En un país más orgullo que un palomo de presidir la Unión Europea, cinco funcionarios faltan al trabajo y la actividad diaria se colapsa. En un país tan tonto como este, con un salario mínimo interprofesional impropio de un presidente de nada y cinco millones de parados silenciados por la prostitución socialista de los sindicatos, van y se ponen en huelga un grupo de ricachones asalariados por la teta del Estado. Es curioso que esta clase de chupópteros se concentre en su mayoría en el gremio de la aviación, y es que después de los pilotos de Iberia, ha surgido del sector otro nuevo casta amante de jodernos las fiestas y forrarse los bolsillos, los controladores aéreos. Hasta hace unos días sus “desorbitados suelos” no eran un problema para la administración, pero ha sido pedir más y el Ministerio de Fomento saltar al cuello. No en vano, abochornar públicamente a los adinerados en época de crisis, es seguro un gesto apreciado por un electorado falto del aprecio socialista. En lugar de reprimendas mediáticas impropias de un Ministro, podría el susodicho centrarse en la práctica y aplicar medidas efectivas para solucionar el problema, él que puede, pero al ser el gobierno Aznar el que fijó los sueldazos y aplicando la máxima de la política española, primero las culpas, siempre que sean del otro y después, si queda tiempo, las soluciones. Los controladores de momento no parecen demasiados preocupados, quizás porque la autoridad del oponente, una clase política corrupta y adinerada, impone poco a estas alturas. El Ministro de Fomento gana 6700 euros brutos mensuales o lo que es lo mismo 10 veces el salario mínimo interprofesional o lo que es lo mismo 6 veces más que el 63% de los trabajadores mileuristas que malviven en España, y todavía le parecía poco. Por eso el pasado marzo junto a 256 diputados, escenificaron a puerta cerrada sin cámaras de televisión el atraco perfecto, aprobando una normativa que ampliaba el marco laboral extraparlamentario de sus señorías y por ende sus emolumentos. Con este ejemplo de entrega desinteresada a la causa pública, resulta lógico que a los controladores les parezca escaso los 340.000 euros anuales de media que perciben, a fin de cuentas todos los que engordan a costa de la teta pública, quieren tarde o temprano mamar de la más grande.
Desde que las urnas le llevaron al poder en Bolivia, las fuerzas extranjeras nada partidarias de su modelo socialista, han intentado desestabilizar constantemente su gobierno. Lo último ha salpicado al ex jefe de prensa de José María Aznar, Pablo Izquierdo, afín también a Esperanza Aguirre y cuya fundación, "Iberoamérica Europa", (que ha recibido en los últimos once años, más de cuatro millones de euros de la Comunidad de Madrid) ha sido acusada por el fiscal jefe de Bolivia de conspirar para “desestabilizar el gobierno” y de participar en un “intento de asesinato de Evo Morales”. Sólo es un ejemplo de muchos, pero deja claro hasta donde están dispuestos a llegar los antiguos dueños, extranjeros, ilegítimos o impuestos, para recuperar el control del cortijo boliviano.
Pese a las trabas, a Evo Morales le ha dado tiempo en estos cuatro años de mandato a impulsar el mayor crecimiento económica del país en las últimas tres décadas, con un 5,2 % de incremento medio anual del PIB, siendo Bolivia en 2009 y en plena recesión mundial, el país del hemisferio que más ha crecido. Ha recuperado las fuentes de riqueza, expoliadas por las multinacionales y puestas ahora al servicio de los intereses del pueblo boliviano; ha protagonizado el mayor avance social en siglos, devolviendo la dignidad robada a la comunidad indígena, la suya, antes invisible y marginada y ahora con sus representantes sentados en los escaños del Senado y sobre todo, ha promulgado una nueva constitución, la primera aprobada por voto popular, que supone la refundación de unas estructuras de poder que hasta entonces subyugaban a las clases más desfavorecidas, mayoritarias en el país. En definitiva, ha implantado el modelo socialista revolucionario, que se extiende imparable por todo el continente y que conduce inexorable, a la segunda y ojalá definitiva independencia del pueblo latinoamericano.
