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El XVIII Congreso del PCE ha sido convocado, sus materiales distribuidos, las fechas previstas y los mecanismos del proceso en fase de organización por las distintas federaciones. Pareciera como si todo explicitase normalidad, desarrollo rutinario o el cumplimiento previsto de un proceso sin más incidencias que la sucesión de acontecimientos transcurridos desde el XVII Congreso. Documentos, circulares, declaraciones, etc vuelven a incidir en las pautas ya conocidas y reiteradamente expuestas congreso tras congreso: reforzar el PCE, relanzar las alianzas, potenciar IU, tomar nota de los fracasos del capitalismo, apelar a la movilización, instar al ejercicio de una militancia activa capaz de incidir en su entorno y por ende motivar a la afiliación y poner- una vez más- las esperanzas en los logros del congreso venidero.
A lo largo de nuestra ya larga historia hemos tenido debates sobre estrategia, línea política, alianzas y proyectos de largo alcance. Pero también los ha habido gratuitos, accesorios, inoportunos, inútiles y sobre todo ocultadores de las razones últimas y profundas; el del IX Congreso por ejemplo. En aquella ocasión la cuestión central y escamoteada mediante el ruido del leninismo si o leninismo no era la adecuación de un PCE preparado y organizado para la ruptura democrática a una realidad pactada y asumida como marco para una estrategia homologada con la nueva situación. También nosotros hemos tenido nuestro Bad Godesberg.

¿Cuál es el debate que se propone? ¿Para qué? ¿Qué estrategia se pretende desarrollar? ¿Hemos calibrado los sujetos, alianzas, valores, actitudes y programas necesarios para superar en positivo esta crisis de civilización? ¿A qué llamamos izquierda? ¿En qué situación se encuentra el Movimiento Obrero? ¿Se corresponden las siglas, incluidas las nuestras, con lo que significaron antes? Desde hace décadas hemos esquivado el debate de fondo, la cuestión crucial, el reto que suponía -y supone- concebir, desarrollar e impulsar una organización revolucionaria que en vez de auto- postularse como vanguardia se constituyese como levadura, fermento, génesis permanente de todas las instancias económicas, sociales, políticas y culturales de liberación que la sociedad promueva para su autopromoción como Alternativa. Y aunque hemos sido capaces de crear líneas de acción política correctas y apuestas estratégicas novedosas al final se ha ido imponiendo siempre el viejo y soterrado debate que nunca hemos podido, sabido o querido superar: ¿somos capaces de impulsar una propuesta alternativa sin pagar el peaje gregario de lo coyuntural, institucional o episódico? Entre quienes concebían IU como una fuerza subalterna, quienes por reacción se acogían al quietismo del lugar sagrado y seguro de las esencias y quienes estaban condenados a escoger lo menos perjudicial hemos gastado energías sin cuento. Sin faltar tampoco quienes han hecho de la militancia en los distintos niveles de dirección, una simple cuestión de apuntes contables en el DEBE y el HABER que conforman el arqueo previo a las listas, asesorías y expectativas de destino.

Someto a reflexión tres cuestiones sobre las que pasamos de puntillas sin apenas hacer referencia. Tres hechos que debieran haber producido un deseo de afrontar los problemas de fondo. Tres momentos o procesos que, a mi juicio, constituyen los síntomas de un declive cuando no el preaviso de muerte por consunción.

Quien se moleste en saber la militancia en origen y no abandonada, de los órganos de dirección de IU quedará estupefacto, en la mayoría de los casos los hombres y mujeres del PCE son en muchos lugares el 80% o más, de dichos órganos. En todas las crisis que hemos padecido y que se han resuelto con el paso de cargos públicos, responsables sindicales y dirigentes al PSOE la inmensa y abrumadora mayoría eran del PCE; ¿nos molestamos en hacer un recuento federación por federación? Hemos preferido imputar el hecho a la existencia de IU como si ésta fuera algo extraño, externo o superficial al PCE. Y la locura ha continuado cuando dirigentes de IU y también del Partido han caído en la misma operación de tramposo auto-engaño imputando a su Partido los males de IU. ¿No ha llegado el momento de debatir serena y profundamente qué significa militar en nuestra organización? ¿No ha llegado el momento de abordar sin miedos las causas profundas de esta miseria política? ¿No es horas de definir sin dicterios, dogmas, intereses personales o huidas hacia la nada cual es el sentido, estrategia, práctica política y ética personal de una fuerza de principios del siglo XXI? Los hombres y mujeres de una organización comunista en cuanto que ésta supone militancia y co-participación activa en el diseño de un mundo nuevo, deben aceptar la prioridad de esta opción en cuanto que la misma constituye su apuesta básica y primordial. Pero debo añadir a continuación que en absoluto es esta una cuestión a la que acogerse para respaldar mediante la disciplina cuartelera las medidas más arbitrarias. Es inherente a la condición y militancias comunistas la ética personal y política. Recobrar esa actitud personal y colectiva solo puede hacerse mediante un proceso de convocatoria para un momento fundante o si se quiere re- fundante.

