Hoy se cumplen 30 años de la muerte de Celia Sánchez, el cáncer, una de las lacras de la medicina sesgó la vida de la primera mujer revolucionaria que se incorporó al Ejercito Rebelde Cubano, durante la insurrección armada de la Revolución Cubana; y que llegó a ocupar altos cargos de responsabilidad en un mundo jerarquizado por y para hombres.
Su existencia, no debe pasar desapercibida, su ejemplo de sacrificio, lucha y justicia social debe de ser un sempiterno eje de actuación entre los seres humanos.
Revisando estos días la bibliografía sobre esta entrañable y firme compañera, me encuentro de bruces con su padre. El Doctor Manuel Sánchez fue el ideólogo de esta mujer, él supo sembrar en su conciencia la simiente de la independencia y el humanismo martiniano. Las experiencias que la medicina rural le ofreció, en los campos repletos de solano y mermados de caña y plata, la llevaron a engancharse a la vanguardia de Fidel Castro en su proceso dentro de la Sierra Maestra y toda Cuba.
Yo, que estudio medicina, y que me veo en el deber de consagrar mis conocimientos al servicio de los demás, sólo puedo hallar en los ejemplos del Dr. Sánchez y su hija Celia la necesidad impune de luchar contra el que explota, de liberar al que sufre. Celia, que tantas veces derramó sus manos para ayudar a su padre en las tareas de su consulta médica aprendió algo que transciende más allá de las Facultades de Medicina y que no se enseña dentro de sus muros, el sacrificio por los demás.
Esa palabra, SACRIFICIO, hoy queda enmudecida en las enseñanzas superiores, hablo en la enseñanza médica. Cuando miro a mis compañeros y compañeras en la Facultad veo un surtido grupo de jóvenes que estudia medicina, como si se tratara de una herencia producto de lo que en casa ven y oyen. Olvidan que ser médico exige una única voluntad: SERVIR AL QUE PADECE, y no sólo buscar un sueldo elevado o una posición dentro de la sociedad. Esa necesidad de servicio, la supo captar Celia, la supo llevar al máximo extremo, a la Revolución, a un conjunto de normas, derechos y deberes que tiene como objeto único asistir al hambriento, sanar al enfermo, educar al analfabeto o expropiar al que regenta en demasía y explota.
Pero el sacrificio no sólo hace referencia al servicio sobre el enfermo, sino a la exigencia que reclama estudiar medicina. Hoy acudimos a las aulas agobiados por los cambios que nos introduce la convergencia europea, la famosa Bolonia, Dicho proceso que recorta las horas lectivas en pro del aprendizaje autónomo, que puede estar muy bien para el que se dedique a la Historia, al Periodismo, o a la Física cuántica, pero no para el que tiene entre sus manos una persona.
Se reducen las horas lectivas y en cierto modo las prácticas, como si palpar el abdomen o auscultar el pecho se aprendiera con un texto de Medicina Interna…hemos perdido el Norte..sobre todo los políticos que se amedran al mercado y sus intereses…y que no saben nada de sacrificio por el ser humano…y mucho menos de Celia Sánchez. Ignoran que los recortes de docencia sólo influyen en el futuro sobre la sociedad subsidiaria de los cuidados médicos.
Yo hoy sólo puedo recordar a Celia y agradecer a su padre lo que le pudo enseñar entre las enfermedades de los campesinos a los que más que curar acompañaba, por la falta de medios; sólo puedo invocar su espíritu y firmeza revolucionaria para la tarea que me formo, y sobre todo inculcar a los que me rodean que el servicio a los demás y su sonrisa son el mejor regalo ante la adversidad y la desesperanza.
Gracias Dr. Sánchez, gracias Celia.
Fernando Leiva-Cepas.

Salud!