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29-S: La Cadena SER radió solamente la versión del conductor que causó el intento de homicidio en Mercabarna
Corrían las 11 de la noche, en Barcelona. Un nutrido grupo de huelguistas se apostaron delante de la entrada de Mercabarna para impedir que los camiones entraran a dejar o recoger los productos que debían estar al día siguiente, día de la huelga, en los supermercados. Era importante estar ahí a esa hora. Se suele decir que las huelgas se ganan horas antes de que empiecen. Sin embargo, algunos medios oficialistas —evidentemente contrarios al paro— se afirmó que las huelgas "se ganan o se pierden al día siguiente". Es decir, se ganan o pierden en la batalla de cifras, que parece ser que es lo único que les importa. Pero no: las huelgas se ganan horas antes del día en que han sido convocadas, ya que hace falta hacer una previsión anticipada sobre los lugares que hay que paralizar con eficacia, para mostrar el descontento de los trabajadores.
Poco contento con la huelga debía andar el camionero que, a esa hora, y viendo que no podría entrar en el recinto decidió embestir con toda la fuerza de su máquina de transportar (y de matar) al grupo de 20 personas que trataron de impedir su acción. El empleado, además de no hacer efectivo su derecho a la huelga, decidió que "antes mi vida que la de los demás", tal y como afirmó ante los micrófonos de la Cadena SER aquella misma noche, a pesar de que jamás pudo haber temido por su vida. Su temible accción no fue calificadada de cobarde por ese medio, aunque tal fuera el "motor" que lo empujó a arremeter contra otros trabajadores. Hubo quien, incluso, celebró el atropello de Mercabarna en un oscuro foro: http://www.forocoches.com/foro/show...
La cosa fue así: el tipo entró frenando y pegando acelerones para tratar de romper el piquete. Cuatro o cinco huelguistas se encaramaron en las puertas del camión para tratar de persuadirle de que diera la vuelta, mientras otros se pusieron delante suyo. Se había hecho lo mismo con otros camiones, que generalmente optaban por dar marcha atrás. Aunque la mayoría de transportistas, al ver el piquete, ni siquiera intentaban entrar en el recinto y pasaban de largo. Fue entonces cuando aceleró brutalmente, tirando al suelo a Celestino Sánchez, ex diputado del Parlament de Cataluña por parte del Partit dels Comunistes (PCC), que cayó afortunadamente hacia un lado, lo cual le salvó la vida. De haber caído hacia adentro, el camión le habría pasado por encima.
Sucede, no obstante, que hay acciones irreflexivas que pueden costar muy caras. El conductor, además de estar a punto de matar a Sánchez y a otros cuatro huelguistas, rompió la valla de entrada a Mercabarna, en su alocada carrera hacia ninguna parte. A sabiendas de que había una huelga general ese día, su obligación era aparcar el camión durante las siguientes 24 horas y esperar pacientemente. Pero no.
Una veintena de personas indignadas corrieron entonces a parar al conductor, logrando sacarlo de su cabina e inutilizando las ruedas. Hubo insultos y zarandeos contra él, pero nada comparado con su acción, prácticamente asesina. En la entrevista que le dedicó la SER, se supo que se trataba de un conductor ecuatoriano, seguramente subcontratado. Pocas horas después, en su país de orígen gente con un pensamiento (¿?) no muy alejado del suyo, urdía un golpe policial contra un jefe de Estado progresista, Rafael Correa. Carne de explotación y de alienación, en suma. Inconsciencia y falta de dignidad, como siempre ha habido en una parte de la clase trabajadora.
¿Qué dirán los no huelguistas acerca de los que, un día, lucharon encarecidamente por ellos? ¿De derogarse esta nueva agresión llamada reforma laboral, les darían las gracias? No parece probable. Las luchas más justas suelen recoger indiferencia en el mundo de los egoísmos, inconscientemente alimentados de ultraderecha. De ahí la heroícidad de los piquetes informativos del 29-S.
Se presumía una noche tranquila en esa entrada de mercancías. Pero viendo el envalentonamiento de que eran capaces algunos camiones, al final se optó por la barricada de neumáticos. Esos elementos no son gratuítos, ni una violenta acción de cara a la galería, como podría interpretarse visto desde muy afuera (medios). Se colocó justo después de una manifiesta agresión contra un derecho que, a tenor de la atronadora campaña mediática en su contra, ya no parece tal: el derecho a la huelga.