Si no reconociéramos cierta alegría porque el Partido Republicano en los EEUU perdió frente a Barak Obama las elecciones, seríamos unos seres desalmados porque sin duda la era Bush ha sumergido al mundo como nunca en una pesadilla espantosa de la que parecía muy difícil salir o escapar.

Por tanto, nos alegramos de la victoria de Obama, claro, que nos devolverá a la era Clinton, a ese tipo de gobierno que no asusta y cuyo presidente sonríe mucho, pero que sin duda es otro tipo de imperialismo: un imperialismo de rostro amable, que necesitan en el primer cargo político mundial no solo a alguien altamente cualificado, sino a auténticos seductores que dirijan sutilmente a la opinión pública, se llamen éstos Clinton u Obama.

Pero la 'era belicista y neocon' no era una espantosa pesadilla, sino una dura realidad que parecía inacabable para el mundo. Sufrida dolorosa y gravemente en algunos países del Tercer Mundo, los principios políticos de ultraderecha en los que se sustentaba crearon las políticas agresivas de Bush y Cheney que se convirtieron durante años en guerras, muerte, hambre y destrucción.

Así ha sido para Irak, Afganistán, Colombia, Congo o Palestina. Representante de la extrema derecha fundamentalista norteamericana y a la vez altísimo empleado de las grandes multinacionales petroleras sin escrúpulos y de las empresas armamentísticas de los EEUU, para lograr sus objetivos económicos y expansionistas, ese imperialismo necesitaba la guerra. Imponer un Nuevo Orden Mundial y hacerlo hegemónico sin pararse en contemplaciones. Mostrando la sangre como una necesidad de su 'civilización salvadora'.

George Bush hijo impulsaba desde hacía años el imperialismo guerrerista más duro y salvaje que hemos visto en el mundo después de la Guerra Fría. La ortodoxia neoliberal, política y económica, ya había traído el hambre, el desempleo y la precariedad a la vida de millones de personas a los países pobres del tercer mundo. La era Bush a todo eso, sumó también el descaro de la guerra, y con ella no solo lograr el negocio ilegítimo del petróleo, no solo vender armas y enriquecer a banqueros y a empresas depredadoras. Buscaba un objetivo de más largo alcance: destruir cualquier orden mundial basado en el derecho internacional, en Naciones Unidas, en unas mínimas normas legales y de convivencia avaladas por todos.

Bolton lo expresó con claridad: la ONU debe desaparecer, el imperio debe basarse en la fuerza, en la barbarie, para imponer nuestro modo de vida. Las sociedades democráticas deben legitimar y acostumbrarse a la guerra.

Guantánamo fue además el desafío brutal de Bush contra el Derecho Internacional, contra las convenciones internacionales, para demostrar que ya no valía la Declaración de DDHH de Naciones Unidas de 1948, porque ellos se la saltaban impunemente.

Con la excusa, hoy imperfecta, de la lucha antiterrorista, Bush y los suyos impusieron un estado de excepción global donde ellos usaban la fuerza y la costumbre de la guerra, la tortura y la barbariea frente a la aspiración universal noble y colectiva existente hasta entonces, al menos convencionalmente, de construir un mundo en paz y justicia, donde se respeten y desarrollen los derechos humanos de las personas y los pueblos. Ellos venían a imponer por la fuerza de la guerra, un mundo que aceptara otra vez la tortura y la barbarie del fuerte. Un mundo sin Derechos. Un mundo que se acostumbre a la guerra y donde los derechos humanos no existan, estén proscritos, por ilegales, imposibles, utópicos, subversivos, revolucionarios, terroristas...

Pero una cosa son los cálculos de los Think thank y de las aguilas negras de Condolezza Rice (Arroz) y otra los resultados, nefastos en la práctica militar, de las guerras de Irak y Afganistán. Con el fantasma colectivo de Vietnam; empantanadas y sin salida ambas guerras; incapaces de ganarlas militarmente y de ser mostrada por tanto de forma contundente la hegemonía imperial norteamericana; enfrentados a costosísimos gastos de presupuesto y a una opinión pública mundial crítica y escéptica que se movilizó firmemente en las calles contra ellos; deslegitimados por las burdas mentiras de la guerra de Irak, y sumergido EEUU en una crisis económica impensable algún año antes, los ciudadanos de los EEUU han dicho por fin que no a Bush, y a su vulgar continuador Mc Cain, y se han dejado seducir -lo necesitaban- por un tal Barak Obama, cuyo equipo ha desarrollado sin duda una brillantísima campaña basada en esa seducción, vinculando a este presidente negro (aunque menos negro que la terrorífica ministra arroz) a la llamada emocional de creer en un "nuevo sueño americano", y en la necesidad de un profundo cambio político dejándolo en manos de un humanista negro que representaba las esperanzas e ilusiones de JFK, de Luther King, de los ciudadanos comunes y corrientes.

