LA REFORMA DE OBAMA
El actual Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama…está de campaña. Pero la nueva campaña en la que se ha introducido nada tiene que ver con la que le llevó a la White House…sin saber cómo, según los republicanos. Sí, porque eso de que un cortado (aludo al término hostelero para referirme a su color de piel)…como que no cuadraba en la Casa Blanca…será blanca por algo.
La campaña, no es para promocionarse, no es para aliviar las viejas heridas que el imperialismo de su país ha dejado infectadas por medio mundo…no; tiene que ver ahora sobre la propia calidad de la asistencia sanitaria del “país más rico del mundo”.
A día de hoy, de todos los habitantes de los EEUU, cerca del 13,2% vive en el umbral de la pobreza, y cerca de un 37% no tiene una sanidad de calidad. Cómo se como eso…si es el país más rico…cómo que hay pobres allí…cómo que hay gente que se muere de gripe A (y no son pacientes crónicos) por no tener seguro médico… ¿Qué pasa, que allí no se cotiza?
Pues sí, al parecer se cotiza…pero para otros menesteres de más envergadura y más invasivos.
De todos es sabido, que la tradicional Seguridad Social de España o la Vieja Europa, no existe como tal en el país de George Washintong; y no existe no porque no tenga utilidad para la población, sino que tiene un matiz politicoeconómico; que prima sobre lo más importante para el ser humano: la salud, como condición inherente a la vida.
Desde que hace ya más de doscientos años la “democracia más antigua del mundo” (sic) se basa en un sistema económico particular. Ese sistema económico, como cualquier otro; constituye el marco donde se desarrollan todas las actividades de una nación…es sabido que sin fondos…nada.
Entendiendo el punto de vista liberal (si es que se puede) de Adam Smith, el déficit público como consecuencia de la intervención económica del Estado en la economía no se puede consentir. No se puede tolerar, porque infligir las leyes del equilibrio, entre otras, supone disminuir la libertad de los ciudadanos que configuran en último término el Estado al que antes nos referíamos. Y cuando se interviene, no se deja que el mercado fluya en función de la famosa: ley de la oferta y la demanda. En definitiva, si el Estado –que lo configuran los ciudadanos libres de manera proporcional a su voto (depende del país…en España no pasa esto… que se lo digan a Izquierda Unida)- interviene en los procesos comerciales; resta libertad a los ciudadanos que lo forman cada vez que se abren las urnas…por la boca muere el pez.
Pero, ¿qué tienen que ver las teorías económicas del liberalismo con la reforma de Obama? Vamos a ello:
En la sanidad de la mayoría de los países democráticos y en vías de desarrollo, una parte importante del Presupuesto anual, se destina a la gestión y calidad asistencial, en lo que a Sanidad se refiere (si bien cada uno distribuye los recursos de diferente manera pero diferenciando los campos de la gestión y calidad). Unas ofrecen una mayor partida presupuestaria, que otros, que prefieren “invertir” su caudal de cotizantes en altos cargos, en alimentar Ejércitos que no cumplen la función bélica para la que fueron creados (afortunadamente, no todos cumplen esa función); en sostener monarquías, entre otros menesteres que no repercuten en lo único importante para el Gobierno y su plural o monopartidista oposición: EL PUEBLO (o los ciudadanos y ciudadanas, que es más moderno y más de izquierdas –no te jode-).
Pero esta situación de distribución presupuestaria tiene su variante en los Estados Unidos. La dotación que el Congreso y el Senado estadounidense dedican a la salud, es pírrica. Lo es, y no pasa nada, no existe un revuelo social ni una apreciación a nivel internacional (la ONU se limita a ofrecer sus informes…donde este gigante país tiene índices de desarrollo humano, en lo que a sanidad y educación se refiere, de peor calidad que su archienemigo caribeño) sobre las deficiencias en materia sanitaria en lo que se refiere a este país. Esa falta de presupuesto no es una novedad.
Desde principios del sigo XX –e incluso a fines del XIX, en la Alemania de Bismarck de la cual hablaremos después-, la situación ya se vislumbraba de esa manera; fue cuando ya en los países del antiguo Imperio Germánico se empezó a implantar los primitivos Sistemas de Socorro –rudimentarios sistemas de salud de tipo benéfico; aunque con protección oficial por parte del Estado, lo que era llamado en la convulsa Alemania de entonces; Die Erste Kankenhausen-. Poco a poco, con el ascenso vertiginoso de las ideas socialistas, comunistas y anarquistas... como resultado de la explotación brutal, de la sociedad de clases y de la tendencia a la marginalidad; se empieza a configurar en las mentes de los ideólogos de izquierdas un sistema de protección social que incluya a toda la población, al menos la que no goza de los privilegios. Esta situación se hizo escalonada. La labor de los sindicatos de entonces apretaba las tuercas al capital de entonces (valga la redundancia), mediante huelgas sangrientas para demandar menos horas de trabajo, descanso de al menos un día semanal y cobertura de salud para los trabajadores. De esta última parte, se paso a pedir subsidios de enfermedad, solicitudes de baja, sustituciones de trabajadores por otros en función de las enfermedades laborales; reconocimiento de estas mismas enfermedades laborales… Es decir, un proceso que llevó más de 70 años, y que a día de hoy hay que perfeccionar.
