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"El penúltimo emperador franquista: Aznar López".
Septiembre 28th, 2011"Muchos claman al Papa para que pida disculpas. Yo nunca he oído a ningún musulmán pedirme a mí disculpas por haber conquistado España. ¡Nunca!" "Nuestro enemigo es tan feroz que se trata de él o nosotros, de nuestra victoria o de nuestra derrota"
Aznar López. 2005. Whasington.
Su abuelo, Manuel Aznar Zubigaray perteneció al PNV durante unos cuantos años, pero hombre de culo inquieto decidió aproximarse a los conservadores republicanos cuando volvió de Cuba justo al proclamarse la II República. Desde el diario El Sol bailó todas las danzas, terminando, tras el golpe de Estado fascista de julio de 1936 convertido en uno de los mayores aduladores del sanguinario caudillo de España por la Gracia de Dios, ocupando después numerosas embajadas con el objetivo de difundir las grandezas de la Falange, la hispanidad y la espada más limpia de Europa. Para la posteridad dejó un ejemplo de coherencia política infinita y la Historia de la Cruzada, un libro sagrado que no debería faltar en la biblioteca de todo español que se precie de serlo. En el trono de la dinastía le sucedió el alférez Manuel Aznar Acedo, quien luchando contra las inclemencias del tiempo y las multitudes, consiguió llegar el primero a Alicante para velar el cadáver de José Antonio Primo de Rivera antes de salir en procesión rumbo a Madrid. Aquel gesto inenarrable, hoy casi olvidado, le sirvió a Aznar Acedo para dirigir desde 1942 a 1965 la Cadena Ser y Radio Nacional de España, además de otros muchos diarios, revistas y hojas oficiales que sería prolijo enumerar, terminando su carrera política junto a Manuel Fraga Iribarne en el ministerio de Información y Turismo, al frente de los servicios de propaganda franquista.
Es cierto, ya lo hemos dicho en muchas ocasiones, nadie tiene la culpa de ser hijo, nieto o bisnieto de quien sea; es más, la obligación de un hijo ante un buen padre es amarlo sobre todas las cosas. Sin embargo, una cosa es amarlo y otra venerar su pensamiento y su trayectoria pública. José María Aznar López es, además de muchas otras cosas que silencio por aquello de los juzgados, digno hijo y nieto de su padre y de su abuelo, por quienes siempre sintió un amor indescriptible y una admiración política y económica fuera de toda duda. Criado en los principios del movimiento nacional-católico, discípulo de los padres marianistas que regían el colegio del Pilar, Aznar López tuvo la gallardía de ponerse una españolísima camisa azul para acudir a clase el día en que arreciaban las protestas por el asesinato de Enrique Ruano y ya se sabe, la patria siempre recompensa a los valientes. Más tarde, el 1 de julio de 1969, sintiéndose aludido por un artículo de la revista SP, escribió un gallardo artículo del que entresacamos estas jugosas líneas: “Permítame Sr. Director realizar una pregunta: ¿No cree, usted, que teniendo un apellido de gran fuerza política como el que tengo; teniendo familiares como tengo en los más altos cargos políticos de la Nación, prácticamente; teniendo un historial falangista en mi familia como el que poseo: no cree, usted, repito, que para mí hubiese sido más fácil el irme al Movimiento y estar de convidado, que el estar listo para militar al lado de los "falangistas independientes"? Repito que hay casos peores que el mío y lo repito porque hay señores como el Sr. Martínez que lo olvidan y encima tachan a los falangistas "independientes" de convidados. Si el Sr. Martínez se hubiera tomado el trabajo de conocer a algún "falangista independiente", se habría dado cuenta de que no forman especie alguna. Ellos son, por más que le pese a muchos, la auténtica encarnación del pensamiento joseantoniano, que no es precisamente el del Movimiento”. Aznar López se la estaba jugando, era joven y creía en la revolución, en que España debía seguir la senda trazada por José Antonio, “El Ausente”, para lograr así marchar por rutas imperiales. Todo un ejemplo de heroicidad y entrega que siempre marcaría su vida. Su amor por uno de los principales fundadores del fascismo español, llegaría a tal extremo que en 1979, poco después de que Tierno Galván ganase las elecciones al Ayuntamiento de Madrid, se opuso con vehemencia a que la Gran Vía madrileña dejase de llamarse José Antonio. No se trataba de que a esa hermosa callel la fuesen a rotular con el nombre de Stalin, no, simplemente le iban a poner: Gran Vía.
