PRÓLOGO de José Luis Pitarch al LIBRO DE GONZALO SÁNCHEZ
El colosal experimento político de Chávez y la mayoría del pueblo venezolano, su atrevido caminar revolucionario sorteando conspiraciones de los poderes “de siempre”, golpes de estado, emboscadas exteriores e internas, es, a la vez que una ingente realización política, un ejemplar proyecto y acontecimiento moral, ético, humano.
Conocemos varias definiciones de “política”, a menudo poco o nada inocentes. Ya Niccolò Machiavelli (nuestro “Maquiavelo”) explicaba que lo político y lo moral constituían mundos distintos. Pero su gran inteligencia, frescura intelectual y cinismo quizá no previeron, hace medio milenio, hitos como la II República española o la V venezolana, verdaderas conjugaciones de la moral y la política, paradigmas históricos del empeño de redención de un pueblo expoliado por sus clases dirigentes (la República española de 1.931, truncada por el fascismo mussolini-hitleriano; y, lo que es peor, por la renuencia de las democracias occidentales a apoyar a una nación hambrienta de justicia, instrucción, dignidad; temo que esta segunda parte se repite con la República Bolivariana de Venezuela).
Todo lo cual no significa que aquel gran intento español de hace tres cuartos de siglo o el actual venezolano no cometan errores. Quien no yerra no se enseña, cuenta el refrán. Pero la esencia más genuina de la Quinta República, de Zulia a Delta Amacuro y Guayana, del Distrito Federal a Bolívar y Amazonas, es, como señala Gonzalo Sánchez desde el primer párrafo de este libro, garantizar las libertades y garantías democráticas que permitan al pueblo participar “directamente en los asuntos públicos”. Llevando a cabo todos los esfuerzos para acabar con el hambre, el analfabetismo, la falta de atención sanitaria, que han retenido a la gran mayoría, por siglos y siglos, en la condición de sub-ciudadanos. Mientras una infame oligarquía, heredera del colonialismo hispano, se repartía el fruto del sudor de un pueblo que reventaba de miseria y desesperanza.
Gonzalo Sánchez es un joven investigador que ha estudiado Derecho y Ciencias Políticas, en Madrid y en Salamanca. Casado con Ana Graciela, venezolana, ha podido comprobar, no sólo por sus estudios y lecturas, la parcialidad anti-revolución bolivariana de muchos medios de comunicación, lo que le ha llevado a escribir artículos y ahora el presente libro, como una necesidad personal, política, de conciencia. Con él pretende, según me escribe, “hacer pensar a quien lo lea”, y “no que se crean a pies juntillas lo que yo digo”, sino que traten de comprobarlo, frente “al dogmatismo que promueven los grandes medios capitalistas para mantener intactos los privilegios de los dueños de esos medios, que no son otros que los que forman la injusta oligarquía mundial”.
Tomando prestada una expresión a Santiago Alba, Gonzalo Sánchez tiene algo que decir, y tiene los recursos mentales para decirlo. Para mostrar cómo los venezolanos han dejado de ser silenciados, ascendiendo a protagonistas de su propia historia, reclamando su honra personal y colectiva casi eternamente pisoteada. He aquí el camino de la revolución en su mejor sentido, de avanzar hacia ese horizonte que llamamos utopía. Horizonte de justicia y plenitud de derechos humanos para todas las mujeres y hombres, no para unos sí y otros no, que es la infame discriminación en que se asientan el llamado “orden mundial” y la autodenominada “comunidad internacional”, logotipo tan usado por quienes no dudan en excluir del presente y el futuro a la mitad de la humanidad.
Resumiendo en pocas palabras, Venezuela, con decisión y conciencia de lo que hace, a veces a tientas, descubriendo, inventando caminos --“se retrocede con seguridad pero se avanza a tientas”, dice Benedetti-- abre senderos, exporta futuro y dignidad a los países de su área latinoamericana, y a los de todas las latitudes del planeta. A tientas a veces, con errores a veces, sí, y es lícito hacer crítica de ellos. Mas crítica como análisis, discusión, razonamiento. No las críticas con condena decidida antes de empezar el análisis, como en esos juicios falseados donde la sentencia se encuentra escrita previamente a comenzar el mismo.