Sin embargo, Obama acaba de llegar, aún casi no está pero ya ha nombrado en los más altos cargos del imperio a políticos y personalidades que no son nuevas, ni destacados luchadores por los derechos civiles, sino curtidos cuadros y especialistas del gobierno Clinton, empezando por la propia Hilary. ¿Dónde está el cambio entonces? Recordamos aquí que fue Clinton el que ordenó el bombardeo y el troceamiento de Yugoslavia o la aplicación del Plan Colombia.

La cuestión es: ¿Pueden esperar los pueblos pobres del Tercer Mundo con Obama otras políticas en el Fondo Monetario Internacional? ¿Puede esperar el pueblo palestino algo más de un Obama que hasta ahora ha contemplado con cómplice silencio la ofensiva militar de Israel que ha producido deliberadamente la masacre de cientos de sus niños, la destrucción de sus escuelas, viviendas y hospitales?

¿Puede esperar Irak o Afganistán el fin de la guerra y el fin de la ocupación? ¿Puede esperar el pueblo colombiano el fin del apoyo militar a Uribe, el hombre del paramilitarismo mafioso y criminal en Colombia? ¿Puede esperar la humanidad de verdad medidas serias contra el calentamiento global y un enfrentamiento de Obama con las multinacionales más contaminantes? ¿Pueden esperar los pueblos latinoamericanos respeto democrático para sus procesos de cambio y el fin del intervencionismo yankee en su vida política? ¿Puede esperar el Congo que se dejen de financiar interminables guerras locales desde multinacionales americanas que solo desean atrapar suculentos contratos de extracción mineral a costa de la sangre pobre que sea necesaria?

Si bien no podemos dejar de saludar la decisión del cierre por decreto del escandaloso campo de concentración y torturas que es todavía hoy Guantánamo, no entendemos como Hilary Clinton plantea al tiempo al gobierno español que nos solidaricemos en España con la "acogida" a presos detenidos ilegalmente que van a ser trasladados a cárceles europeas también ilegalmente, otra vez, esta vez de forma reconocida. ¿Si fueron detenidos ilegalmente, trasladados ilegalmente, torturados ilegalmente...no deberían quedar en libertad inmediata? Ha sido el Tribunal Supremo de los EEUU el que lo ha dicho: se ha violado el derecho de defensa y la Convención contra la Tortura.

España, aemás, no fue una fuerza de ocupación, sí una fuerza cómplice de ocupación, de una guerra ilegal e ilegítima, de un genocidio irakí vergonzoso basado en las mentiras de las armas de destrucción masiva que supuestamente tenía Sadam Husein. ¿O sí fuimos una fuerza de ocupación al decretar el entonces presidente español Aznar en las azores la guerra contra Irak con Blair y Bush? Decretamos y apoyamos una invasión, y por tanto Aznar cometió, seguramente, un delito internacional: el delito de agresión contra los pueblos. Pero esto es tema para otro artículo.

Obama debe demostrar que de verdad, y no solo en las declaraciones electorales, su nuevo gobierno supone un cambio progresista para EEUU y para el mundo. Por ejemplo, deberá demostrar si de verdad quiere construir un fuerte sistema público de salud en EEUU, con el que se ha comprometido públicamente. Le será muy difícil. En el imperialismo, el capitán no es más que un mandado de oscuros engranajes. Eso no significa, claro, que no suponga alguna mejora incontestable, pero sí que no debe esperarse tanto, y sí que hay que exigirle todo lo que prometió.

Porque nos guste creerlo o no, y más allá del electorero "yes, we can" el imperialismo seguirá siendo imperialismo.. Y frente a el, aun con un rostro amable (con un Obama blando al frente) la solidaridad con la lucha de los pueblos del mundo, especialmente con los pueblos del sur, por su independencia política y económica, por su derecho a vivir en paz y en libertad, con justicia, desarrollo y soberanía alimentaria, será siempre un deber de todos los republicanos de izquierda españoles. El combate y la lucha necesaria de todo revolucionario antiimperialista.

Francisco José Pérez Esteban


Secretario de DDHH y Solidaridad Internacional de Izquierda Unida Federal

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