Pues bien, con esa maravillosa formación democrática, Aznar López conquistó Castilla y León, y como si fuera Pelayo o Wifredo el Pelos, emprendió la reconquista de España, utilizando para ello el embuste, el enredo, la descalificación, el insulto, la altanería y la mediocridad de alguien cuyo pensamiento cabe en un papel de fumar. Llegó a hablar catalán en la intimidad, negoció con ETA hasta la extenuación y llamó al grupo terrorista Movimiento Vasco de Liberación Nacional, seguramente una traición del subconsciente debido al profundo vasquismo de su abuelo Manuel. De acuerdo con los nacionalistas, modificó la ley del suelo para permitir que ningún solar patrio quedase sin su correspondiente edificio, disminuyó la Inspección de Hacienda, autorizó la creación de universidades privadas dónde los ricos pudiesen sacar sus títulos sin demasiadas pegas, privatizó totalmente las empresas públicas más rentables y desreguló el mercado financiero tal como hacían los neocon en Estados Unidos y otros países satélites, permitiendo de ese modo que, ante la perspectiva que se abría a la construcción, los bancos prestasen sin ningún tipo de seguridad sobre el cobro futuro y muy por encima del valor del bien hipotecado. Se inició así el ladrillazo que nos tiene atrapados, pero sobre todo nació de su política económica la inmensa deuda privada que nos lastra y nos empobrece de verdad, pues no es la deuda del Estado lo que pone en peligro nuestra economía –es perfectamente asumible- sino la que se deriva de aquel inmenso desatino que gracias a la estrategia crediticia irresponsable de su gobierno y de los bancos hizo creer a muchos que con dar dos palos al agua se hacía uno millonario, podía cambiar de mercedes cada seis meses y llamar a los funcionarios inútiles porque ganaban 1.200 euros al mes: ¡Eso me lo gano yo muchos días en una hora!
Aznar, ese hombre, introdujo en la democracia borbónica española la política del chulo, del grito, del insulto, del zafio, del señoritingo, del que habla de todo y no sabe de nada, del mentecato, del faltón, del paleto, institucionalizándola. Hasta su llegada, la derecha, en casi todas sus vertientes, guardaba las formas. Con su llegada, se quitó la máscara y nos llenó la vida de Aguirres, Villalongas, Pizarros, Ratos, Barberás, Zaplanas, Acebes, Rajoys –no sabe, no se acuerda, no contesta, no me interesa, no estuve allí-, Alperis, Fabras, Castedos, Gallardones, Vidales, Orejas, Costas, Aliertas, Teófilas, Cospedales, Cascos, Botellas y otros especímenes dignos de estudio. Lejos de sentirse avergonzado por su nefasta obra, por habernos llevado hasta a la proximidad del corazón de las tinieblas, ese hombre, Aznar, da consejos como si fuese el sabio de las siete cabezas, se mesa la melena y anuncia que está dispuesto a ofrecer nuevas glorias a España. Entre tanto, se dedica a hacer patria desacreditando la capacidad económica de su país, pero no la suya, pues cobra 200.000 euros como asesor de Endesa, 170.000 como consejero del grupo mediático ultraconservador del magnate Rupert Murdoch, un pellón de euros por los tres libros que le ha publicado planeta sin saber por qué ni para qué, otra barbaridad por hacer intermediario de la mayor empresa de minas de oro del mundo en Suramérica y una cantidad que desconozco de la empresa que tiene constituida con su santa mujer, Doña Ana Botella. Antes de entrar en política, vivían de su sueldo como funcionarios del Estado, aparte de lo que les diesen los papis. Todo un ejemplo a seguir.
"Alemania nos obliga a abrir un proceso constituyente"
Septiembre 7th, 2011Desde que el gobierno aceptó la gravedad de la crisis por la inapelable contundencia de los datos que verificaban una drástica disminución de los ingresos del Estado y el colapso de la banca irresponsable, vivimos amenazados por los dictados de una señora que se dedica a la política con la misma pericia y amplitud de miras que los buzos que buscan níscalos en el fondo de la mar océano. La señora Merkel es una política de aldea, de barrio venido a menos que está incapacitada para regir siquiera su economía doméstica. Sin querer ver más allá de su barriga, Merkel quiere salvar a los bancos alemanes que tan absurdamente colaboraron dieron créditos para proyectos económicos inviables en países del sur, entre ellos el manido ladrillazo que nos tendrá maniatados mientras un gobierno de progreso –otro no lo hará- no obligue a sacar el inmenso estock de viviendas al mercado a precio de coste, caigan lo que caigan los bancos en su valor. Pero no contenta con eso de llamar gandules a los demás y no a los propios, Ineficaces a quienes viven al sur y excelentes a quienes fueron incapaces durante semanas de localizar una bacteria mortífera que se llevó por delante a decenas de personas, pretende que crear una Europa a dos velocidades, la primera de ellas constituida por el eje franco-alemán, más Reino Unido, que jamás debió entrar en la Unión Europea porque su labor es meramente parasitaria, y los países nórdicos, que como ha sido habitual a través de los siglos, van a lo suyo; los otros, los de la Europa de segunda división quedaríamos para aportar mano de obra barata y mano de obra cualificada formada en nuestra universidades con nuestro dinero.