Las urnas, volvieron ayer a legitimar el programa de gobierno del presidente Morales, reelegido con una mayoría aplastante que le permitirá continuar con su paquete de reformas sin el constante boicot de la oligarquía opositora.
Pero aunque los tiempos se divisan plácidos en el horizonte, Evo y el pueblo boliviano, no deberían olvidar que en cualquier rincón de Bolivia se esconde un Micheletti, dispuesto a asaltar el poder, con el beneplácito y apoyo de la comunidad hipócrita internacional.
Ha ganado tres ligas y tres supercopas de España, una copa del Rey y una supercopa de Europa y ha impulsado la imagen internacional del club a límites hasta ahora desconocidos. Durante su etapa ha florecido una de las generaciones más brillantes de la cantera y hoy día el equipo que dirige practica un fútbol que enamora medio mundo.
En condiciones normales, Joan Laporta sería el mejor presidente de la historia del Barça, pero en la España que se rompe con el estatut secesionista, ser catalán, en ocasiones, resulta un tanto anormal. Si fuera castellano-manchego o valenciano, a ojos de todos sin excepción, su rostro merecería un monolito en Canaletas y si fuera andaluz, además, resultaría hasta gracioso. Pero Laporta es de Barcelona y eso ya le convierte en sospechoso. Algo parecido le pasa a Xavi o a Puyol, que a pesar de demostrar su compromiso con la selección durante años, muchos recelan del sentimiento nacional de un tal Carles y un tal Xavier. La direncia radica en que lo de los jugadores no pasa de sospecha, mientras que lo del presidente es un hecho confirmado. Fue el propio Laporta, antes de su llegada al club, quien en un acto de sinceridad suicida confesó el delito; es independentista. Para un sector importante del país, esto significa necesariamente que el presidente del Barça fabrica cócteles molotov, tiene varias ametralladoras en casa y el 11 de marzo de 2004 Pedro J le vío por los alrededores de Atocha hablando en vasco por el móvil.
En un principio la crítica se limitaba al plano deportivo y Laporta, a pesar de los títulos, se había transformado en el enemigo más peligroso para los intereses del equipo, pero ahora, visto que los éxitos en el campo podían más que un par de excesos de verborrea, el ataque pasa a un plano personal. El panfleto La Gaceta, nueva herramienta desinformadora del grupo mediático ultraderechista Intereconomía , ha publicado unas fotos del presidente del Barça en plena euforia etílica en una discoteca, durante la celebración de la victoria sobre el Real Madrid. Una actitud en la que todos alguna vez, e incluso peor, nos hemos encontrado, cuya divulgación supone la quebrantación de cualquier código ético profesional, además de una vulneración del derecho a la intimidad de Joan Laporta. El delirio de un difamador de la casa ha revelado las verdaderas intenciones de la artimaña: "esto inhabilita a Laporta para su carrera política. Un tío que hace esto no puede ser presidente de Cataluña."
Quede claro que me sumo a la crítica generalizada sobre la politización que Laporta hace últimamente de su cargo, pero lo que no pasa de ser un hecho opinable, no justifica el ataque encarnizado que se centra ahora en su figura, pero que esconde una aversión antidemocrática a una ideología concreta y estigmatizada por los salvapatrias de siempre, que no son capaces de ver más allá del muro rojigualda.