No hay que olvidar que unido a las condiciones de trabajo, los grupos de izquierda sostenían sobre los años 30 y 40 la necesidad de incluir al menos las capas sociales con menos recursos dentro de la Sanidad Social.
Tuvieron que pasar varios lustros, dos Guerras Mundiales y millones de muertos, mutilados e inhábiles para la actividad productiva, para que la recién creada Organización Mundial de la Salud, emitiera un informe sobre la necesidad de la protección de estas personas, y lo que es más necesario, la implantación de un sistema de salud universal, público y gratuito; lo que se conoce como el Informe Beveridge.
Hay que mirar hacia atrás, y hundir los dedos en las raíces de la historia (¡Ahh!, que sería de nosotros sin la Historia) para contemplar cuáles han sido los caminos llevados a cabo para configurar unos Sistemas Nacionales de Salud que cumplen las características mínimas, al menos, para promocionar la salud, prevenir y tratar las enfermedades. Comencemos con esta sucinta lección de historia, que poco a poco nos llevará a la situación que nos ocupa respecto a los planteamientos de Obama:
Fue durante la cancillería bismarckiana cuando se redactó la Ley del Seguro de Enfermedad, en 1883. Esta ley contraviene los principios ultraconservadores y de enfrentamiento con el movimiento obrero alemán que Otto von Bismarck desarrolló durante su mandato, y que está fundamentada en el colectivismo social; pero es la primera base legal que se tiene para reformar y crear órganos sanitarios en cada país. El proteccionismo y librecambismo alternante de la época de Bismarck condicionaba la promulgación de las leyes…algo similar a lo que pasa en los Estados Unidos de América…eso sí, aquí las leyes obedecen al Mercado de Valores…el miserable Mercado de Valores; en el año 1880 las leyes son tributo de las necesidades egocéntricas del Káiser de turno.
Pasado el II Reich, y entrado en el siglo XX, las luchas y reivindicaciones de los obreros de aquellos negros años centraron en gran parte el debate de una calidad asistencial básica y necesaria, proveída por el Estado; junto a eso se demandaban subsidios por desempleo o jubilación… demandas tan básicas y necesarias, pero que costaron la sangre y la subversión de millones de trabajadores en el mundo; y que hoy las doctrinas del capital echan por tierra; sin que los trabajadores coetáneos a un servidor; y a usted que lee tan pacientemente, levanten la cabeza -los explotados de hoy son los que se arremolinan en las colas del INEM, o soportan la presión de los empresarios que les echan sobre sus deslustrados lomos más trabajo, mismo sueldo con menos personal- sin que puedan articular: “en mi hambre mando yo”.
Pero las reivindicaciones que se solicitaban con urgencia por el movimiento obrero no fueron consideradas hasta los años posteriores a la II Guerra Mundial. Hubo que esperar a un Gobierno laborista en Inglaterra; y a varios informes de la recién inaugurada OMS sobre los mutilados y desheredados de la Segunda Gran Guerra; para que el Jefe de Gobierno, Clement Attlee -que conocía el Informe Beveridge-, creara el Sistema Nacional de Salud del Reino Unido. El primero en la historia en el que los ciudadanos británicos no tenían la necesidad de aportar dinero directo a la hora de recibir la asistencia sanitaria. El revuelo creado por la socialización de medicina en Gran Bretaña fue impresionante, los medios conservadores afirmaban con el clásico humor ingles: “el Ministro de Sanidad hace tragar la sopa de la Seguridad Social”. Más tarde, este sustrato legal, junto con las recomendaciones del Informe Beveridge se adaptó en los países del entorno europeo, según su contexto económico y social; primando obviamente el primero. A la Great Britain siguieron ejemplos como el italiano (uno de los mejores ideados y llevados a cabo; pero sometido en los últimos tiempos al abandono del Estado por la gracia del neoliberalismo politicoeconómico de los sucesivos Cavalieres. Otros ejemplos son el australiano o el canadiense, éste último, motivo de asilo sanitario por sus “vecinos de abajo”.
En el caso de España, la Seguridad Social llegó tarde…como todo, por influjo de la dictadura del General Franco. Los últimos años del Régimen se centraron en el establecimiento de una determinada asistencia sanitaria, que se concentraba principalmente en los grandes núcleos urbanos; olvidando el profundo mundo rural de esta España. Los medios eran escasos, si bien el esfuerzo grande por parte de los profesionales que estaban en la encrucijada, entre un Estado que quería dar protección social sin aparentar ser socialista (al estilo soviético), pero tampoco aportando recursos ni gestionando como se debiera. Aún así la experiencia republicana de 1931, les valió en parte a los Gobiernos franquistas. Con la entrada de la democracia y estabilizados los problemas de mayor relevancia tras la Transición. El recién elegido Gobierno absoluto de Felipe González crea en 1984 el Sistema Nacional de la Seguridad Social, que está fundamentado como el resto de los europeos en el fondo legal de Bismarck y en la gestión pública de la Unión Soviética; mal que le pese a los demócratas liberales de hoy. El sistema sanitario de la extinta URSS era eficiente, universal, público y gratuito… pero las “futuras mejoras” de la economía de mercado en la actual Organización de Estados Independientes (OEI), no son hoy tan palpables, como si lo son las miserias del 68% del pueblo exsoviético.