Sin embargo, se equivoca Merkel y se equivoca su amigo Sarkozy, otro inútil políticamente hablando. El problema no consiste en salvar los bancos franceses y alemanes, tan pésimamente gestionados como los españoles o los italianos, ni en que sus economías se recuperen a costa de las del Sur, ni mucho menos, el terremoto es mucho más fuerte que eso y no amainará mientras no se vaya al epicentro del mismo: Europa no existe, Europa no puede ser lo que digan dos políticos de medio pelo de la derecha alemana y francesa, Europa no puede seguir ampliándose para diluirse en la nada, Europa debe construirse desde abajo y elaborar una norma política fundamental que afecte a todos los países que la integran para así dar una respuesta única a un problema que es único: Poner coto al imperio de los dinosaurios financieros que hacen correr el dinero de un lado a otro a la velocidad de la luz, a las entidades privadas que tienen ya más poder que la mayoría de los Estados europeos, al desgobierno mundial de las finanzas y del sistema productivo, a la política de privatizaciones que nos ha llevado a este colapso y, por supuesto, a pedir responsabilidades a los responsables –tienen nombre y apellido- de esta inmenso fraude planetario. Durao Barroso no es nadie, menos Van Rompuy y todavía menos, Joaquín Almunia. Aunque algo si son, incapaces, mediocres y adivinadores de lo que va a suceder después de que haya sucedido. Al contrario de lo que predican el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central europeo –que no sé lo que es- y la Comisión europea –a la que tampoco tengo el gusto de conocer ni de saber de su legitimidad, sí de su ilegitimidad-, la solución a esta crisis pasa irremediablemente por una estricto control de las transacciones de capitales, por la regulación estricta del mercado laboral en toda la Unión Europea, por una restricción de las importaciones que vengan de países con economías esclavistas o semiesclavistas y, sobre todo, por la recuperación por parte del Estado de todos aquellos servicios públicos de los que no se puede obtener lucro alguno, ahora, regidos por criterios tanto de calidad como de eficacia.
En una antepenúltima vuelta de tuerca –según parece lo más fuerte está por venir, el colapso integral de la aldea global económica-, Merkel y Sarkozy dejaron caer la necesidad de que los países más agobiados incluyeran en su constitución el límite al endeudamiento. En principio, puede parecer que eso está bien, que uno no puede gastar mucho más de lo que gana o de lo que puede pagar, pero esa no es la intención que movió a esos dos políticos simplones, sino asegurar que sus bancos y sus empresas cobrarán lo que fiaron o prestaron como si un horda de malandrines les hubieran comido el poco seso que tenían. Obligar a cambiar la Constitución a un país como España es tan peligroso como el mismo hecho de que la UE dejara de existir mañana, quizá más. En primer lugar porque esa constitución tiene ya treinta y tres años y hasta la fecha no se ha tocado, alegando siempre que se rompía el consenso que lo creó. Al reformarla para atender los requerimientos de la señora Kartoffel, la Carta Magna española pierde buena parte de la legitimidad que tenía porque buena parte de su articulado –el más progresista y justo- no se ha cumplido jamás, porque no se han hecho reformas ecuánimes reclamadas por millones de ciudadanos como la reforma electoral, porque España sigue siendo un país aconfesional y no un país laico, porque consagra la monarquía sin haber preguntado -¡a estas alturas!- al pueblo si quiere Borbones o quiere una República, porque abre la caja de pandora de la que no sabemos qué fantasmas pueden salir.
No dudo de la buena fe de Zapatero al intentar ser el primero de la clase en el cumplimiento de los mandatos de la señora Kartoffel y las fracasadas leyes de la Escuela de Chicago. Seguramente es lo que hay. Pero ser el primero de la clase en el viaje a ninguna parte, es un desatino. España, Italia, Portugal y Grecia, por no citar a otros, tienen capacidad suficiente para poner a la UE contra las cuerdas, no se puede caminar siempre con la cabeza agachada esperando el nuevo estacazo de un dueño que no lo es y que no sabe lo que hace. En una situación tan crítica como ésta hay que jugar duro, o nos salvamos todos o nos vamos todos a pique. La única salvación, ya lo dijimos, es una Europa unida política y económicamente que responda con una sola y enérgica voz. Todo lo demás es tirar tiempo y dinero a la basura. De momento en España, se ha abierto, por orden de Merkel, lo quiera o no lo quiera quien ahora gobierna o quien gobierne después, un periodo constituyente.
"1936-2011, Franco, ese hombre".