Hace ya seis años de aquella funesta reunión. Los líderes del mundo libre y un par de palmeros ibéricos se reunían en las Azores para presentar, como si de CR9 se tratara, la segunda guerra de Irak, de nueva patrocinada por la industria petrolera pero esta vez con invasión total y posterior ejecución de Saddam Hussein, un antiguo y apasionado amante árabe, caído ahora en desgracia. Como si de una broma morbosa se tratara, bautizaron aquello guerra, maldecida por el mundo, como Operación Libertad Iraquí. Hace ya seis años, el río de sangre comenzó a inundar las calles de Bagdad, ahora convertido en un océano de dolor que ahoga cada día la vida de millones de inocentes. Y es que lejos de llegar, la libertad se ha convertido para los iraquíes en una pesadilla mayor que el extinto brazo de hierro baasista. La coalición, invasora de la tierra e invasora de los derechos humanos, torturadores de Guantánamo y Abu Ghraib, tramposos de Hamid Karkai y en definitiva embajadores del miedo, ha pervertido tanto el término, que la libertad es para los iraquíes, la palabra que precede a un tiro en la nuca. Hoy, el estruendo en Bagdad ha sido mayor que el de una bala y aunque algunos creían que los talibanes se habían apuntado al Yes We Can, tan sólo 4 días después de que unos suecos coronaran a Obama como hombre de paz, la sangre vuelve a brotar a borbotones por las calles de Irak. Hoy George Bush, Tony Blair, José María Aznar, Silvio Berlusconi, Jhon Howard y algún olvidado más, suman al milenario contador de su conciencia 150 nuevos muertos. Afortunadamente para ellos, el ego y la codicia se encargó hace seis de años de asesinar a ese maldito invento comunista.
Desde 2007 no se producía un atentado de semejante magnitud en Bagdad y la noticia ha pillado por sorpresa a EE.UU. Acostumbrado y asimilado el tradicional goteo de muertos, creía ya superada la etapa de las grandes masacres colectivas. Un reflejo más de una desastrosa estrategia cuyos objetivos siempre han sido fijados muy por encima de los esfuerzos aplicados en su consecución, basados en buena parte en la esperanza de un sentimiento anti Saddam, que la barbarie yankee ha convertido en añoranza. Ahora, en Bagdad, cualquier tiempo pasado fue mejor.
La ejecución de Saddam Hussein, lejos de solucionar nada, ha transformado un país que con el dictador sobreviva adormilado y que sin él, ha despertado más radical que nunca y aunque la voz de Obama suene armónica en El Cairo, este hastiado país, ya no se duerme con cualquier nana.

El especial marco judicial ha vuelto a dejar patente hasta que punto condiciona la vida pública y político en Euskadi. La herramienta represora conocida como Ley de Partidos, continua tras siete años en vigor condenando determinadas ideas de determinado lugar, a determinado lado de la ley. Las recientes detenciones de los líderes de la izquierda abertzle, supone otro duro golpe que condena al ostracismo, todavía más, a uno de los actores principales del conflicto vasco, que nada puede hacer en la resolución del mismo, si sus intentos de participación son constantemente coartados.
El Parlamento español se equivoca si cree que legislando con mano dura y bordeando la legalidad, va a conseguir transformar unos ideales que han perdurado durante cincuenta años y en peores circunstancias, sin que nunca el miedo a los barrotes haya sido un obstáculo insalvable. Si bien legislar con dureza puede ser criticable desde el punto de vista ético, la doble vara ejecutora del Estado, lo es, además, desde el punto de vista jurídico.
El Ministro del Interior Rubalcaba debería saber mejor que nadie que, actuar al borde de la legalidad tiene a la larga efectos muy contraproducentes. Formar un grupo de contraterrorismo a sueldo del estado, es actuar al margen de la ley, como lo es, en otra escala, moldear el marco jurídico dependiendo del momento y a favor de los intereses del que manda, aunque por el camino se pisoteen los derechos constitucionales de cientos de miles de personas.
Es asombroso ver a ministros, diputados, jueces y demás ilustres señorías presumiendo de demócratas, mientras amparan una justicia que detiene a Otegi por “planear un proceso negociador sin violencia”. Un delito que en España, en octubre de 2009, se paga con cárcel, pero que no hace mucho te convertía en un "hombre de paz" y que mañana dependerá de si llueve o hace sol.
Mientras tanto, los delitos fascistas siguen aumentando en España a un ritmo considerable, lo que se traduce en cientos de pelones cabreados, dando palizas a todo lo sospechoso de ser diferente, que después acuden puntuales a las urnas, votar a sus representantes de traje y corbata, verdaderos instigadores de la violencia fascista,que sin embargo se muestran inmunes a la Ley de Partidos. Y es que la estupidez de delinquir por España sale más barato que la estupidez de delinquir por Euskadi.