Señor Aznar: Posiblemente haya escuchado o leído que este pasado fin de semana han perdido la vida en la carretera dos jóvenes porque un individuo que conducía borracho estampó su coche contra el vehículo en el que iban estas dos personas fallecidas.
Señor Aznar, recientemente he recordado sus palabras pronunciadas durante el acto, era un 3 de mayo de 2007, en el que a usted le impusieron en Valladolid la medalla de honor de la Academia del Vino de Castilla y León. En un estado no quiero decir que de euforia etílica porque no me consta, pero sí en un estado de insensatez usted, haciendo befa y mofa de esos lemas de la Dirección General de Tráfico (DGT) que advertían aquello de “Si bebes nos conduzcas” y también decían eso de “No podemos conducir por ti”. Sobre el primero de ellos decía usted: “Déjame que beba tranquilamente, no pongo en riesgo a nadie ni hago daño a los demás” y sobre el segundo y ya rizando el rizo de la necedad dijo: “Yo siempre pienso, ¿y quién te ha dicho a ti que quiero que conduzcas por mí?” agregando a esto lo siguiente: “Las copas de vino que yo tengo o no tengo que beber déjame que las beba tranquilamente; no pongo en riesgo a nadie ni hago daño a los demás”.
Esas frívolas manifestaciones de usted, señor Aznar, hacen que unido a lo que manifestó en su día sobre lo que está sucediendo en Iraq en el sentido de que si se volviera a presentar decidiría del mismo modo, motivan el que a cualquier persona medianamente sensata le asalte la duda y el temor al pensar que durante ocho años los españoles estuvimos en manos de un individuo que creyéndose o queriendo ser gracioso o simpático, se pronuncia de forma tan desafortunada como lamentable sobre una cuestión como la que, no es la primera ni desgraciadamente será la última, ha provocado este sujeto que conducía en estado de embriaguez, truncando la vida de dos personas jóvenes cuyo tiempo y futuro ha cortado de raíz este borracho que a lo mejor pensaba como usted se expresaba de forma tan lamentable y repito, tan insensata, ese 3 de mayo de 2007.
Espero que con el apoyo que usted está prestando a Mariano Rajoy en estos últimos días, este no se deje influenciar por usted y no adquiera las mismas formas de pensar sobre todo lo que se relaciona con aquello que pueda dañar a las personas. Aunque esa influencia puede hacer mella en una persona con tan poco personalidad como la que tiene Rajoy. Los actos temerarios no hacen más que daño a los demás e incluso a uno mismo. Y fomentar el consumo de alcohol en la forma en que usted lo hizo es un acto temerario. Me gustaría despedirme mostrándole mi respeto pero me es imposible.
Archivos para: Enero 2011
No entiendo lo que pasa en el Partido Popular. No se aclaran. Se confunden y nos confunden. Resulta que un partido tan conservador y tan comprometido en la lucha por la vida, de ahí su constante rechazo al aborto, sea a la vez tan partidario de que la gente se vaya “bebiendo” y “fumando” la vida poco a poco.
Resulta que aquí, en la provincia de Alicante, el Partido Popular ha decidido instar a sus alcaldes a agilizar los trámites para que se pueda fumar en las terrazas. A esto se le puede añadir la protesta de Aznar, en su día, a las recomendaciones de la Dirección General de Tráfico (DGT) sobre la fatídica mezcla que supone el alcohol y la gasolina, ya se sabe, aquel lema de “no podemos conducir por ti” a lo que Aznar respondió. “¿Y quién te ha dicho que quiero que conduzcas por mí?” “Déjame que beba tranquilamente, no pongo en riesgo a nadie ni hago daño a los demás”. También dijo:”Las copas de vino que yo tengo o no tengo que beber déjame que las beba tranquilamente…” pero fue o intentó ser gracioso en un tema tan importante y serio como el de beber con alguna copa de más diciendo con respecto al lema de la DGT: “Yo siempre pienso, ¿Y quién te ha dicho a ti que quiero que conduzcas por mí?”. Estas prisas del PP para facilitar el que la gente siga fumando se complementan perfectamente con la actitud tan inconsciente como inapropiada en un político que ha sido presidente del Gobierno de España.
