La situación financiera internacional está poniendo en jaque a muchos pueblos del mundo. Muchos más de los que nos tiene ya acostumbrados. La epidemia o la pandemia de los recortes se extiende. Circunstancias que no vienen al caso me han llevado a pasar en Grecia casi un mes, concretamente en la ciudad de Atenas. Hace un año tuve la oportunidad de estar allí; y entre rescate y rescate… han cambiado muchas cosas, mejor dicho han empeorado muchas cosas.
En primer término, y lo más importante es que el pueblo heleno ha sido desposeído de su propia soberanía nacional y popular. No es extraño que en las democracias occidentales ocurra esto. En estos países democráticos del orden occidental, esa palabra –democracia- retumba en los pomposos salones y Gabinetes donde se reúnen los ladrones de alto copete con los miembros y miembras del Gobierno; donde éstos últimos actúan de capataces del verdadero poder en cada país “democrático”: la gran banca.
¿Qué paradoja! Precisamente, el lugar donde se fundó la democracia por Clístenes de Atenas en el 507 a. C., es el primer resorte que salta para lesionar los principios democráticos de participación ciudadana (a mí me gusta más participación popular, si bien es menos moderno… ya vemos lo bien que funciona todo lo “moderno”). Un pueblo que ha votado un Gobierno (supuesto de izquierdas, al menos en la siglas… en España podemos dar cuenta de lo bien que funciona la “izquierda moderna”), tiene que tragar con las imposiciones de los dichosos “Mercados”, la Comisión Europea y el Fondo Monetario Internacional; los cuales no se presentan a las elecciones en Grecia (y creo que en pocos países lo hacen); pero manejan los efectos de la economía sobre los pueblos. Esta es parte de la consecuencia de basar las economías a través de sus fines y no a través de los medios. Lo explico: basarse en una economía de fines, supone que todo está orientado a que la economía crezca, sin tener en cuenta los esfuerzos de los que sostienen la economía (a través de su trabajo, sus impuestos, sus actividades…).
Este crecimiento, sostenido pero no ilimitado, no significa que el país “vaya bien”; en su conjunto puede crecer; pero no refleja que ese crecimiento tenga distribución repercusiva en las infraestructuras o que llegue a la población a través del reparto (hermoso pero escaso verbo). En España, nuestros gobernantes se jactaban de que nuestro país era el que más crecía de la Unión Europea; sin embargo, nuestro pueblo está plagado de casos de familias mileuristas con hipotecas a 35 años ¿Dónde ha quedado ese 3% anual del PIB, arrojado por el ladrillo y los bajos salarios? Probablemente más de uno y más de dos; estarán machacando el ladrillo y aliñándolo con un vinagre de mortero acompañado con guarnición de tres millones de albañiles sin trabajo.
Respecto a la economía de medios, la diferencia es más ostensible que la basada en fines, es que el conjunto decide (a través de sus representantes DEMOCRÁTICAMENTE elegidos) cómo alcanzar los objetivos tanto de crecimiento como repercusión social. Esto es, organizar los esfuerzos fiscales progresivamente, planificar el gasto en función de las necesidades; entre otros aspectos que ahora no vienen al caso.
En segunda instancia, qué sacrificios tienen que hacer los que padecen el rescate en sus desprovistas carnes, cuales peces condenados al garlito.
