilidad, y motivo de reflexión de esa pareja o de esa chica, que ha tomado esa decisión; y estoy seguro que sus padres independientemente de sus creencias, estarán al lado de ella…aunque no les guste su decisión final.
Llamar la atención a la derecha, y a la Iglesia…antes de imponer hay que preguntarse por qué…aunque teniendo en cuenta que aplauden palabras de Benedicto XVI sobre el preservativo…poco se puede esperar a cambio…pero yo les otorgo mi infinita confianza, y sobre todo apelo al sentido de la razón…que me consta tienen.
Por último, a la izquierda, que sea coherente. Que se deje de medidas de tres al cuarto, que se soslayan con otras (no se permite comprar tabaco a menores, pero sí abortar como si esto fuera el corral de la Pacheca) y que la convierten en el punto de mira de la mediocridad y lo chabacano. Y que recuerden, que los derechos deben de ir paralelos a los deberes; y que la información a los jóvenes es tan fundamental como legislar eficazmente. Puede existir una ley magnífica, pero mientras los jóvenes no sepamos ni colocarnos un preservativo, o tengamos la leyenda urbana de que el perejil es anticonceptivo, seguiremos asistiendo al drama de más de 200.000 abortos anuales, más de dos tercios de menores.

El gran problema es que la sociedad liberal actual promulga un libertanismo (que no libertad) sexual, sin acometer una educación adecuada, y el resultado es el resultado. Es como repartir pistolas gratis y no explicar cómo se funcionan.
Me gusta que le des a los dos culpables, porque la Iglesia sigue en su mundo particular (¿saldrán algún día?), pero el PSOE, estoy convencido, ha sacado esta ley para seguir ganando el voto de las feministas, y no porque realmente la consideren útil o buena.
Un saludo.