Aquí nos encontramos con la disyuntiva de que es lo que se defiende en el PP ¿la vida o la muerte? Deberían aclararse, pero esto es imposible si tenemos en cuenta que en el PP se defienden las causas de todos pero no por el mero hecho de que todos somos libres de hacer lo que creamos conveniente, ya sea esto bueno o malo, sino porque un voto es un voto. Lo normal, lo sensato, importa poco. ¡A beber y a fumar! Que son cuatro días y si bebes y fumas puede que menos.
Leo en un periódico el siguiente titular: “El PSOE y el PP frenan el intento de limitar las pensiones a González y Aznar”. Así de pronto me he quedado un tanto sorprendido pues en vez de leer “intentar” había leído “intentona” que como todos saben se refiere a una acción golpista. Vaya me dije, si que están mal las cosas. Pero había leído mal. A lo mejor ambos ex presidentes del Gobierno pueden haberlo interpretado así pues la intención de los grupos minoritarios del Congreso de los Diputados era la de dejar a ambos con una sola paga y esto, hay que entenderlo, suponía un duro “golpe” para los bolsillos de los dos “ex”.
En otro orden de cosas decir que hasta el pasado martes yo siempre había creído que el término “recomendación” se empleaba en política para aquello de “oye como va lo mío” o “ahí te mando a mi primo haz lo que puedas por él”, pero no, resulta que esta palabra tiene mayor trascendencia, hasta tal punto que las “recomendaciones” ya son objeto de debate y aprobación por parte de los componentes de la Cámara Baja, tanto es así que el pasado día 25 se debatieron y aprobaron en dicha institución parlamentaria las “recomendaciones” que con respeto a esto de la reforma de las pensiones fueron aceptadas por mayoría en la última reunión del Pacto de Toledo.
La verdad sea dicha es que el hecho de que estas “recomendaciones” hayan sido merecedores de haber precisado la aprobación parlamentaria nos viene a demostrar que esto de la reforma de las pensiones viene a ser algo muy serio, aunque el debate en la calle se pueda centrar, de hecho es así, en lo de “¿porqué cojones no puedo yo fumar donde me dé la gana?”. En cualquier caso la cosa no ha quedado muy clara. Se acordó “recomendar” que para poder retirarse a los 65 años había que tener 40 o 41 años cotizados, ahora son 35, no obstante parece ser que el Gobierno está dispuesto a ser más generoso y lo ha dejado en treinta y ocho años y medio. En cualquier caso reunir al cumplir los 65 años esos treinta y ocho años y medio años cotizados va a ser harto complicado para los trabajadores dado como está hoy, y no va a mejorar, la cosa de las intermitencias que se dan los contratos de trabajo y excuso decir lo mal que lo tienen los que hayan pasado por la Universidad para poder cumplir con este requisito al cumplir los 65 años.
También se ha aprobado la “recomendación” de “elevar la edad de jubilación pero no de forma forzosa” y ante esto me pregunto “¿cuál va a ser el tope de edad? La verdad es que esto no queda claro, la cosa puede quedar en aquello de: “Ni sí ni no, si no todo lo contrario”. Vamos, que no se puede ser más ambiguo. No sé si me explico. En fin, si andamos utilizando el Parlamento para aprobar “recomendaciones” está claro que al final el que tendrá que decidir y tragarse el marrón va a ser el Gobierno.
El problema para los políticos, para todos, no es la crisis ni el cómo resolverla. El problema para ellos es decidir que hacen con los ciudadanos. O lo que es más cierto: Como se los echan de encima.