Julio 21st, 2011Es hasta cierto punto normal que las personas que vivieron sojuzgadas bajo el franquismo, que fueron educadas bajo ese régimen terrible en la resignación y el silencio llegaran, a través de los años, a adorar a aquel que les robó la juventud, la libertad, el pensamiento libre, el espíritu de crítica y la propia vida plena a la que tenían todo el derecho. El síndrome de Estocolmo no sólo existe para los que han sido secuestrados por una banda terrorista, también se da en pueblos enteros sometidos a la brutalidad, el chivateo, el robo, el asesinato masivo, la tortura y diversos procesos de aculturización llevados a cabo con tanta sangre fría como maldad y alevosía. También podemos explicarnos hoy por qué miles de personas decentes se enrolaron en las filas de Falange, la Sección Femenina, La Organización Juvenil Española o la Adoración Nocturna: En aquel régimen macabro y sanguinario había que sobrevivir y el terror lo fue tanto que muchas personas no vieron más salida que la de integrarse para escapar a la persecución o simplemente abrirse camino en la vida. No todo el mundo nace para ser héroe, aunque los hubo y se les sigue tratando como a delincuentes en esta democracia tan democrática de que gozamos: Los maquis, héroes en Europa, villanos en España. Empero, lo que es inadmisible es que treinta y seis años después de la muerte del criminal más contumaz de nuestra historia, haya chavales y jóvenes de quince, dieciocho o veinte años que digan que son franquistas, que defiendan a esa bestia dando razones como la de que hizo muchos pantanos porque eso es una prueba irrefutable de que la escuela española en general no ha sido capaz de explicar a los jóvenes quien fue esa alimaña, porque eso prueba que la prensa española no ha sido capaz de informar sobre los crímenes monstruosos del tirano, porque nadie ha sido capaz de decirle a esos chavales en treinta y seis años que Hitler construyó la mayor red de autopistas de Europa, acabó con el paro en Alemania, preparó un cochecito muy mono –el escarabajo- para los trabajadores arios y acabó con la emigración de alemanes, mientras que durante el franquismo, sin entrar en otro tipo de cuestiones, cuatro millones de españoles se vieron obligados a abandonar su patria para buscar trabajo en los cinco continentes, millones de españoles vieron desaparecer su dinero por ser republicano, se restauró, sobre todo en el medio rural, el “derecho de pernada” que daba opción a los señoritos y caciques de siempre a hacer lo que les viniera en gana con el personal a su servicio, mayormente con el femenino, se regresó a la Edad Media al conferir carácter estatal a la religión católica, cuyos miembros no sólo podían decidir sobre la vida ultraterrena de los súbditos, sino que tenían en sus manos el futuro terrenal de sus paisanos según su particular opinión y entender. Ambas dictaduras la alemana y la española, fueron criminales, genocidas y bárbaras, la diferencia es que aquella, la de los germanos fue derrotada y juzgada, que en Alemania no se puede hacer apología del nazismo por muchas autopistas que hiciera Hitler, mientras que en este bendito país se sigue hablando de las bondades de ese eslabón perdido que se llamó Franco porque hizo con mano de obra esclava los pantanos diseñados desde hacía años por el “loco del agua” y que se habrían hecho de manera mucha más decente y eficaz si en España hubiese continuado existiendo un régimen constitucional como el republicano.
En 1982 Felipe González ganó las elecciones con una amplísima mayoría absoluta que le habría permitido, tras el fracaso estrepitoso del golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, haber encarado de raíz la segunda transición, que indudablemente tendría que haber pasado por la secularización total del Estado, eliminando cualquier tipo de subvención a la Iglesia Católica, la formación de unas fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado plenamente democráticas, la anulación de todas las sentencias de cárcel, exilio, deportación o muerte dictadas por Franco y sus compinches felones, la condena formal de todos aquellas personas que participasen activamente en la dirección del golpe de Estado de 1936 y la tipificación en el código penal de la apología del franquismo como delito muy grave. La tarea era ingente, pero también la ocasión era propicia, se hicieron muchas cosas como la formidable tarea del Narcis Serra en Defensa, pero se olvidó el poder terrenal de la iglesia, se dejó ese tema para otra ocasión, como también el examen de las grandes fortunas formadas al calor de la corrupción franquista, cosa que ha estudiado estupendamente bien Mariano Sánchez Soler en su libro “Ricos por la Patria”. También se dejó para mejor ocasión, al igual que se postergó la rehabilitación de la resistencia antifranquista española, especialmente de los maquis, y de los cientos de miles de personas asesinadas, desaparecidas, exiliadas, torturadas, humilladas, arruinadas y sometidas que dejó un régimen que fue capaz de quitar miles de niños a sus padres para entregárselos, con la ayuda de la iglesia en muchas ocasiones, a padres de “buena familia” para que les extirpasen desde pequeños el terrible virus del comunismo.
No tenemos un museo de los horrores del franquismo, pero les aseguro que habría para llenar tres o cuatro valles de los caídos, ese engendro que se hizo construir el asesino para estar más cerca de Dios, que según sus monedas fue quien le nombró caudillo de España porque era muy gracioso. Ni la Iglesia católica española, ni la banca española, ni el principal partido de la oposición, ni muchas de las fortunas más grandes de este país, que se hicieron durante el franquismo, han pedido perdón por su apoyo al régimen criminal. Es más hoy, cuando se cumplen setenta y cinco años de aquel golpe de Estado protagonizado por militares acostumbrados a matar moros a destajo en el Norte de África, por curas medievales y por oligarcas acostumbrados a vivir del Estado y sus prebendas, los franquistas siguen presentes en todas las instituciones, los seudohistoriadores revisionistas cuentan una y otra vez –vendiendo miles de libros- las mentiras de la Causa General, una causa en la que se acusaba de rebelión a quienes habían sido leales y por ello se les torturaba, se les fusilaba y se les quitaban todos sus bienes. Eso en un país decente, en un país que tuviese un poco de dignidad, de amor propio, sería impensable, pero ya ven, Esperanza Aguirre nos ha contado en su televisión, porque es suya, de nadie más, que Franco fue un gran hombre, ese hombre, por eso seguimos siendo el único país de Europa Occidental que idolatra a un criminal fascista. Será que España es diferente, de verdad.