El XVII Congreso aprobó por práctica unanimidad la puesta en marcha de un proceso que culminase con la redacción de un nuevo Manifiesto- Programa para ser aprobado bien en una Conferencia convocada a tal efecto o bien en el XVIII Congreso. Desde hace dos meses obra en poder de la dirección la propuesta de informe que sobre el desarrollo del proceso he elevado para su discusión en el Congreso. Pero más allá de esta información queda el hecho de que los resultados conseguidos han sido decepcionantes. Y aunque ha habido organizaciones que se entregado al estudio y debate de los cuestionarios la realidad es que han sido éstas muy minoritarias. Se ha aducido que el PCE no está preparado para un debate de estas características; no olvidemos que entre los objetivos marcados para la redacción del Manifiesto- Programa estaban, entre otros, la galvanización del PCE y la apertura a una nueva militancia de izquierda revolucionaria. Si lo que ha sucedido con el Manifiesto Programa no merece una reflexión colectiva que conlleve una reacción de cambios profundos, es que hemos perdido la capacidad de respuesta.

La Fiesta del PCE ha sido siempre algo más que un evento lúdico y político. Aparte de una demostración de convocatoria nacional e internacional era un momento, un lugar y una manifestación muy visible de que en el convencional mundo de la política al uso la izquierda lanzaba sus propuestas, reunía a los suyos y en sesión festiva, abierta y fraterna enseñaba como lo nuestro es revolucionario a fuerza de apostar por la vida.

El que por segunda vez nuestra Fiesta no se celebre en Madrid, capital del Estado Español, es un síntoma, una evidencia de disgregación. Y en esta cuestión no valen los amores por las patrias chicas o los reconocimientos a méritos o situaciones geográficas específicas; el PCE tiene su dirección federal en Madrid. Que sin duda no había otra solución; es posible. Que las dificultades para mantener la Fiesta en su formato clásico habían aumentado; es probable.

No es una cuestión que se salde con imputar la responsabilidad total a la dirección de turno. Es la expresión, más que simbólica, de un proceso de disolución del PCE como fuerza vertebrada, organizada y con voluntad de presencia en toda España. Y eso no puede se sustituido por “ententes” entre algunas federaciones o partes de ellas porque niega en la práctica nuestra concepción de Partido y del Estado Federal Español. ¿Merece esto una reflexión?

Soy consciente de que sobre estas cuestiones y otras muchas más hay opiniones y sobre todo inquietudes en toda la militancia; sin embargo a la hora de afrontarlas serenamente se apodera de nosotros el miedo escénico. Nos hemos transformado en una gigantesca casa de Bernarda Alba en la que todas y todos somos a la vez Bernarda, sus hijas, la abuela y la Poncia. Sobre nosotros planea constantemente el deseo- ausencia de Pepe el Romano pero gana siempre la partida el miedo castrador y letal.

Es esta una ocasión para que el PCE, arriesgando, convoque a refundación y a rearme ideológico consecuente. Pero esa es una decisión que implica un nuevo compromiso, nuevas expectativas, entrada de sangre roja y nueva, relanzar la historia del PCE en otra fase, afrontar una breve travesía del desierto (lo que duran unos cuantos telediarios) y aclarar posiciones en torno al Movimiento Obrero y sus actuales organizaciones. Una entidad o fuerza comunista hoy día es la portavoz, de palabra y hechos, de una civilización alternativa pero que surja de las entrañas de ésta. El compromiso con la realidad para cambiarla es una permanente seña de identidad. ¿Qué hacemos en el XVIII Congreso?

admin
12.04.09

Vuelta al Manifiesto

Desde hace unos años pero especialmente desde que la crisis se está mostrando tal cual es, de civilización, vuelven a demandarse en librerías las obras de Marx y Engels; vuelve a constatarse que no están en absoluto muertos o superados.
Pero hay dos maneras de volver los ojos a los maestros. Una de ellas consiste en el regocijo autocomplaciente de sentirnos confirmados en nuestros postulados vividos como fe.