El debate que actualmente está en el ánimo de la sociedad española no se concreta en una cuestión tan importante como puede ser el alargamiento de la edad de jubilación, la cuantía del despido o la reforma de las pensiones entre otros aspectos de carácter socio económico, no. El debate que enfrenta a los españoles se centra principalmente en si se debe permitir o no que los fumadores puedan joderse la salud donde les venga en gana y sin ningún tipo de miramiento o consideración hacia los que no fuman. A diario podemos comprobar cómo las inquietudes, temores y preocupaciones de los españoles de a pie no son sobre aspectos de tipo laboral o de lograr un futuro que nos permita vivir con una cierta dignidad, con poco dinero eso sí, no le pidamos peras al olmo, pero al menos sin tener que mendigar o pasar a depender económicamente de los hijos, que ya bastante tienen con sus hipotecas, después de haberte dejado la piel en el puesto de trabajo durante décadas. No, esto no nos preocupa, el futuro, no ya el nuestro sino el de nuestros descendientes, hay que resolverlo antes que este se te eche encima y te aplaste, no hay que vivir solamente el presente, o sea vivir el día a día para lamentarnos cuando vemos que ese día a día se va acabando o se ha acabado ya y te encuentras con la cruda realidad que no es otra que el no haber previsto el futuro y encontrarte entonces con un presente desolador.
Pues sí, lo que priva en los debates en bares, cafeterías y tertulias no tiene nada que ver con lo social y con lo económico. Lo que políticos y sindicalistas puedan estar debatiendo para evitar ese lúgubre futuro al que antes me he referido no llama la atención a nadie. La gente no se fija en los políticos. La gente no se da cuenta de que son estos los que marcan el rumbo de su vida, se quiera o no se quiera, guste más o guste menos, esa es la realidad y por esa realidad es por lo que hay que fijarse en lo que hacen los que deciden sobre todos nosotros porque si estos no hacen las cosas como es debido, si no legislan y deciden con verdadero conocimiento de la realidad social y aquí es donde debemos mostrarnos vigilantes y advertirles de que van por mal camino, se dará el caso de que nos percataremos de lo mal que estamos cuando estas ya no tengan remedio. Cuando no haya posibilidad de dar marcha atrás y no quede ocasión de reiniciar el rumbo por otros caminos. Hay que fijarse muy mucho en lo que hacen los políticos pues nos jugamos bastante en ello. Nosotros somos los primeros interesados y responsable para que las cosas se hagan bien y somos los que razonablemente debemos plantear aquello que queremos para nosotros y para los que nos precedan que no es otra cosa que un mundo donde todos podamos pasar por la vida con un mínimo de dignidad.
Pero por lo visto nos encontramos en un serio dilema que no es otro que el de: ¿Tabaco o reformas, esa es la cuestión?
Sí, España era una fiesta, ganaban dinero y encima se divertían, todo era posible, vale veinte, te doy cien, no te preocupes, hay para todos, esto no se acaba. Miran para otro lado, los de fuera también, éramos un modelo, no cómo esos nórdicos estólidos dedicados al estudio, serios como marmolillos, aburridos como ranas que esperan el beso del príncipe que nunca llegará. ¿Se acabó? No, que va, la fiesta continúa en muchos lugares y hogares, como si no hubiese pasado nada, como si no hubiesen hecho nada. ¿Dónde está Aznar? Da conferencias en los santos lugares, predica el fin del mundo de los demás, es asesor. ¿Asesor Aznar, de quién? ¿Con esa cara? No, lo peor no es la cara, es lo que hay detrás. Asesora a Murdoch, da lecciones de economía, y de política, es consejero de Endesa y ha montado una empresa familiar. Le va, ni te cuento. ¿Y Rato? Estuvo en el Fondo Monetario, de jefe, supervisando la economía mundial hasta 2007. Se largó justo cuando comenzó la juerga. Fue la recompensa por la ley del suelo y la desregularización del sistema financiero, por promover el ladrillazo, por acosar a los países pobres, por prever la crisis. Un genio. Desde luego hay gente que vale hasta para llevar Caja Madrid. ¿Y Zaplana, el de Terra Mítica y la California del Sureste? Buen chico, es adjunto al secretario general de Telefónica. No lo hace por dinero, es que le gusta viajar. Felipe González dicen que se ha montado un chiringuito en Gas Natural, de gran porvenir, en sus ratos libres aconseja y monta joyas. Si es que hay que valer. ¿Y Botín, Amusástegui, González, Sáenz, Rodríguez Inciarte, Luzón, Goirigolzarri, los grandes gestores de nuestros bancos estrella, que es de ellos? De perlas, sus sueldos no bajan de los quinientos millones de pesetas anuales y sus pensiones, vamos sus pensiones, son cantidades que escapan a mi entendimiento, te diré una por si tú la pillas, Goirigolzarri, consejero delegado del BBVA se jubiló con una pensión de 52 millones de euros, algo así como ocho mil millones de pesetas. ¿Y no hay nadie en la cárcel? Sí, el otro día la policía atrapó a un “cani” que robaba bollicaos en una pastelería de la Rambla. Es que no hay respeto.
