¿Hacia donde vamos? En estos días mas que nunca me hago esa pregunta. En un mundo donde la modernidad crece a pasos agigantados, el ser humano aun esta lejos de ser una sociedad justa y avanzada, aunque intentemos pintarla de moderna constantemente para justificar el continuo fracaso de la humanidad.
La ley de la selva sigue prevaleciendo y el fuerte pisotea al débil, una y otra vez, mientras se justifica con palabras todo acto por salvaje que sea. Así surgen guerras creadas por intereses en beneficio de la paz, se especula en un mercado donde la riqueza individual no tiene limites, y la corrupción planea desde el mas pequeños de los despachos hasta los mas altos.
Olvidamos al vecino poniéndonos la venda del que no quiere ver, con el objetivo de no ser victima y sobrevivir por encima de los demás, devolviendo al hombre al principio de los tiempos a su naturaleza animal y despertando la ley natural de la supervivencia.
Dejamos de luchar y nos revolvemos en espectáculos de circo que nos evaden de la realidad, que como drogas actúan en nuestras mentes con la mas fuerte de las adicciones, generando la respuesta del derrotismo cuando despertamos a la realidad de los tiempos que vivimos.
La tela de araña de esta sociedad nos aprieta cada vez que intentamos movernos, y nos asfixia con las deudas adquiridas al seguir los pasos que nos dicen que debemos seguir, para alcanzar el éxito o alguna otra extraña cima que solo pueden alcanzar los elegidos.
Atados por el miedo, si alguna vez alcanzamos la cima en algún aspecto, nos olvidamos de donde venimos, y aferrados a clavos ardiendo aguantamos para no caernos. Creamos disfraces, títulos y hasta cambiamos el color de la sangre para ser distinguidos.
Si vamos al principio del hombre, aquellos seres primitivos, donde no había reyes ni vasallos, me doy cuenta que mi árbol genealógico me lleva a ser igual que todos, uno mas donde vivir se basaba en poderse alimentar entre todos.
Nosotros que somos los seres inteligentes, los que sabemos pensar, los que podemos cambiar esta sociedad, este mundo, en un mundo justo y mejor de verdad, acallamos las voces de la coherencia y desterramos la solidaridad culpando a los demás para acallar nuestras conciencias. Me doy cuenta que nos perdemos entre las palabras y seguimos siendo como animales que unos a otros se cazan.
La modernidad de la sociedad aun es muy precaria, los conceptos por cambiarla escasean en las mentes llamadas privilegiadas que no admiten soluciones, y mientras el tiempo pasa la incertidumbre se aposenta, pues se olvidan que detrás del hoy hay un mañana.