"¡Rompemos la baraja: La sanidad pública es intocable!"
Julio 5th, 2011Es igual que sean nacionalistas franquistas como los que han ganado las últimas elecciones, igual que sean tecnócratas de última hornada, ejecutivos agresivos, demócratas de Cortefiel, nacionalistas catalanes o vascos, independentistas canarios, socialdemócratas vergonzantes, comunistas arrepentidos, enemigos de la tauromaquia o encarnizados forofos de la misma, partidarios del furbó tiquitaca o del catenaccio, indiferente si gustan del all-i-pebre o de la corvina a la roteña, si prefieren el mar o la montaña o si les apetece más por delante que por detrás: La Sanidad Pública es intocable.
España tiene uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo, probablemente el mejor, por mucho que nos quejemos y por mucho que sea susceptible de mejoras, pero es un sistema que corre el riesgo de desaparecer ante la voracidad de los mercaderes que ven en la salud un negocio seguro porque conforme envejezca la población habrá más enfermos y es el Estado, o sea todos nosotros, quien pone los dineros, vamos que no hay riesgo ninguno, sólo beneficios crecientes a costa de unas prestaciones decrecientes derivadas del aumento de “clientes” y de la disminución de costes de personal, de farmacia y de otras partidas: Para ellos, lo importante no es la salud, sino el lucro. Desde que el Partido Popular se hizo con la Comunidad valenciana, los intentos de privatización de la sanidad han ido en aumento aunque nunca han sido globales ni frontales, sino progresivos y poco aireados. Las cosas han cambiado y ahora nos encontramos con que casi todas las Comunidades Autónomas cuentan con Ejecutivos derechistas y muy probablemente también sea de esa calaña el próximo gobierno del Estado si dios no lo remedia, y me parece que dios no lo va a remediar porque, al igual que quienes nos mandan, estudió en la Escuela de Viena, cursó máster en la de Chicago y es profesor emérito del Instituto Católico de Administración y Dirección de Empresas (ICADE).
Tal como escribieron en la revista El Médico los doctores Miguel Morera y Vicente Bogarra, en abril de 2003 tuvo lugar en el Área de Salud nº 10 de la Comunidad Valenciana (comarca de Alcira) un importante hecho: La gestión de la Atención Primaria pasó a manos privadas, como ya había ocurrido 4 años antes con la Atención Especializada, al inaugurarse el nuevo hospital. Así, la iniciativa privada asumió, tanto cualitativa como cuantitativamente, un protagonismo sin precedentes en la sanidad española: Toda un área de salud con su hospital, más de 250.000 personas atendidas y una concesión administrativa a 15 años a una Unión Temporal de Empresas (UTE) con ánimo de lucro formada por las siguientes mercantiles: Adeslas, con un 51% de la contrata, Caja de Ahorros del Mediterráneo y Bancaja, con un 45%, Dragados y Construcciones, con un 2% y Lubasa, con otro 2%. Se iniciaba un proceso que después se extendería a los hospitales de Benidorm, Torrevieja, Elche y Denia dentro de la Comunidad valenciana, que imitaría la de Madrid con los nuevos hospitales (o grandes ambulatorios) construidos durante los últimos años de Esperanza Aguirre y que puede alcanzar su cénit en Cataluña tras el regreso al poder de la derecha cerril nacionalista, que a través de su Ley Onmibus plantea cosas tan escandalosas como alquilar los quirófanos públicos a empresas privadas, la privatización de todo el servicio de radiología, el cierre de plantas enteras de hospitales, el despido de cientos de trabajadores públicos para ser sustituidos por otros con menos derechos y, sobre todo, una monstruosidad: Que aquel que tenga dinero y quiera pagar, pueda saltarse las listas de espera y ser atendido en el acto. Estamos, pues, ante un ataque sin precedentes a la Sanidad Pública, un ataque al que debemos contestar contundentemente sin parar en medios ni instrumentos, porque cuando el poder actúa para servir a intereses particulares en menoscabos de los públicos, es un poder prostituido y bastardo y de poco sirven los avales electorales que puedan esgrimir: El Consell de la Generalitat que preside Artur Mas, nombró como Consejero de Salud a Boi Ruiz i García, Presidente hasta 2010 de la Unión Catalana de Hospitales, asociación de empresarios de la sanidad, y representante de Foment del Treball Nacional, patronal catalana, en la Consellería de Salut. Boi Ruiz es un médico neocon al que gusta mucho la cosa empresarial y ahora cree llegado el momento de poner en práctica su proyecto privatizador pretextando la crisis, la deuda de la sanidad pública y de la Generalitat en general, y que la gestión privada es mucho más eficiente que la pública, afirmación que queda desmentida por los niveles asistenciales de nuestra sanidad pública, por nuestra esperanza de vida –una de las más altas del mundo- o por tener en todo el Estado el mejor sistema de trasplantes del planeta, hecho que debería hacernos sentir extremadamente orgullosos, no sólo por su magnífico funcionamiento sino porque denota una enorme generosidad en las personas que han perdido un ser querido. Empero, no sólo quieren privatizar de esta forma tan escandalosa la sanidad pública, desde instancias oficiales se está invitando a la población a que se haga un seguro privado dando a entender que esa es la única fórmula válida para tener una buena asistencia sanitaria en el futuro: Vamos, el modelo norteamericano, el rico va al médico y el que no lo es, se jode y se muere.