Pero… ¿si estamos hablando de la reforma de Barack Obama, qué pinta todo este guirigai? Pues aunque no lo parezca, toda la evolución más o menos favorable en la gestión y asistencia sanitaria de nuestro marco geográfico no ha sido aprovechado por la potencia económica mundial.
Fue en los años 30, con el crac del 29, y la complicada situación de la población estadounidense; obligó al redactor del New Deal, Franklin D. Roosevelt a crear la actual y apenas inrreformada Social Security de los EEUU, que ofrecía unos mínimos asistenciales…pero tan mínimos que ni tan siquiera establece la posibilidad de una simple operación de apendicitis. Y sólo incluye dentro de su cobertura a niños sin recursos y jubilados e indigentes, básicamente. Esta ley de los años treinta sólo se intentó tocar en las legislaturas de George W. Bush…pero para aniquilarla definitivamente mediante la privatización.
El problema llegó cuando los intereses farmacéuticos y de las aseguradoras impusieron su tendencia en el país del capitalismo llevado al extremo. La supeditación del Estado a la economía es tan brutal que suena a: MUERTE. La relación de las empresas implicadas en el lobby sanitario mantuvieron, y mantienen su estatus tan inalterable como el tiempo. Sólo se han visto amenzadas de verdad, desde hace unos 4 ó 5 meses. Cuando en plena pre y campaña electoral del tardíamente elegido Barack Obama, hablada en sus marketinizados mítines de “meter mano" en la sanidad americana.
Pero las palabras tan afortunadas y bien ofrecidas del entonces candidato Obama sobre la sanidad universal, que cautivó a los más pobres del país de la explotación, se quedan hoy en agua de borrajas.
Los intensos intentos del Presidente que está acometiendo en las últimas semanas se han encontrado con la más férrea oposición de los defensores del vil metal…frente a la protección de la salud. En los debates y eventos el Sr. Obama se ha encontrado con tan férreos oponentes, que ni tan siquiera se permiten abrir la boca para dialogar o escuchar a ambas partes. Tal es a situación de presión de los grupos económicos y los sectores ultraderechistas del país norteamericano que los republicanos se manifiestan llamando socialista al primer Presidente negro de los Estados Unidos –fíjense, socialista…cuando si extrapolamos su política a nuestro país, es más de derechas que el Sr. Rajoy-.
Y es cierto, lo decía Juan Ruiz (el Arcipreste de Hita: hace mucho el dinero… -http://www.youtube.com/watch?v=2f-GUh_z_Sg-), la situación de crisis financiera y el posible peligro -más infundado, que posible- de una socialización sanitaria ha llevado a la futura reforma universal de la sanidad, a ser cercenada por los activos y valores de Walt Street, y ha pasado una torpe retroalimentación de los recursos que la Administración dedica a la sanidad privada para dirigirlos a la sanidad pública, para que esos beneficios, o al menos el dinero invertido, se quede dentro de las arcas estadounidenses. Así como disminuir los precios de las pólizas de seguro sanitario y extender la sanidad a la primera infancia.
Esas posibilidades tan sencillas se ven mermadas por unos medios de comunicación controlados por los poderes económicos, y por una opinión pública que evita entrar al trapo en el drama de la pobreza de ese país, al temblor de los que mueren en las calles o en sus sudorosos colchones por que no existe en su país la voluntad política y social amplia para satisfacer las necesidades de la mayoría de la población. Es increíble que existan conceptos en la ideología de las personas que contravienen los principios fundamentales de la ética y la moral, que tan absurda es en ese país para mostrar un pecho (el discutido caso de Janet Jackson en los premios de la MTV) pero no para alimentar morgues como consecuencia de las teorías de Adam Smith.
Por último, poco puedo esperar de la futura reforma sanitaria de Obama. Se espera más del bombo que se le da, que de la transformación social que hace…que es ínfima. Hoy sólo puedo mostrar mi perplejidad por que las masas se muevan en contra de su prójimo (bien es sabido que se parten barbas jurando en los tribunales ante la Biblia, pero luego la prostituyen cuando la plata lo exige), y por la tendencia a la privatización de la sanidad pública que desgraciadamente se está implantado en determinadas regiones de nuestro país… pero ese es otro tema que me guardo; y que espero que no tenga que sacar nunca del fondo de armario de mis ideas.
Mis mejores deseos para el Presidente Barack Obama, en este camino que tiene los márgenes difuminados y enzarzados; aunque mis deseos se quedan en la puerta de atrás por pretender anteponer la salud a los litigios de la economía de libre mercado.
