Desde que las urnas le llevaron al poder en Bolivia, las fuerzas extranjeras nada partidarias de su modelo socialista, han intentado desestabilizar constantemente su gobierno. Lo último ha salpicado al ex jefe de prensa de José María Aznar, Pablo Izquierdo, afín también a Esperanza Aguirre y cuya fundación, "Iberoamérica Europa", (que ha recibido en los últimos once años, más de cuatro millones de euros de la Comunidad de Madrid) ha sido acusada por el fiscal jefe de Bolivia de conspirar para “desestabilizar el gobierno” y de participar en un “intento de asesinato de Evo Morales”. Sólo es un ejemplo de muchos, pero deja claro hasta donde están dispuestos a llegar los antiguos dueños, extranjeros, ilegítimos o impuestos, para recuperar el control del cortijo boliviano.
Pese a las trabas, a Evo Morales le ha dado tiempo en estos cuatro años de mandato a impulsar el mayor crecimiento económica del país en las últimas tres décadas, con un 5,2 % de incremento medio anual del PIB, siendo Bolivia en 2009 y en plena recesión mundial, el país del hemisferio que más ha crecido. Ha recuperado las fuentes de riqueza, expoliadas por las multinacionales y puestas ahora al servicio de los intereses del pueblo boliviano; ha protagonizado el mayor avance social en siglos, devolviendo la dignidad robada a la comunidad indígena, la suya, antes invisible y marginada y ahora con sus representantes sentados en los escaños del Senado y sobre todo, ha promulgado una nueva constitución, la primera aprobada por voto popular, que supone la refundación de unas estructuras de poder que hasta entonces subyugaban a las clases más desfavorecidas, mayoritarias en el país. En definitiva, ha implantado el modelo socialista revolucionario, que se extiende imparable por todo el continente y que conduce inexorable, a la segunda y ojalá definitiva independencia del pueblo latinoamericano.
Las urnas, volvieron ayer a legitimar el programa de gobierno del presidente Morales, reelegido con una mayoría aplastante que le permitirá continuar con su paquete de reformas sin el constante boicot de la oligarquía opositora.
Pero aunque los tiempos se divisan plácidos en el horizonte, Evo y el pueblo boliviano, no deberían olvidar que en cualquier rincón de Bolivia se esconde un Micheletti, dispuesto a asaltar el poder, con el beneplácito y apoyo de la comunidad hipócrita internacional.