El "llevábamos razón" se constituye en la única consecuencia a sacar de la realidad que se desarrolla ante nosotros; y a partir de ahí a esperar que los tiempos nos traigan el futuro anhelado. Hecha por nuestra parte la primera apuesta lo demás vendrá por añadidura.

Yo creo, sin embargo que debe ser otra la actitud con la que abordemos las lecciones de estos días. Una actitud que se fundamenta en una decisión personal y consecuente con nuestra historia de organización de lucha por el Socialismo: ¿cómo prepararnos individual y colectivamente para dar las respuestas necesarias? Y es aquí donde nuestra mirada a los clásicos y sobre todo al Manifiesto Comunista cobra un sentido de preparación, de conexión con la fuerza del pensamiento liberador y sobre todo con las líneas de actuación en todos los planos de la actividad política: económica, social, política, cultural, ideológica y ética.

La vuelta al Manifiesto nos sitúa ante la evidencia de una formulación sencilla, clara y sin ataduras de dogma alguno: el capitalismo debe ser sustituido mediante la acción consciente del proletariado y sus aliados y en esa acción los comunistas no tienen otros intereses que los de los oprimidos ni otra característica que tener siempre como guía para la acción que ninguna lucha, ninguna actividad, ningún esquema organizativo tienen sentido si no están indisolublemente orientados hacia el objetivo final: el comunismo.

Desde esta posición, que implica además una renovación de nuestra disponibilidad para incorporarnos a la tarea de militar organizadamente, debemos contemplar la situación, el estado de la herramienta política a la que hemos dedicado esfuerzos, dedicaciones, sacrificios e ilusiones ¿somos en estos momentos la organización adecuada para incardinar en esta época y en esta situación del siglo XXI el proyecto que Marx y Engels presentaban a la Liga de los Comunistas?

Es obvio que nuestra teoría, nuestras luchas y toda nuestra historia se han ido enriqueciendo con aportaciones, ejemplos, experiencias y situaciones que la historia ha desarrollado. Pero en esta hora de singular importancia, de especiales características y acuciante necesidad debemos, si queremos ponernos a punto, calibrar qué cosas, qué estructuras organizativas, qué alianzas, qué modos de intervención política y qué prioridades debemos acometer. El transcurrir de los tiempos pone sobre las organizaciones una pátina que las esclerotiza. ¿Cuál es la organización comunista necesaria para que la crisis se resuelva de otra manera que no sea la de siempre? ¿Qué tipo de militancia? ¿Qué alianzas? ¿Qué papel?

Creo que si de verdad queremos seguir existiendo como comunistas organizados debemos combatir la inercia confortable de la casa segura pero cada vez más deshabitada y buscar con otros comunistas y revolucionarios la identidad comunista adecuada a esta fase.

Planteo esta cuestión no sólo por manifestar una preocupación propia y que vengo manteniendo hace tiempo sino como acicate para que el próximo Congreso de nuestro Partido entre en materia sin miedos, reservas o desconfianzas.

julioanguita
28.02.09

Hic Rhodus, hic salta

Carlos Marx utilizó varias veces la expresión que titula este artículo refiriéndose a la actualización de las palabras de Esopo en unas de sus fábulas. Contaba éste que ante un auditorio de ciudadanos, un fanfarrón presumía de que cuando estaba en Rodas había hecho proezas atléticas sin cuento; sobre todo en el salto. Uno de los oyentes, harto de tanta verborrea le increpó : Aquí está Rodas, salta aquí . La enseñanza está clara, en vez de hablar hazlo ahora; te toca demostrar en la práctica lo que blasonas en discursos y peroratas.

La nueva dirección de IU tiene ante sí el reto de impulsar, desarrollar y presentar ante una nueva Asamblea Federal el proyecto de Refundación al que se han comprometido. Ha llegado para todos la hora de hacer buenos los propósitos, los horizontes, las prácticas, los valores y los métodos que son inherentes a la tarea comprometida. Ya estamos en Rodas.

Del proceso que desembocó en la Asamblea de los días 15 y 16 de Noviembre puede decirse de todo menos que ha sido modélico y edificante. El que cada parte aduzca razones, análisis y reflexiones sobre las causas no puede hacer olvidar que eso no puede repetirse y ello porque esa repetición sería la última e irreversible paletada de tierra sobre el féretro de IU. El que una Asamblea Federal se realice sin que nadie presente un informe en nombre de la dirección saliente es una anomalía difícilmente homologable con un proceso democrático.

