
El ecologismo comúnmente aceptado --el retórico, el socio-liberal, el que ejecuta bonitos brindis al sol cada día con su márketing sostenibilista, usado por las grandes corporaciones en sus anuncios publicitarios-- obvia lo más obvio. En su permanente insulto a la inteligencia, esconde que para salvar ecológicamente el planeta hacen falta leyes y educación. Y no cualquier ley, ni cualquier educación: hacen falta legislaciones ecológicas, que creen una conciencia verde universal y vayan más lejos: a la práctica cotidiana. Para tal fin, también hace falta pensar en los demás, es decir pensar globalmente. Pensar en términos socialistas, de responsabilidad social e intergeneracional.
Lejos de ésta teoría, para el modo de vida de los países ricos --basado en el derroche-- todo esto es papel mojado. Tal legislación ecologista se convertiría, de llegar a diseñarse, en coacción, en atentado a los inalienables derechos del invididualismo, por estúpidos y antidemocráticos que éstos sean. ¡Que nada turbe las duchas de 40 minutos, los litros de agua desperdiciados y las extensas facturas de gas y electricidad! ¡Ecologismo sí, pero sin que me toquen lo mío!
El presidente Chávez recomendó hace unos días ducharse en 3 minutos, como solución efectiva para la preservación y reparto respetuoso del capital natural de un bien escaso como es el agua. Aclaró Chávez al día siguente que incluso con "2 minutos y un vaso de agua con jabón" (aquí se nota su educación militar de supervivencia) uno se podía limpiar perfectamente. Sus palabras --sólo eran eso-- fueron tildadas enseguida de "recomendación comunista". ¡Dos minutos no valen ni para limpiar al perro! (animal que hoy en día disfruta de mejores "servicios de limpieza" que el 80% de la humanidad).
A su manera, el líder venezolano estaba animando --sin legislar, siquiera educar-- a ahorrar agua, gas y productos de limpieza, en un ejercicio de ecologismo político-práctico que ya quisieran para sí aquellos que (como Al Gore) venden sermones al mundo sobre el cambio climático mientras poseen piscinas con agua a 50º de temperatura, monovolúmenes 4x4 forrados con lujosas pieles y materiales escasísimos, mansiones con bestiales sistemas de calefacción --incluso el perro disfruta de estufa personal-- y aviones particulares que consumen millones de litros de queroseno en los "importantísimos" viajes relámpago que caracterizan a ésta clase social. Parece una parodia. Pero es cierto.
Y, sin embargo, nada se dice de la credibilidad que merecen tales "ecologistas", que pregonan sostenibilidad mientras compran acciones de empresas que defienden el máximo lucro, basado indefectiblemente en el consumo desmesurado. Esas empresas suelen conseguir --me pregunto si también los compran-- certificados que las acreditan como "sostenibles y limpias". Limpias de sindicalistas, será.
Una vez más, un modesto y simple consejo de Chávez ha ofrecido una fácil alternativa social al derroche y ha contribuído mil veces mejor al ahorro energético que cualquier truculento anuncio de elevado gasto y costosa huella ecológica. Al fin y al cabo, una duchita rápida siempre fue sinónimo de vida sana.