Y no, no hay respeto y la ley se la pasan por dónde quieren. Ningún causante de la crisis, ni uno sólo de los urdidores del ladrillazo ha pisado la cárcel. Modificaron leyes para que todo el suelo de España fuese edificable, dieron créditos muy por encima de su capacidad, destruyeron nuestro paisaje, hipotecaron nuestra economía, han tirado a la basura a una generación entera de jóvenes y nos han metido en una situación extremadamente complicada. ¿No es delito eso? Yo pensaba que sí, que lo era y muy grave porque estos señores son los responsables de la miseria de millones de trabajadores y de la desesperanza de otros tantos. He visto entrar en la cárcel para mucho tiempo a chavales que habían robado una moto. A estos le dan premio y los llaman para pedirles consejo. ¿Pero no dices que son los responsables? Sí, y qué tiene que ver. Aquí si se cae un edificio, el culpable es el albañil que quedó aplastado. Si alguien se ha gastado cien mil millones de pesetas en Terra Mítica, otra barbaridad en la Ciudad de las Artes y las Ciencias con dinero público y de las Cajas de Ahorro, los responsables no son Zaplana o Camps, lo son quienes no saben apreciar la verdadera dimensión de esos proyectos y no se pasan todo el día entre columpios y juguetitos, el pueblo que no entiende nada. Además, qué delito, en España no es delito sublevarse contra un gobierno constitucional, matar a doscientas mil personas, desaparecer a otras tantas, exiliar a decenas de miles, robar niños y haciendas, destrozar la cultura. El único que está procesado por eso es Baltasar Garzón. El delito no lo cometieron los militares, banqueros y curas que felones, lo cometieron quienes defendieron la legalidad.
Sí, eso de Garzón tiene tela, y lo van a juzgar partidarios de aquello como si nada hubiera pasado, ¡qué aberración!... Bueno, pues ya entiendo eso de los recortes, claro no hay dinero para pagar lo que se ha gastado y cada día el Erario ingresa menos, ¿no? Pues que quieres que te diga, acabo de leer que diez equipos de fútbol de primera división, entre los que están el Real Madrid y el Barça, deben más de 500.000 millones de pesetas. Ya, pero eso son entidades privadas, allá ellos. Entidades privadas sí que son, y algunas las más grandes del sector, pero buena parte del dinero lo reciben de las televisiones autonómicas, de los Ayuntamientos, de las Diputaciones, de los gobiernos autonómicos. Eso no puede ser. Ya lo creo que puede ser, la mayor parte de los ingresos de los clubs de fútbol vienen de las televisiones, aún así no tienen bastante y reciben ayudas. Dicen que dan mucha publicidad y prestigio. ¿Y de dónde sacan las televisiones autonómicas el dinero que dan a los equipos de fútbol. Joder, tío parece que no te quieres enterar, de dónde lo van a sacar, de los presupuestos generales de cada Autonomía. Será que les sobra. No, que les va a sobrar, deben más de 300.000 millones de pesetas. ¿Y no las cierran? Pues no.