Es por eso que los responsables del proceso que en puridad debe ponerse en marcha, tienen ante sí dos fuertes handicaps, dos fuertes e inexcusables retos : ganarse la confianza perdida y ser capaces de generar procesos de participación democrática en la tarea de refundar IU, sean cuales fueren las consecuencias para sus aspiraciones a seguir ejerciendo tareas de dirección o institucionales en la organización reconstituida. Un proceso como éste debe ser asumido con todas sus consecuencias; lo único que importa es articular una organización de izquierdas capaz de estar a la altura de las circunstancias y las demandas que las mismas están haciendo de manera imperiosa. Este proceso no es otra cosa que una convocatoria a toda la izquierda revolucionaria o transformadora.

A lo largo de todo el proceso previo a la Asamblea tanto unos como otros han declarado ser partidarios de la refundación de IU. Es evidente que una parte de la organización ha desarrollado documentalmente una propuesta de refundación concreta, centrada en puntos de compromiso y con carácter vinculante ; otras visiones han desarrollado el concepto refundación en torno a deseos, anhelos y previsiones genéricas, bienintencionadas y bastante evanescentes. Les toca a los primeros ser consecuentes y a los otros aterrizar en tierra firme. A los unos hay que exigirle que apliquen lo comprometido y a los otros que se aclaren y aclaren su propuesta en román paladino.

Pero no está de más recordar lo que de manera mayoritaria la Asamblea aprobó. Aunque a fuer de sinceros debemos ser conscientes de que la documentación aprobada necesita de aclaraciones y limpiezas de estilo que pongan en el hilo de la lógica aspectos y contenidos de un documento parido a plazos con añadidos y refundiciones. Y es que la única preocupación fue invalidar y quitar mordiente a las propuestas más comprometedoras; asumir para neutralizar. La tarea de ordenar los conceptos, limpiar el estilo y recomponer las fuentes documentales primitivamente aprobadas, es inexcusable.

Es más que evidente que la llamada refundación de IU no es otra cosa que un proceso constituyente en el que la participación para desembocar en una izquierda con vocación de construir alternativa es el eje central. Y al hablar de proceso constituyente conviene tener presente que los parámetros sobre los que el proceso se realiza ya están dados: Movimiento Político y Social, el Socialismo como horizonte , la Democracia como método, instrumento, fin, objetivo y práctica cotidiana, organización de la sociedad mediante el desarrollo del amplio y rico concepto de movilización, adquisición de conocimientos, programas, estructuras alternativas, la Política como acción vinculada a la transformación revolucionaria y sobre todo el ejercicio ejemplarizante de otras formas de entender, practicar y desarrollar la praxis política tanto en la sociedad como en las instituciones. Eso es lo que contiene la afirmación de que la refundación no puede hacerse en clave endógena. Cualquier intento de blindar desde el inicio la permanencia de personas, grupos o intereses dará al traste con la operación. Asumir el riesgo es inherente a todo cambio revolucionario.

La situación económica, social, política e ideológica por la que atravesamos le da IU una reconfortante constatación de que sus elaboraciones y posicionamientos ante difíciles coyunturas se han mostrado válidos: la incompatibilidad de los DDHH con el capitalismo, la chapucera construcción europea, la corrupción inserta en los entresijos del Estado, la vacuidad de muchos discursos políticos, los medios de comunicación y el simplismo de titulares al servicio de prebendas e intereses de poder, la necesidad de un lenguaje preciso y una prácticas políticas claras, concretas, honestas, ligadas a los interese mayoritarios, la desacralización de las instituciones, la chapuza política de la Transición y los beneficiarios de la misma, el republicanismo como concepto alternativo de Sociedad y de Estado, etc constituyen el HABER que nuestra historia de casi 23 años ha acumulado. En esa roca debemos sustentar el proceso. La persona electa como Coordinador General goza de confianza y arranca con un plus de credibilidad ganado a pulso en toda su ejecutoria política, en su intervención ante la Asamblea Federal y durante los días transcurridos hasta su elección. Pero el equipo que encabeza si quiere corregir lacras del pasado, debe actuar como lo hace cualquier colectivo que por estricto sentido de lealtad sea co –responsable y solidario con las decisiones tomadas por él mismo. Siempre, pero en estos momentos más, una dirección si quiere ser respetada, debe eludir el miedo escénico y ser consecuente con sus cuatro únicos compromisos a los que se debe: la Ética política, el programa, los militantes y los votantes. Todo lo demás es aleatorio e irrelevante..