A Chávez y su refundación democrática del Estado los han condenado por anticipado todos los sucesores de los antiguos traficantes de esclavos, los capaces de tirar bombas atómicas sobre población civil, o quienes ejercen el terrorismo de Estado en Irak y Palestina, así los ex presidentes Bush y Aznar, grandes compinches de ese gran traidor a su propio pueblo, el ignominioso Pedro Carmona. A todos los citados les gustaba más un sujeto como Carlos Andrés Pérez. Con él hacían mejores “negocios”. ¿Pero y el pueblo? El pueblo, decía Louis Blanc, despertó asustado con el ruido de pasiones que no eran las suyas.
No importa a los citados que don Hugo gane democráticamente una y otra y otra elección y referéndum durante más de una década. No aceptan que democráticamente transforme la inane realidad anterior venezolana y redima a las masas populares, no les interesa que luche contra el latifundio depredador, que traiga sanidad, escolarización y comedores gratuitos, acceso de los humildes a la Universidad y a la vivienda, atención a los discapacitados, reconocimiento y ayuda a los pueblos indígenas, emancipación de la mujer oprimida por el patriarcado, cumplimiento del Protocolo de Kioto sobre medio ambiente.
Les enferma, en cambio, su liderazgo carismático incontestable, el cual no hay que enjuiciar o calificar desde unos esquemas europeo-occidentales sino con perspectiva de la América entre el Río Bravo mexicano y la Tierra del Fuego. El “Aló Presidente”, en sus coordenadas, no sería tan diferente de nuestro celtíbero “Tengo una pregunta para usted”, recoge el autor de este libro. Y Chávez es un hombre de origen popular que conecta chipén con la mayoría de sus compatriotas, con sus necesidades y sus ilusiones. Desde dicha perspectiva, pues, Chávez es un nuevo “libertador”, y su mayoría o legitimidad de gobernante dimana sobre todo de los sectores populares, a los que transfiere inmensos recursos económicos que antes sólo engrosaban los bolsillos y cuentas en paraísos fiscales de unos pocos. ¿Cómo le van a perdonar?
Por lo demás, son legión las verdades a medias o falsedades vertidas contra el Gobierno de Venezuela. Lean, verbigracia, entre las tergiversaciones que narra Gonzalo Sánchez, la “información” en mass media de que Hugo Chávez había eliminado de la programación televisiva la serie de “los Simpson” emitida por una cadena privada. “Yendo a la página web de la cadena, observamos cómo Los Simpson se emitía a las siete de la tarde de los lunes en la semana de comienzo de abril de 2.009”. En cuanto a la RCTV, no es cierto que “fuese cerrada”: “se le retiró la concesión para emitir por cobertura pública, debido a que apoyó el golpe de Estado de abril de 2.002, pidiendo el asesinato del Presidente de la República. Y sigue emitiendo por cobertura privada”.
II
Ya debiéramos ir terminando esta introducción, andamos por más de mil palabras, y no es uno el autor sino modesto telonero. Me limitaré a algún tema imposible de obviar, y que el lector, si quiere, discurra. Servidor aspira a lo mismo que Gonzalo Sánchez: a que el lector --es decir, el pueblo supuestamente soberano-- “piense”, deduzca, entienda. Y, en tal propósito, uno confiesa su adicción a la mayéutica, voz derivada del griego “maia”, partera; la cual no pare, no da a luz, sólo ayuda a quien pare, que es la protagonista, la heroína del trance. Aquí el actor, el parturiento, es la lectora o lector de este libro, quien de las uvas de los datos y hechos que éste expone podrá sacar el vino de moralejas y aprehensiones. Este mayéutico prologuista sólo aspira a meter en calor al lector, a tentarle a que analice y descubra por sí.