Suprimiendo los sueldos y jubilaciones desorbitados de los ejecutivos y altos cargos de los principales bancos de España, esos a los que tenemos que inyectar millones y millones de euros por su mala cabeza, por sus pésima gestión; las ayudas encubiertas, o no, destinadas a los diez principales equipos de fútbol de España y a las televisiones autonómicas, se habrían podido evitar buena parte de los recortes a que nos han abocado los inventores y gestores del ladrillazo y la especulación. No digamos nada, si a eso se añaden los dineros que cada año entrega el Estado a la Iglesia católica, más de un billón doscientos mil millones de pesetas para embrutecer a nuestros hijos y mantener cerrados a cal y canto miles de monumentos nacionales que podrían aprovecharse para desarrollar un turismo interior de calidad y crear miles de puestos de trabajo. Pero aquí hay cosas que no se tocan, el presupuesto de culto y clero sigue creciendo en un país definido constitucionalmente como “aconfesional”, los clubs de fútbol siguen pagando cantidades astronómicas por sus estrellas y las nuestras, los banqueros continúan aumentando sus sueldos y pensiones y las televisiones autonómicas metiéndose en la casa de usted para ofrecerle mierda a precio de oro, con su dinero.
Ni los sueldazos de los banqueros, ni sus pensionazas, ni los equipos de fútbol ni las televisiones autonómicas, ni el mantenimiento de la iglesia católica corresponden al Estado. Ni son servicios públicos ni derechos constitucionales. Son los socios, propietarios y accionistas de los bancos, de las iglesias, de los equipos de fútbol quienes han de pagar los gastos de sus empresas, y si no pueden, que las cierren o se dediquen a otra cosa. En cuanto a las televisiones autonómicas, nada mejor que suprimirlas. Para llenarnos la cabeza de basura, ya tenemos a las privadas, cuya licencia depende del Estado y no estaría mal las pusiese en cuarentena por salud pública: La única televisión que sirve para educar y entretener, y que además es un verdadero servicio público es la Dos.
No se pueden pedir sacrificios interminables al pueblo mientras con el dinero de todos se sigue manteniendo a parásitos irresponsables, a tipos que dan patadas a una esfera de colores y a sus jefecillos, a lameculos dedicados al libelo y a la degradación cultural del país, y a los que dicen que hablan con Dios en los cuatro idiomas oficiales. Si quisiéramos tener un país desarrollado, próspero y justo, los primeros tendrían que estar en la cárcel, los segundos, en el manicomio.
1.
El portavoz de la asociación profesional de Inspectores de Hacienda del Estado, Francisco de la Torre, ha afirmado recientemente que, de no ser por la economía sumergida, en nuestro país ya se habría producido una grave explosión social.
Se trata sin duda de una hipótesis muy creíble. Ahora bien, si se quieren hallar los motivos por los que la economía sumergida podría estar ahogando una encolerizada sublevación ciudadana, cabe enfocar la realidad de varias formas, esencialmente de dos, aun cuando se reconozcan como ciertos los mismos hechos. Que se haga hincapié en uno o en otro enfoque depende de si se desea que la ira en contra de la injusticia por fin estalle o si se persigue, por el contrario, que la sociedad continúe anestesiada para facilitar los próximos capítulos de demolición del Estado de Bienestar.
Es posible, de esta manera, apreciar el crecimiento de la economía sumergida, que en España se suele cifrar en más del 20 % del total de producción de bienes y servicios, en la medida en que supone una tabla de salvación para miles de personas y de familias que, sin ella, perecerían de inanición o al menos caerían en la mendicidad. Exhibiendo el trillado, repugnante y siempre reaccionario valor del «mal menor» se estima que, al menos y en tanto las cosas no mejoren, la economía irregular permite a no pocos sobrevivir, y sobrevivir, claro, no es poca cosa. Esta argumentación respaldaba, por ejemplo, la declaración hace meses de la ex presidenta del INE, Carmen Alcaide, quien aseguraba que es necesario e incluso recomendable un volumen determinado, bien que controlado, de economía sumergida que sirva de válvula de escape, colchón social y estimule al mismo tiempo la competencia en el conjunto del sistema.