El organigrama aprobado obedece sin duda a la correlación de fuerzas y a los pactos áulicos entrecruzados desde la Asamblea Federal hasta el día 14 de Diciembre. El debate previo y abierto que se publicitó no ha tenido lugar. Y desde esta evidencia ni siquiera puede encontrarse un símil con las palabras del Duque de Salina en Il Gatopardo. Apenas ha cambiado nada.

La creación de una Secretaría dedicada a la Refundación de IU y directamente dependiente del Coordinador General puede ser la señal de que efectivamente se va a abordar el compromiso y la necesidad de regenerar el proyecto desde la convocatoria constituyente. Pero si la misma queda relegada a un adorno en el organigrama para distracción de críticos o tranquilizador de conciencias poco va a durar el sedante. La persona elegida para tal misión es capaz, conoce perfectamente las propuestas y los apoyos que tienen las mismas. Pero debe saber que de él se espera que más pronto que tarde plantee ante la dirección una propuesta de trabajo para que ésta sea discutida, aprobada y puesta en marcha con plazos, métodos y ritmos que vinculen a toda la organización sin exclusión alguna territorial, personal, grupal o de sensibilidad.

Y en esta tarea no caben filtros previos, alquimias de probeta, retorta y alambique. Esta organización o lo que queda de ella, puede ser galvanizada – todavía- si se la convoca para su regeneración. Y desde ahí se creará una dinámica que incorporará gentes, colectivos, procesos y haces de fuerza que hagan resurgir la izquierda. Claro está que la labor es titánica e incompatible con los equilibrios palatinos instalados en il dolce far niente. Ya sabéis compañeros y compañeras Aquí está Rodas, salta aquí.

julioanguita
28.02.09

Ladran pero no cabalgamos

Una ingente cantidad de editorialistas, redactores, tertulianos, analistas reputados de sesudos, showmen de magazines y en general todos aquellos y aquellas que quieren sentar cátedra de fieles alineados con "nuestra democracia", la Constitución y el "mundo libre", vierten un día tras otro, las consignas que sus propietarios les marcan en la hoja de ruta del quehacer periodístico cotidiano. Fotos trucadas, silencios mendaces, tergiversaciones clamorosas y artículos de escritores laureados conforman el diario menú con el que se nutren periódicos, revistas, radios y televisiones. Los gobiernos de Cuba, Bolivia, Venezuela, Ecuador, etc constituyen el blanco de sus dicterios en el marco de una referencia descalificatoria más global; el comunismo y las políticas "populistas anti-mercado".

Y no se trata de análisis más o menos aviesos pero con un mínimo de datos y rigor o de exposiciones que se basen en un trabajo previo (siquiera tendencioso) de investigación, sino de torrentes y torrentes de baba sazonados con zafiedad, estulticia y ausencia total de deontología profesional. Desde todos los puntos cardinales se lanza una permanente descalificación a las ideas comunistas o simplemente de izquierda consecuente. Programas en los que la revolución soviética se equipara al nazismo o al fascismo en todas sus encarnaciones, tergiversaciones o silencios de hechos históricos que podrían demostrar, siquiera con tacañería, aportaciones, realizaciones y logros conseguidos en nombre de otra forma de entender la economía, la política, las relaciones sociales o las preferencias a la hora de redistribuir la riqueza. Es más, cuando las zaheridas víctimas de sus desafueros verbales son ejemplos clamorosos para este mundo occidental nuestro, en la práctica de la democracia hasta extremos no usuales por estos pagos, se les ridiculiza, cuestiona y coloca en la picota.

¿Por qué? ¿Cuántas ojivas nucleares tienen estos países? ¿Están en peligro los niveles consumistas de nuestra sociedad? ¿Son menores los latrocinios de nuestras empresas allí instaladas por ser españolas?¿Qué tiene de malo que se pretenda dignificar y elevar el nivel de vida de todos sus habitantes sin exclusión? ¿No son acaso mandatos imperativos de las Naciones Unidas el conseguir que todos los DDHH se extiendan a toda la población? ¿Pero no habíamos quedado que el comunismo ha fracasado y carece de cualquier posibilidad de renacer?¿Es que Fukuyama no extendió bien el acta de defunción de esta "quimérica idea"? ¿Acaso no han saludado a las organizaciones ,otrora de izquierdas, cuando éstas se bañaban en el Jordán de la "izquierda posible"?¿No es cierto que habéis vencido y la "bendita globalización" avanza en la resolución de las lacerantes diferencias internacionales y sociales?