Es terrible, pero estos tipos siempre van a lo mismo, hay una crisis, ven una partida presupuestaria y se les hace la boca golosina. Se ciegan, entran en éxtasis y no paran hasta conseguir hacerse con ella. Hace unos años esto era impensable, pero ahora todo es posible: Teníamos –perdón por el símil- el fútbol gratis, ahora nos ofrecen que no paguemos por verlo durante los 6 primeros meses, después a tanto el partido televisado. Lo mismo quieren hacer con la Sanidad, se han atrevido, sin el menor sonrojo a decir que quieren la caja de la seguridad social, que ese negocio no se les escapa, que es suyo, que ahí, y no en la creación de patentes o industrias competitivas de verdad, está el negocio de las próximas décadas, un negocio fácil en el que los beneficios pueden ascender a billones de pesetas en detrimento del principal pilar del Estado del bienestar, es decir, de nuestra salud. Son –disculpen esos hermosos animales- como los buitres, las hienas, los chacales. No ven oposición, saben que la cárcel aquí está sólo para los de abajo, que nada les amenaza y han sacado pistolas y navajas para el gran festín.
A ninguno de ellos, empresarios y gobiernos diversos, se les ocurre plantear por qué no cobrar una parte de los medicamentos a quienes tienen pensiones o rentas superiores a los 1500 euros, a quienes tienen planes de pensiones privados; tampoco se les pasa por la cabeza -¿no?- que la intermediación supone un incremento de costes pues nadie gestiona ningún negocio por la cara, hay que maximizar beneficios a costa de lo que sea; ni imponer los precios a los laboratorios y negarse a seguir la dictadura por ellos impuesta a los sistemas públicos de salud, saltarse las patentes sobre medicamentos, mandar a hacer puñetas a la industria farmacéutica y a los médicos peseteros; poner un sueldo máximo en la Administración que en ningún caso pueda pasar de 5.000 euros al mes, que ya está bien y el que no esté contento que se vaya de una vez por todas; eliminar el Senado, institución pasiva que no tiene ni tendrá nunca el menor sentido; suprimir de un plumazo todas las televisiones públicas que tengan deudas, poner un canon del cincuenta por ciento de la publicidad de los programas basura de públicas y privadas; impedir bajo pena de presidio que ninguna administración, por la vía que fuere, destine un solo euro a los equipos de Fútbol; eliminar las ayudas a las confesiones religiosas y que cada creyente pague la suya de su bolsillo; acabar con las SICAV, suprimir las prebendas y privilegios de los políticos igualando su situación a la de cualquier trabajador sin menoscabo de lo que sea estrictamente necesario para el cumplimiento de sus obligaciones para con el pueblo, encarcelar a quienes tienen los cuartos en los paraísos fiscales, prohibir las prácticas especulativas, poner un impuesto especial a los sueldos y los beneficios de los banqueros, crear una banca pública justa, recuperar el impuesto de sucesiones y el del patrimonio. ¿Quién, de ese modo, hablaría de deuda? ¿Dónde faltarían recursos?
No, nene, eso no se toca, eso ya nos lo quitamos de encima, estamos en otra cosa, eso son antiguallas que no sirven para nada, piedras en el camino del libre mercado. Lo mismo haremos con el puto impuesto sobre la renta, ya tenéis el IVA, ese sí que es bueno, subidlo cuanto queráis que a nosotros nos la trae floja. No estás en lo que hay que estar, para crear riqueza es preciso que dejemos a las zorras que gobiernen y se queden con el corral, ya sabes, las gallinas no tienen fama de valientes ni se ayudan unas a otras. A ver si te enteras de una vez. Pues no, no me entero ni me quiero enterar. Es más, si me entero, si nos enteramos, habéis puesto el mundo patas arriba, habéis creado una tormenta cuya intensidad y prolongación desconocéis. No sólo queréis quedaros con el tesoro, luego pretendéis cortarnos la cabeza o hacernos que saltemos al mar lleno de tiburones. Vais listos, si tocáis la Sanidad Pública, si los proyectos del Sr. Artur Más, como antes los de Zaplana, Aguirre y Camps, salen adelante, habréis acabado con la paz, nadie estará seguro, las leyes dejarán de tener valor porque habréis violentado, a favor de unos pocos, la democracia para convertirla en una oligocracia. No os lo vamos a consentir, cueste lo que cueste. Puede que estemos aletargados, que muchos no quieran despertar, pero el estruendo que habéis armado es tan atronador que nadie volverá a dormir mientras no estéis todos sepultados. Vosotros sabéis quienes sois, nosotros también. Recordadlo, sois servidores del pueblo, no la casta de los brahmanes, nadie os obliga a estar en política y por tanto no podéis convertir la política en una pocilga: Contra el pueblo, nada es legítimo; por y para el pueblo todo lo es.