Ha llegado la era de los recortes, los “excesos” del café para todos, ha llegado a su fin. Esta afirmación es simplista e inexacta de lo que ocurre por ejemplo en Grecia, pero es totalmente extrapolable a España o Portugal. Si se ojea la prensa, o lo que sea eso que se vende en los kioskos cada mañana… muchos analistas y economistas de “dudosa reputación” atacan con severidad al derroche y a los servicios públicos como caros, insostenibles o asumibles por la población con aportaciones económicas reducidas –copago-. Siempre que el hambre aprieta, la búsqueda es cómo gastar menos, y eso es legítimo y normal… pero y ¿por dónde ingresar más? Es que aquí sólo se ha hablado de recortar; y cuando digo aquí me refiero a Grecia y España (que si bien sus peculiaridades económicas son diferentes, los ataques de los pergeñadores del Tratado de Maastrich, Amsterdam, Niza y Lisboa exigen a los dos por igual). En ambos casos se ha optado por la subida de los impuestos indirectos; el IVA en los dos países ha subido una media de un 3% para España y hasta un 7% para Grecia (con una renta per cápita inferior a la nuestra y un salario medio de 600 €); este esfuerzo fiscal que tienen que hacer los helenos y los españoles repercute directamente sobre el consumo; esa repercusión sobre tal actividad económica sólo influye en el alargamiento de la agonía… de la más que alejada –o imposible- recuperación económica. Pero además se han subido los impuestos directos: se han modificado los tramos del IRPF en los dos compañeros territoriales de fatigas, recayendo todavía más la presión fiscal sobre la población media; que no clase media (esa almáciga de quiero y no puedo que por motivos ideológicos no se resignan a que son trabajadores por mucha empresa que tengan o muchos fonendoscopios que lleven atados al cuello). Además de la disminución de la dotación presupuestaria para el sostenimiento y promoción de los servicios públicos (esos demoníacos regalos que Papá Estado hace a quien no lo merece, he oído yo por ahí).
Además, independientemente del castigo de forma directa e indirecta que se hace al bolsillo de las capas amplias de la sociedad; se condena aún más al hambre y la humillación. ¿Sabe Angela Merckel y Nicolás Sarcozy que un pack de latas de atún en conserva cuenta en Grecia 6 euros? ¿Se han percatado estos señores que un tambor de detergente de tamaño normal oscila entre 21 y 25 euros? ¿Han utilizado alguna vez el aceite griego a 4 euros el medio litro? Estos precios son un escaso ejemplo de lo que tienen que pagar los ciudadanos griegos cada vez que tienen la osadía burguesa de comer a diario con un sueldo medio, repito, de 600 euros mensuales. A esto se suman el despido de funcionarios de carrera, privatización y venta al mejor postor de las empresas públicas estatales (que son rentables… ningún empresario compra algo en ruina… sería un poco lelo); nuevos tributos sobre la propiedad que deberán de pagar sin ningún tipo de exención fiscal para los desempleados (cerca del 17 %, aunque su principal problema no es el desempleo sino el déficit acarreado de políticas de baja presión fiscal que no ingresan lo suficiente para mantener su propio Estado) y jubilados.
¿Creen verdaderamente los dominguillos de las locomotoras europeas –Alemania y Francia- que al pueblo griego se le pueden pedir más esfuerzos? ¿Por qué no bajan a la tierra de Sócrates y Platón, y se dejan de Olimpos monetarios que asfixian a poblaciones enteras? ¿Le parece justo a Papandreu pedir más sacrificios a su pueblo cuando el tiene un sueldo superior al de Obama, con menos territorio entre sus fronteras y treinta veces menos habitantes? ¿Por qué no pide esfuerzos fiscales a los armadores griegos… que son muy patriotas para los desfiles, pero que esconden sus fortunas y negocios en Suiza, Liechestein y Gibraltar? ¿Qué pensaría Andreas Papandreu –padre del actual Primer Ministro- al ver que su hijo está desmontando el Estado del Medioestar que creó cuando alcanzó el poder? Estas preguntas no las he de contestar yo, que sea el pueblo griego quien las exija y las haga cumplir con su voto si pueden; con la fuerza en último término: porque morir hemos de morir todos… hagámoslo por lo menos con dignidad y luchando. Recuerdo unas palabras de mi recién desaparecido camarada Cepas: el que no tiene nada, si lucha… poco puede perder,
He tenido la oportunidad y el privilegio de ver Grecia, de hablar y mezclarme con sus gentes… y no pueden más. Es cierto que no tienen una industria y que el turismo es en muchos casos “pan para hoy y hambre para mañana” pero si tienen la valentía para enfrentarse a los mamporreros guardianes del Gobierno griego. Sólo puedo desearles fuerza, lucha y coraje. La razón la teneís, la fuerza también; haced que con vuestra palabra y vuestras manos salten los resortes del mundo en aras de unos valores éticos y civiles que la cuna de vuestra nación siempre ha tenido. Recordad vuestro lema nacional: Eleftherì-a i Thànatos –Libertad o muerte-; la libertad está secuestrada y la muerte os la están buscando. Mis mejores deseos… “a la calle que ya es hora de pasearos a cuerpo y mostrad que pues vivís y anunciáis algo nuevo”.