La cuestión radica en otro sitio. Tras la "derrota del comunismo" las ideas del libre mercado, la competitividad y el crecimiento sostenido darían paso a un mundo libre, sin gastos armamentísticos y de democracia elevada a su máxima expresión. Fue lo que vino en llamarse La Utopía de los años noventa. Incluso dentro de las formaciones comunistas y colectivos de izquierda se instaló el pesimismo, la duda sobre la propia identidad y el éxodo hacia otras formaciones políticas que representaban la izquierda no cutre (Felipe González dixit) y no moderna.

El Liberalismo, libre de sus cargas y rémoras imputadas a la Guerra Fría, podía entonces mostrar al mudo su munificencia, las bondades del credo liberal y el imperio del derecho democrático. La Socialdemocracia o izquierda puesta al día, e incardinada consecuentemente en el mundo de hoy, podía demostrar ahora cómo el Socialismo del Siglo XXI era posible sin tener que soportar la carga política de ser relacionada, ni siquiera de lejos, con los derrotados.

El problema de las guerras de agresión protagonizadas por la OTAN , USA y "el mundo libre" en esa misma década y la siguiente, la aumentada producción de armamentos, las más de cincuenta guerras olvidadas por los medios de comunicación, la corrupción instalada en los entresijos del Estado, la amoralidad de los negocios rápidos y rapaces postulada como la nueva frontera de la Modernidad por ministros como Solchaga, la entrada a saco en los bienes y fondos públicos, el crimen de Estado, etc mostraban que el problema era otro; estaba en ellos y en su sistema.

La mayor crisis conocida: económico-financiera, energética y alimentaria, el crac permanente de las instituciones crediticias del Imperio y su incidencia en el resto del mundo, el desmontaje del Estado del Bienestar, allí donde lo hubo, junto con el crecimiento exponencial de las diferencias de todo tipo, han dejado a los sacerdotes de la nueva religión anonadados, estupefactos y confundidos. Ni siquiera las medidas que en otros tiempos funcionaban se muestran incapaces; los fondos públicos a esquilmar no son ilimitados; la libertad de mercado es hollada en nombre del intervencionismo estatal a fin de salvar a los poderosos; los países dependientes en vías de desarrollo protestan contra el intercambio desigual y el proteccionismo de los ricos. Y como trasfondo sombrío el repunte de una nueva Guerra Fría con su carrera de armamentos incluida.

No tienen salidas desde sus esquemas; sus recetas les fallan porque el sistema que los aúpa ha dado la vuelta al mundo y ya no hay espacios nuevos que explotar; por otra parte, en los viejos la competencia es terrible. Y es ahí donde está la clave del resurgimiento del lenguaje, los métodos y la propaganda de la Guerra Fría: el horno está preparado para la cocción de una alternativa de izquierda global, continental y estatal. Los ejemplos de otras formas, otros métodos y otras utopías concretadas día a día en pequeños países y en pequeñas parcelas de la realidad es demasiado evidente. En el fondo atisban que aquello de que Otro mundo es posible no parece quimérico, Saben perfectamente que la Utopía puede hacer transacción con la realidad, enraizarse en ella y producir con dificultades y esfuerzos, avances, logros y conquistas para la mayoría. Les aterra de nuevo el fantasma del Comunismo. Si no fuera así ¿por qué molestarse tanto en alancear al supuesto moro muerto?

El problema es que ellos ladran, pero al contrario del refrán, nosotros no cabalgamos. La situación clama por la construcción de una alternativa total desde la izquierda. La necesidad de una respuesta en programas, propuestas, valores, acción política, movilizaciones y organización consecuente con todo ello es más que urgente. Se perfectamente que no puede improvisarse de la noche a la mañana pero recordemos aquello de la paciencia impaciente.

Y es aquí, en esta tesitura donde nosotros con nuestros problemas estamos insertos y tejiendo constantemente un velo de Penélope para uso interno. Intensifiquemos el trabajo para que la Asamblea de IU sea el comienzo de un proceso con dos vectores o líneas de fuerza : la Refundación de nuestras herramientas y de manera simultánea y paralela la construcción de una amplia alianza que abarcando desde La Economía, El Estado, los Valores, la Ética y la Democracia promueva desde aquí, y en íntima sintonía con los demás de otras latitudes, el renacer de un tiempo nuevo.

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Julio Anguita


Ex-coordnador general de IU y ex-secretario general del PCE

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