El leyente, confiamos, se dará cuenta de que la operación política del chavismo-bolivarismo es de muy alto voltaje. Se trata nada menos que de la dualidad o dialéctica, y del tanto por ciento de compatibilidad, entre la democracia representativa y la democracia participativa. En España nos sentimos “oficialmente” muy ufanos de aquélla, pero la realidad o práctica nos muestra un grave deslizamiento hacia la partitocracia, con una ley electoral poco democrática, las famosas listas cerradas y bloqueadas, la “lealtad” u obediencia del político, el representante de los ciudadanos, el cargo público, a la cúpula del partido antes que al pueblo, antes que a sus propios electores, especialmente en cualquier momento crítico. En suma, el “partito” como norte, por encima del “demos”. (Ahora mismo tenemos en Valencia, donde escribo, el esperpéntico y falaz apoyo, prietas las filas, recias, marciales, de los políticos del PP al imputado y sospechoso presidente Camps, cuando todos ellos saben lo que saben, o lo deducen mediante simple silogismo. E ídem de ídem respecto al jefe provincial de tal partido en Castellón, el conocidísimo Fabra de las cien cuentas bancarias secretas, entre otras lindezas sub judice).
En Venezuela, hay mucha más cuota de democracia participativa, lean el libro. Y hay un rescate enorme de la soberanía nacional, sin bases militares extranjeras por ejemplo, conque tentémonos las ropas antes de sentirnos demasiado superiores. Por no hablar del enorme poder y beligerancia política, acá, de la Iglesia. Y no digamos de la banca. Como describe Adela Cortina, en nuestro soberbio sistema no ha funcionado el marco institucional encargado de controlar las tropelías financieras, los banqueros han arriesgado hasta el desiderátum el dinero ajeno, convencidos de que a ellos les sacarán las castañas del fuego, y pagarán los más débiles, unos que se quedaron sin trabajo, otros que no pueden pagar la hipoteca de su casa, los de más allá que han tenido que cerrar su pequeña empresa. Déjenme añadir que la actual singladura de Venezuela echa importante cuarto a espadas sobre esenciales dimensiones de un sistema mundial necesitado de mucha más justicia y solidaridad.
No ignoro que las comparaciones son odiosas, y que Venezuela no es el paraíso. Pero muchas de sus extraordinarias “Misiones” (véanlo en este libro), de sus televisiones y radios comunitarias, sus cooperativas, sus consejos comunales, recuerdan aquellas dignísimas “Misiones pedagógicas” de la II República Española, recuerdan a “La Barraca” y el proyecto de educación, cultura y arte para el pueblo de aquel noble régimen aplastado por el fascismo. Que, al igual que la República Bolivariana, vino a proclamar, frente a la ignorancia y el atraso, la cultura y la toma de conciencia. Mas ¡qué arduo enfrentarse a la gran bestia de la Inercia, la Injusticia y el Silencio, de las estructuras de poder de siempre!
España, permítanme manifestar por si genero equívocos, es el país en que uno desea vivir, el mío (dicho respetando a quienes no se sientan españoles, mientras no tiren de pistola y bomba, y conociendo que tanto el Artículo 1º de la Carta de Naciones Unidas como el Art. 1º del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos prescriben el derecho a “la libre determinación de los pueblos”; dicho creyendo que el futuro español es la República Federal). Mas no alardeemos inmoderadamente de ser parte de la “Europa avanzada”, no critiquemos con virulencia las imperfecciones de la V República de Venezuela cuando aquí (por no hablar de los grandes financieros manguis de USA) aún nos bañamos en mares, más que lagunas, de corrupción, heredada (¡ah la Inercia!) de tantas dictaduras y dictablandas. ¿Y nos atrevemos a exigir pureza infinita e inmediata en Venezuela, que está saliendo de una noche mucho más negra?