"Una democracia secuestrada: Consideraciones acerca de la crisis".
Junio 22nd, 2011-UNA DEMOCRACIA SECUESTRADA: CONSIDERACIONES ACERCA DE LA CRISIS-
No nos iremos muy lejos en el tiempo para hablar de lo que ha pasado en este país en otros periodos en los que el pueblo se sintió decepcionado de la clase política y, contrariamente a sus deseos, tuvo que conformarse después con sanguinarios gobiernos militares o corruptos gobiernos oligárquicos. En 1812 –el año que viene se cumplirán dos siglos- España fue uno de los primeros países del mundo en aprobar una constitución liberal, una constitución que nació como respuesta a la invasión francesa pero que también fue hija de la revolución acaecida en ese país veinte años antes y del repudio al absolutismo borbónico. Aún así, aquella norma fundamental reconocía como rey a Fernando VII siempre que mostrase públicamente su acatamiento. Al no haber llegado a ejercer como rey debido a su estancia en Francia bajo el cuidado de Napoleón, en torno a Fernando VII se fue tejiendo una leyenda de bondades que muy pronto él mismo se encargaría de desvanecer con toda contundencia. El 14 de marzo de 1814 regresó a España por Valencia. Requerido por varios diputados a que jurase la Constitución, el rey se negó, apoyándose en las tropas del general Elio para volver a Madrid en olor de multitudes y proclamar de nuevo el absolutismo. Las reformas liberales desaparecieron, se cerraron las universidades y se persiguió brutalmente tanto a los afrancesados como a los diputados de Cádiz. Había llegado “El Deseado”. En 1820, la sublevación de Riego dio pie al Trienio Liberal. En vez de ajusticiar al rey por felón, los revolucionarios le ofrecieron de nuevo la posibilidad de jurar fidelidad a la Constitución, cosa que hizo dejando para la posteridad una de las frases más cínicas de la historia de la infamia: “Marchemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional”. Mientras los liberales intentaban acabar con el antiguo régimen y poner en pie las primeras piedras del nuevo Estado, Fernando VII, que aparentaba acatar la Constitución, negociaba con la Santa Alianza la invasión de España y la restauración del absolutismo, cosa que consiguió en 1823 con la llegada de los Cien mil hijos de San Luis y la colaboración imprescindible de los absolutistas españoles. Entre 1823 y 1833, España se vestiría de nuevo de sangre y de luto en una de las décadas más terroríficas de su historia. A los absolutistas nunca les ha temblado el pulso.
En 1868, al mando del general Topete y al grito de ¡Viva España con honra!, se sublevaron los marineros de Cádiz, la reina Isabel II tuvo que exiliarse y el poder quedó interinamente en manos de los generales Serrano, Prim y Espartero, quienes buscaron por toda Europa un rey constitucional: Amadeo de Saboya. Su reinado fue corto y en 1873 se proclamaba la I República española. La debilidad de la burguesía española, la contraposición de intereses y, sobre todo, la división entre las fuerzas progresistas y la unanimidad entre las moderadas y reaccionarias, hicieron que la República fracasase dando pie a la Restauración borbónica tras los golpes de Estado de Pavía y Martínez Campos. Nacía así un sistema corrupto por esencia que, ideado por Cánovas del Castillo –“es español el que no puede ser otra cosa”, llegó a decir-, sometió a España al gobierno de la oligarquía caciquil para suicidarse con la dictadura de Primo de Rivera. La proclamación de la II República fue acogida por el pueblo español con un entusiasmo pocas veces visto, pero las fuerzas de la reacción seguían tan intactas como unidas y conservaban el poder de facto: Ejército, policía, iglesia y dinero. Las reformas republicanas, que nada tenían de revolucionario, chocaron desde el primer momento con el rechazo frontal y amenazador de quienes siempre tuvieron el poder. De modo que en agosto de 1932 –quince meses después de la instauración del nuevo régimen-, el general Sanjurjo y un numeroso grupo de mandos y oficiales se sublevaron contra la República. El movimiento fracasó y sus dirigentes fueron condenados a muerte o cadena perpetua. Pudo ser una ocasión para cambiar nuestra historia definitivamente, pero los políticos republicanos se negaron a aplicar con rigor la ley a quienes habían atentado contra ella, dando, otra vez, a ojos de los protagonistas africanistas, una muestra de debilidad que pagaríamos todos con creces. Divididas las izquierdas, con las estructuras reaccionarias de socialización intactas y las otras sin terminar de cuajar, con los militares africanistas envalentonados y la oligarquía dispuesta a todo, en noviembre de 1933, gracias a las prédicas de la iglesia, al restablecimiento de las redes caciquiles de “persuasión”, a la situación económica internacional y a la penetración de los monárquicos en el Partido Radical, triunfó la derecha antirrepublicana. La II República empezó a morir en noviembre de 1933, pero todavía le quedó resuello para protagonizar en solitario tras el golpe de Estado 17 de julio de 1936 una gesta que pocos pueblos pueden presentar: Resistir a la división interior, al ataque de los militares africanistas, de los mercenarios marroquíes, a la Iglesia romana, al nazi-fascismo europeo y a la pasividad de las grandes democracias durante tres años. Después, llegó otro deseado, el más sanguinario, mediocre, inculto y dañino de cuantos nos han gobernado: Conviene no olvidarlo para saber de dónde vienen muchos de los problemas que hoy nos atañen gravemente.
