| « 12-12-12: No una mani cualquiera | La ducha de Chávez es ecologista » |
Chivo expiatorio perfecto para no hablar de la crisis
No acabo de tener muy claro dónde va a terminar toda esta "movida" que gira, desde el año 2005, entorno al nuevo Estatut d'Autonomia de Catalunya. Seguramente, el asunto acabe en algún lugar bastante frío o bien en un callejón sin salida política ni social, un descomunal choque de trenes que, de confrontar a dos ejércitos, desembocaría en una guerra.
Lo que sí tengo más claro (y ello a pesar de la total ofuscación que crean los temas "nacionales") es que este nuevo episodio --el del editorial de los diarios catalanes y la consiguiente ofensiva, como siempre brutal, de la Brunete mediática madrileña-- pretende pegar un portazo (en falso) al debate entorno a la crisis económica.
Se trataría de cerrarse a la realidad, de una manera muy cobarde pero efectiva, y mantener a raya a sindicatos y formaciones de izquierda en su intento de poner encima de la palestra una cuestión tan objetiva, que afecta a millones de personas, como es la tremenda incerteza laboral que pesa sobre la clase trabajadora. Además se cierra también todo conato de poner en cuestión el mismo sistema económico y los antivalores que ha generado durante décadas, con el fin de que no se hable de alternativas perfectamente aplicables. Por cierto: cita con la historia el próximo dia 12 de diciembre en Madrid y ocasión de oro para medir las fuerzas de lo social y popular --sea de dónde sea el orígen de cada uno: los trabajadores no tienen una patria fija, la necesidad los hace móviles (casi siempre a su pesar)-- frente a lo nacionalista (catalán o español), oligárquico y hasta eclesial (ahora que, al parecer, estamos "en pecado" por pensar diferente).
Sin embargo, el mundo de los intereses ya ha decidido que nada de ésto toca ahora. Lo que sí toca es atizar un nuevo enfrentamiento territorial (muy arcaico) con el fin de conducir a la sociedad hacia debates anclados en la irracionalidad. Que interesa, vaya, que Madrid tema el "peligro" catalán. Y que Cataluña esté en permanente alerta frente a una "agresión" de Madrid. A fín de cuentas, todo se reduce a argumentos tramposos interesadamente construidos para que pervivan en el subconsciente colectivo.
Por supuesto, en juego está, una vez más, ver quien se lleva el gato al agua en lo que a capitalidad económico-regional --de la Península Ibérica y oeste del Mediterráneo-- se refiere: competencias sobre recursos, sobre bienes y servicios, primacías y accesos preferenciales a mercados, atracción de capitales privados, aeropuertos, nudos de comunicación...este es el fondo de la cuestión, que tanto preocupa a los editorialistas de los grandes medios público-privados de ámbito catalán y castellano. Abstrayéndose del debate internacional sobre sostenibilidad ecológica y cambio climático, que requiere menos depredación del entorno, los unos quieren más de lo bastante que ya tienen (Barcelona) y los otros no quieren perder ni un ápice de lo mucho que ya acumularon (Madrid).
Y como comparsa de todo ello está la masa. Una masa que, en su raciocinio, recibe el imput de una guerra territorial "a la italiana"; el imput del "Madrid nos roba" y de la Cataluña que "quita la libertad a los españoles". Por irrealmente futbolística que tal guerra parezca, está por ver si es suficiente como para llevar al "matadero" al enemigo... Que nadie se lleve a engaño: de confrontar a dos ejércitos, la guerra estaría servida. Y sería como la de 1914.
Que sirva éste escrito para alejarla como un mal de ojo.