Aparte del estremecimiento que provoca escuchar a quien ocupó cargo institucional tan elevado justificando el fraude y el saqueo de riqueza pública y de derechos sociales (¿pues qué ocurriría si un juez del Tribunal Supremo asegurase que resulta vivificador para las relaciones personales un porcentaje determinado de violaciones, homicidios o abusos de menores?), salta a la vista que la realidad que se oculta en discursos como el anterior es la que de verdad se desea. Y es que la economía sumergida constituye un submundo de esclavitud, el paraíso para nuestra patronal, en el que miles de seres humanos sin derechos han de aceptar las condiciones de explotación que se les impongan, por duras que sean, a cambio de, simplemente, sobrevivir. Cierto es que la economía sumergida es más, y que también en ella se ocultan caraduras que eluden el fisco y completan con beneficios extra sus ingresos declarados, todo lo cual redunda en perjuicio del conjunto de la sociedad. Ésta es la parte de perversión, no obstante, que al menos de manera oficial se repudia y se dice censurar (asunto bien distinto es lo que en la práctica se hace por atajarlo). Pero su efecto más devastador es el de presionar sobre la totalidad de la sociedad para suprimir derechos y atrapar a cada vez más sectores de la clase trabajadora en las redes de la servidumbre. Hay una trampa obscena en la afirmación de que un cierto grado de indulgencia en este terreno permitirá a quien se haya quedado sin siquiera la ayuda de 426 euros recibir unos ingresos con los que comer, porque es cabalmente el desempleo y la carencia de ayudas públicas de subsistencia la que empuja a buscar en la servidumbre los recursos con los que siquiera comer. Y se le entrega, y se sabe que se le entrega, a los esclavistas, que son casualmente quienes defraudan a Hacienda y quienes especulan con la riqueza de todos, un ejército de reserva subterráneo que, a su vez, se detrae de la capacidad de lucha y resistencia del conjunto de la clase trabajadora.
2.
Hasta aquí, sin embargo, nada de cuanto se ha dicho es desconocido para cualquier ciudadano de izquierdas, o simplemente bien informado. Lo que para muchos quizá pueda constituir una sorpresa es hasta qué punto la economía sumergida forma parte de nuestra existencia cotidiana, cómo se mezcla con la economía «regulada» y con qué naturalidad se mueven en una y en otra simultáneamente las mismas empresas. Constatarlo reforzará la convicción de que el problema no radica en que los poderes públicos no hagan lo suficiente por acabar con esta lacra, sino en que deliberadamente la nutran y la protejan. La economía sumergida es un pilar imprescindible para acometer la gran transformación de nuestras sociedades en comunidades aherrojadas por poderes feudales, sofocando de paso el riesgo de revolución social.
Cuando un ciudadano común trata de representarse lo que la economía sumergida es, piensa por ejemplo en trabajadoras inmigrantes sometidas a condiciones salvajes de explotación en la recogida de la fresa, la ve en los grupos de jóvenes –en general, también inmigrantes- con los que puede encontrarse junto a estaciones de metro y cualesquiera esquinas de nuestras ciudades aguardando a que un hombre en una furgoneta los recoja para llevarlos al tajo, o se acuerda del fontanero y el albañil que le hicieron una chapuza en casa sin emitir factura.