Mañana mismo, declara como imputado el Presidente de la Generalitat Valenciana, por presunta corrupción. Y el juez tiene también bajo el ojo a una decena de “Consellers” (ministros del Gobierno autonómico) y a otros altos cargos, por los contratos con la corrupta Orange Market realizados en probable fraude de ley, troceándolos (“al menudeo”) para burlar la fiscalización previa, la publicidad, la libre concurrencia, y por ende a la Sindicatura de Cuentas y a las Cortes Valencianas, como señala el competente periodista F. Arabí. Contratos por mil y más millones de las antiguas pesetas, adjudicados a dedo a la franquicia valenciana del conocido Sr. Correa de la trama o caso Gürtel (lo de “los trajes” es el chocolate del loro). Sin entrar a hablar de la corrupción urbanística en las costas mediterráneas y otras, denunciada incluso por el Parlamento Europeo.
No es mi mayor deseo hacer comparaciones, reitero, sólo señalar los escándalos farisaicos respecto a Venezuela (¡cuán poco denuncian, los mismos fariseos, las enormes corrupciones e impunidades de su vecina Colombia!). Por ejemplo, censurar que Chávez lleve once años sobre la tarima, y olvidar a la vez que Felipe González estuvo catorce, y aspiraba a más. Y Juan Carlos lleva treinta y cuatro, y pretende que su hijo le suceda. Dobles varas de medir, doble moral, doble conciencia. Babosadas, chochadas, dirían quizá en El Salvador o Nicaragua.
José Luis Pitarch,
Profesor de Derecho Constitucional
Vicepresidente de Unidad Cívica por la República
Escoger tradiciones es un trascendente acto político. Quien suscribe lo aprendió del Teniente General Wolf G. Von Baudissin, ex Inspector General del Ejército alemán de la democracia posnazi, y con esta cita se inicia mi libro “Memoria irredenta del franquismo”, que tuve el honor de presentar en Barañáin el día 4 del presente abril. Se puede escoger la tradición de los guardias civiles general Aranguren Roldán, coronel Escobar Huertas, comandante Rodríguez-Medel Briones, capitán Uribarri Barutell, brigada Mas García (éste, en la isla canaria de la Gomera), todos ellos menos Uribarri asesinados por la barbarie militar-fascista-eclesiástica-terrateniente debido a haber sido leales en 1.936 a sus juramentos y a su dignidad; o se puede elegir la tradición de los guardias civiles que asesinaron por la espalda en Pamplona a su Jefe de Comandancia Rodríguez-Medel. Von Baudissin remataba: “Nuestras referencias a un pasado honroso han de ser a la resistencia contra el nazismo”. (Un servidor, comandante de Caballería, hace tiempo que escogió la tradición de generales de Caballería como Pozas Perea o Núñez de Prado y Susbielas, no la de otros “jinetes” cual Cabanellas Ferrer o Queipo de Llano, el traidor a todos los regímenes, sádico que incitaba a sus soldados a violar a las mujeres “rojas”).
La heroica apuesta de Rodríguez-Medel frente a Mola constituye una de las más sobresalientes muestras, entre otras mil, de la falsedad de una especie muy cultivada por la dictadura y por los militares franquistas: que “estaba muy claro”, era evidente que había que sublevarse contra el Gobierno de la República. Claro, por eso no se sublevaron los Generales Jefes de Región Militar (entonces llamadas “División Orgánica”) de Madrid, Sevilla, Valencia, Barcelona, Burgos, Valladolid, La Coruña (sólo se sublevó el de Zaragoza, Cabanellas), ni tampoco se rebeló contra la República el Jefe del ejército de Marruecos ni los generales al mando en Melilla y Ceuta. Por otro lado, muchos militares católicos de pura cepa, como el citado Escobar o el mismo Vicente Rojo, máximo militar leal, sirvieron con lealtad al Gobierno legítimo durante toda la guerra impuesta por Mola, Queipo y Franco, lo que prueba otra de las clásicas mentiras de los rebeldes: que servir a la República era atentar contra la sacrosanta religión.
El Jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de Navarra aquel 18 de julio conocía, en cambio, que Mola estaba en contacto directo con los servicios secretos de Mussolini y Hitler, sin cuya ayuda el golpe contra el Gobierno legítimo hubiese fracasado. Y este comandante extremeño casado con una pamplonesa, este hombre valiente, consciente y de verdadero honor era capaz de dar jaque a los planes de Mola y de unos requetés dispuestos a matar a mansalva en nombre de Dios, en una nueva “reconquista” que volviera a España a la Edad Media y a un nuevo tipo de Inquisición. Por eso había que matarle y echarle a una fosa común. Por eso el infame “Diario de Navarra” dirigido por el infame Raimundo García llamaba “grandes titanes de la civilización europea” a Hitler y Mussolini. Y le temían, como dicen que al “Cid”, incluso después de muerto. Por eso otro infame, el coronel Beorlegui, certificó que Medel había muerto por “hemorragia interna”, no a causa de disparos. Y el mencionado periódico publicó que “a consecuencia de un desgraciado accidente”. Luego, lo más que consintieron es que sus restos fuesen anónimamente a un panteón en que le prestaron un hueco, sin inscripción alguna. Los mismos que han mantenido, tres décadas de esta insuficiente democracia aún parcialmente secuestrada por el tardofranquismo, a más de cien mil españoles asesinados y enterrados sin nombre por zanjas, pozos y barrancos.
He estado esta tarde de lluvioso sábado 18 de abril en el tanatorio de Alfafar (Horta Sud valenciana), despidiendo, junto a otras personas de bien, a Florián García, "Grande", amigo querido a quien tanto he admirado, con el que compartí más de una reunión en Valencia o en la Venta de Contreras (límite provincial Valencia/Cuenca). Florián fue muchos años Presidente de AGLA, Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón, hasta que la edad y la salud le hicieron pedir el relevo.
Invade mis recuerdos otra tarde, de verano, en el despacho de Jorge Llácer, preparando la jornada republicana guerrillera de Santa Cruz de Moya de cada octubre: en aquella mesa, además de Florián y otros, estaba igualmente el inmenso Julián Antonio Ramírez, aquel que desde Radio París fue por un cuarto de siglo voz de dignidad y República, de no rendirse a la dictadura militarista-clerical-fascistona; Julián Antonio, que falleció (como Florián, con más de noventa años) dos atrás, en 14 de abril precisamente.
Y ha pocos días también se nos ha ido a los noventa y tantos otro amigo entrañable, Adelino Pérez, "Teo", de La Safor (comarca de Gandía), a quien siempre recuerdo codo con codo sobre una tarima en Aldaia, en un salón repleto de gente, festejando otro aniversario de la República abrileña.
¡Indigno régimen el que tenemos (¿se puede tener dignidad o virginidad sólo a medias?), incapaz democracia que tanto se auto-ensalza!, única en Europa (del este y del oeste) donde los combatientes antifascistas que ejercieron el sagrado derecho de resistencia armada a la tiranía, glosado por Tomás de Aquino y Locke, del que nacieron los mismísimos EEUU de Washington, Adams, Jefferson, único país europeo, decimos, donde estos hombres y mujeres (Remedios Montero, “Celia”, mujer de Florián, también militó en la guerrilla) no son héroes, ni tienen medallas, ni pensiones, ni rango militar honorífico, ni reconocimiento institucional.
No nos cuenten mentiras políticas. Es porque los del césar marroquí ganaron la guerra... y en 2.009 siguen impidiendo que se reconozca plenamente a los guerrilleros, últimos soldados de la República, que no se rindieron en 1.939. Esos añorantes y beneficiados del expolio franquista tienen suficiente poder para impedirlo, como tiene la CIA y sus aliados para impedir que Obama vaya más allá y encause penalmente a los torturadores de Guantánamo, aunque haya reconocido oficialmente que torturaron. (Obama no se arriesga a acabar como John F. Kennedy).