Con la nueva restauración borbónica en la persona de Juan Carlos de Borbón y las turbulencias de la transición, es necesario recordar y reconocer lo que costó sacar entonces las cosas adelante, hubo de acometerse una segunda transición en los años ochenta, tras el golpe de Estado de 1981, la que dejase fuera de juego a las personas y partidos que mostrasen veleidades franquistas o hubiesen participado en gobiernos, instituciones y chanchullos franquistas. No se hizo y volvimos a chocar con la misma piedra. Nos encontramos de nuevo con las fuerzas reaccionarias y de la derecha en general más fuertes que nunca, orgullosas de su pasado y dueñas de nuestro futuro, dominando los medios de comunicación y de socialización y dispuestas a vaciar de contenido la democracia imponiendo los hábitos políticos, sociales y económicos heredados de la dictadura y reduciendo a la mínima expresión el Estado del bienestar, tan reciente entre nosotros. Al mismo tiempo, la izquierda se encuentra desarbolada, primero porque ha perdido la base social que es su razón de ser: Encriptada, sus mensajes ni sus ejemplos calan; en segundo lugar porque hay una crisis mundial que tiene una vertiente española provocada por esa misma derecha –la burbuja inmobiliaria y la paralización del crédito- a la que no se puede responder desde un solo país, cosa que parece no queremos entender la mayoría. Consecuencia de esta situación, es la desafección creciente –otra vez más- de la población ante la clase política y una confusión que en nada nos beneficia y que puede llevarnos por enésima vez del populismo demagógico al neoliberalismo más salvaje.
Para evitar esa situación, es menester tener las cosas lo suficientemente claras y dirigir las protestas hacia el lugar preciso, siendo conscientes de que quienes idearon la burbuja inmobiliaria y desregularon el mercado financiero, o sea los gobiernos de Aznar, Rato, Rajoy y compañía, jamás harán otra política diferente a la que en aquellos tiempos hicieron y que trajeron estos lodos. Hay que saber quiénes causaron la enfermedad para aplicar el tratamiento correcto:
1. Los hábitos corruptos del franquismo que siguen impregnando nuestra economía y, por ende, nuestra democracia: Amiguismo, clientelismo, especulación, cutrerío, clasismo, información privilegiada, amoralidad e impunidad.
2. Wall Street, la City londinense, la política económica impuesta por Ángela Merkel y el esclavismo chino.
3. Los gobiernos ultraconservadores de Aznar –de los que formó parte Rajoy- con su ley del suelo y su permisividad ante la política crediticia disparatada de los bancos.
4. Jaime Caruana, director del Banco de España hasta 2006, y Miguel Ángel Fernández Ordóñez, director a partir de esa fecha, quienes debieron haber advertido y prohibido a la banca esas prácticas crediticias suicidas.
5. Los bancos y cajas en su totalidad, sus dueños, consejeros y altos ejecutivos, que ofrecieron dinero para especular muy por encima de sus posibilidades y tienen hoy paralizado el crédito debido al enorme stock de suelo y viviendas en su poder, sometiendo a todo el país a su interés particular.
6. Los empresarios que dejaron su actividad habitual para dedicarse a hacerse ricos en cuatro días descapitalizando sus empresas para invertir en el ladrillo.
7. Las nuevas tecnologías que están siendo aplicadas para destruir millones de puestos de trabajo en vez de servir para disminuir la jornada laboral y repartirlo.
8. Los ciudadanos que se endeudaron muy por encima de lo que permitían sus sueldos gracias a la política de créditos fáciles y a la mentalidad de nuevo rico instaurada por el gobierno Aznar, la banca y los medios de comunicación afines.
9. Los grandes especuladores y financieros de un mundo en el que la globalización y el libre movimiento de capitales permiten estafas globales sin coste penal ni monetario alguno.
10. Las instituciones económicas de la Unión Europea y mundiales empeñadas en desarmar el Estado del bienestar, en privatizar todo lo público, en ahogar a los países más endeudados a causa de la gran estafa y en dictar draconianas medidas contra los trabajadores, únicos paganos verdaderos de este gigantesco estropicio.
11. Y, por último, el actual gobierno español que no ha actuado penalmente contra quienes provocaron la crisis ni ha sabido explicarla adecuadamente a los ciudadanos.
Es, a nuestro parecer, contra esas personas, esas instituciones y esos hábitos contra los que hay que actuar y movilizarse, evitando generalizaciones que otorguen a todos iguales responsabilidades, porque además de ser una falacia –el actual gobierno lo ha hecho mal en muchas cosas pero en absoluto tiene que ver con la génesis de la crisis- nos lleva inexorablemente a la demagogia populista y a entregar el poder a los verdaderos causantes de esta situación, lo que aparte de ser una terrible paradoja, supone regresar al pasado y meternos de lleno en la boca del león.