Aquí, tenemos al homicida de Estado (francofascista) Fraga presidiendo la primera mesa del Senado de 2.008, y continuando de "presidente" del PP. Franco aún cabalga, si no al galope al trote o al paso (véanlo en el patio principal de la "capitanía general" de Valencia, y su escudo fascistoide sobre la puerta principal, mientras no existe en Valencia una calle que recuerde al valenciano Vicente Rojo Lluch, o al heroico y noble coronel Joaquín Pérez-Salas). Aquí, el pueblo toledano llamado, de siglos, “Azaña” (de aceña, noria) sigue con el nombre del regimiento africanista que lo tomó a sangre y fuego el verano del 36. Nuestros gobernantes y legisladores "ganan tiempo" para dar ídem a que se mueran los pocos guerrilleros que quedan (¡ay Pons Prades, ay Miguel Padial, ay tantos!). Y, a ser posible, que se mueran también sus viudas, hijos y sobrinos. Para que sea como con los españolitos llevados al matadero en el Barranco del Lobo o en Annual. ¿Qué familiar pedirá hoy responsabilidades por ellos?
Y, como cierre, los dignos magistrados de lo Penal de la Audiencia Nacional aseguran, salvo tres de ellos, que la sublevación militona-terrateniente-eclesiástica-mussoliniana-hitleriana contra el Gobierno de la República no fue un delito contra la forma de Gobierno. Mi modesto análisis jurídico dice que prevarican, que estiran el Derecho como un chicle. Hay que cerrar el paso a cualquier juez o fiscal que ose mirar en las cloacas de la feroz dictadura.
José Luis Pitarch, profesor de Derecho Constitucional,
vicepresidente de Unidad Cívica por la República
María Tomás, Valencia / Levante Mirando la portada del libro de José Luis Pitarch con la foto del dictador Francisco Franco de cuerpo presente uno podría pensar que se trata de un libro sobre el pasado. Sin embargo, como dijo en el Club Diario Levante el Premio Nobel Alternativo y doctor en Ciencias Políticas por la Universidad de la Sorbona, Joan Garcés, el libro “Memoria irredenta del franquismo. La reconciliación del embudo” (Ediciones Flor del Viento) reflexiona sobre el pasado, habla del «anómalo» presente y plantea un problema de futuro resumible en la necesaria democratización de las fuerzas armadas; en la que podría calificarse sanitaria reconciliación sin olvido: es decir, la rehabilitación de guerrilleros y militares democráticos, vivos y/o ajusticiados, que resistieron y no se inclinaron ante el fascismo europeo, aunque perdieran la batalla en este país, así como en el reconocimiento de los responsables y las víctimas de la guerra y la represión. La tesis de Pitarch es que la Transición «sobre pólvora, paredón e incienso», que más bien llamó Transacción, «no acabará mientras siga apadrinada por la impunidad respecto a los crímenes contra la humanidad cometidos a partir del 17 de julio del 36». «Impunidad que perdura hoy», decía Garcés depositando su confianza en la generación de los nietos de aquellos represaliados que, ahora, tras el terror de los que vivieron guerra y posguerra y el silencio de los que heredaron esta democracia otorgada, están llegando a los tribunales para que se apliquen leyes vigentes que tienen su raíz en la victoria de la coalición antifascista del 45. Según el jurista, «todos los crímenes cometidos aquí desde el 36 son susceptibles de ser juzgados por tribunales españoles. Otra cosa es que haya magistrados y fiscales dispuestos a aplicar la ley», aseveró quien, además de haber sido asesor político personal de Allende, actúa como abogado de la acusación representando a la nieta de Juan Negrín, el último jefe de gobierno de la Segunda República.
Testimonio y resistencia Es por eso que el trabajo de Pitarch fue calificado como un libro de testimonio pero, sobre todo, “de resistencia todavía hoy, aunque parezca mentira y sea una vergüenza», decía él. Entre otras cosas, porque España es la «excepción europea» en este tema. «Tenemos gobernantes, jueces y fiscales incumpliendo sus obligaciones jurídicas derivadas de tratados internacionales firmados por España», afirmaba Pitarch. «Ni siquiera ha habido un juicio moral, político o doctrinal», añadía Garcés. En opinión del editor, Ramón Serrano, «Pitarch reflexiona sobre el perdón y el olvido, pero también acusa y señala los errores de la transición, a las personas que los cometieron y a quienes se mantienen bajo pieles de cordero, lobos del franquismo y del golpismo», explicaba puntualizando el título de la Colección en la que se enmarca la obra: “Con Franco vivíamos peor”. Pitarch fue calificado por Garcés como «una persona que busca el por qué de las cosas y que tiene como referente valores de democracia, tolerancia, libertad, repulsa del crimen y exigencia de que los delitos sean juzgados». El autor, además de ser profesor de Derecho Constitucional y candidato al Senado por EUPV en 2000 y 2008, es comandante en la reserva y miembro de la Unión Militar Democrática (UMD).
Lucha contra el desánimo Ramón Serrano felicitó su lucha porque ayuda contra ese desánimo que, en este caso, le sobrevino en la presentación al comprobar por la prensa que el PP se ha negado a erigir un monumento en el campo de Los Almendros en honor a los 20.000 republicanos que quisieron y no pudieron huir desde el puerto de Alicante. Josep Lluís Galiana, coordinador del Club, también señaló el trabajo de Pitarch de «reflexión concienzuda y muy valiente» reconociendo el estilo particular de quien escribe como habla, «sincero y riguroso». Pero, a vueltas con esa continuidad de un sistema actual sucesor de la ruptura democrática «ilegal» que se produce contra la insurrección militar el 36, los ponentes se dedicaron a repasar algunos de los temas que abre el libro. Garcés se refería, por ejemplo, a la batalla de la Audiencia Nacional abriendo la puerta al juicio de estos crímenes y a cómo el sistema arremetió contra el juez apartándolo de la investigación. «Entendíamos que había prevaricación por parte del Tribunal Superior. El caso sigue abierto. Esta semana entró al Constitucional por una recusación que presentamos por falta de imparcialidad del tribunal que daba la orden de no investigar». Garcés se refería también a la Ley de Amnistía de 1977, posterior al Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, tema abierto en el Supremo, que continuará en Estrasburgo. «No puede haber amnistía para los que cometieron crímenes contra la humanidad. Priman los principios de Nuremberg», añadía. «Bajo el pretexto de sacar de la prisión a los perseguidos por la dictadura se interpretó la amnistía para los que cometieron crímenes, que estaban no sólo en la calle. También el poder», decía Garcés mientras Pitarch se refirió al «homicida de Estado, señor Fraga», hoy presidente de honor de un PP que Pitarch consideraba, al menos en su mitad, «franquistas tardofascistas que hacen el papel de la extrema derecha europea y me atrevo a decir que justifican la dictadura». En su opinión, «el pacto de la Transición incluye esperar a que se mueran todos». Se refería a los guerrilleros que «ejercieron el sagrado derecho de resistencia a la tiranía». El jurista y autor también se refirió a la imposibilidad de revisar los juicios militares a los «oficiales con conciencia democrática fusilados o condenados». Cuando no a la negativa del Senado de dar subvenciones para buscar la verdad en las fosas; la ausencia de jueces que abran diligencias; a la investigación de los niños secuestrados… o los magistrados que consideraron que el 18 de julio del 36 no fue un delito contra la forma de gobierno. «Hubo causa general contra los vencidos pero no quieren que haya ni un procedimiento contra los vencedores», decía Pitarch. De todo eso y de más se habla en su libro. Un dedo en la herida. «He intentado ser notario, no juez» afirma quien muestra los «embudos de la automitificada Transición». De eso se trata, según Garcés. «La lucha, que será eterna, se sitúa entre la concepción democrática de las sociedades de tolerancia contra la concepción dictatorial e intolerante». Y lo que plantea Pitarch es que no se resolvieron las cosas «porque los poderes básicos siguen siendo los mismos. Examinamos el poder de la Iglesia o el de los militares». En su opinión, España continuará en interinidad mientras no haya un referéndum monarquía-república.