Hay, no obstante, un sector de nueva economía sumergida del que no se habla tanto pero que se expande a tal velocidad que en pocos años podría terminar por convertirse en la forma de vida permanente de la mayoría de los trabajadores de nuestro país. Su particularidad reside en que se desarrolla a la vista de todos y en que a él van ingresando, sin que parezca que nos inquiete, nuestros hijos, los hijos de nuestros vecinos y, puede que no tardando mucho, nosotros mismos, si es que no hemos sucumbido ya. Caminamos a paso de gigante hacia una sociedad en la que lo residual será la parte de trabajadores con derechos, por pocos que éstos sean. Es el trabajo «libre», cada día en mayor medida, la excepción, y por ello mismo fácilmente calificable de «privilegiado» por la propaganda al uso en los grandes medios de comunicación. La esclavitud es la norma, o acabará siéndolo en menos tiempo del que nos imaginamos.
Los profesionales de la Agencia Tributaria, por ejemplo, e imagino que igual los de otras administraciones que desempeñan funciones públicas similares, recibimos cada día en nuestras oficinas, desde hace años, a los nuevos esclavos. No resalta su condición en la actualidad por su forma de vestir ni por su manera de conducirse entre nosotros; somos o seremos, en realidad, nosotros mismos; todos podemos pasar de un lado a otro de la frontera en cualquier momento.
Existe una figura muy conocida que refleja bien el supuesto de explotación al que me refiero. Se los encontrarán ustedes con frecuencia, seguramente han visitado más de una vez su casa. Hablo de esos jóvenes –y en ocasiones no tan jóvenes- que llaman a nuestra puerta y nos solicitan ver las facturas de gastos domésticos para asesorarnos acerca de las posibilidades prodigiosas de ahorro de que disponemos si cambiamos de compañía eléctrica o de gas. ¿Se han preguntado alguna vez cuáles son las condiciones laborales de estos tenaces representantes comerciales?
Por supuesto, ninguno de ellos dispone de contrato de trabajo ni propiamente salario; trabajan a comisión. Son reclutados por grandes compañías, con frecuencia a través de empresas de servicios interpuestas. Se les obliga a darse de alta como profesionales por cuenta propia (en el epígrafe del Impuesto de Actividades Económicas 599 de la sección segunda, Otros profesionales relacionados con el comercio, que, a diferencia del epígrafe de Agentes Comerciales, no obliga ni siquiera a colegiación), pero en la inmensa mayoría de los casos no están dados de alta en el Régimen Especial de Autónomos de la Seguridad Social (dados sus emolumentos, es difícil que puedan correr con el pago mensual correspondiente, y además, de hecho, las propias empresas les aseguran indebidamente al contratarlos que no han de pagar cotización social alguna). Es decir, no cotizan a la Seguridad Social ni, consecuentemente, gozan de ningún tipo de protección, pero no contabilizan como economía sumergida puesto que están dados de alta en la Agencia Tributaria.
Es algo que se sabe. Si se cruzaran las bases de datos informatizadas de actividades económicas de la Tesorería de la Seguridad Social y de la Agencia Tributaria –lo que, por cierto, se aprobó como una de las medidas del último Plan Integral de Prevención del Fraude en Consejo de Ministros de 5 de marzo de 2010 pero no se ha llevado a la práctica- estarían todos los casos detectados al instante. Con comprobar los pagadores se podrían poner en marcha los procedimientos pertinentes de sanción a las empresas por vulneración masiva de derechos laborales. Y tal forma de intervenir, sobre la totalidad, sería la única posible; las denuncias individuales harían caer toda la responsabilidad legal sobre los trabajadores, puesto que no existe relación contractual laboral; se castigaría a las víctimas de la estafa.
No menos desolador resulta el mecanismo que las compañías utilizan para reclutar a estos comisionistas. Se les ofrece un periodo de prueba, en general de un mes, en el que deben conseguir cerrar un número mínimo de contratos –diez, por ejemplo. Si pasado el mes, el candidato solamente cierra ocho o nueve contratos, la empresa no le paga nada (o, como mucho, le paga una cuantía exigua por las molestias), pero naturalmente se queda con los contratos conseguidos. O no del todo. Porque si el candidato fue captado por otro comisionista, las comisiones de los contratos de aquél se las reparten la empresa y el captador. Lo que conduce a un sistema de estafa piramidal clásico, en el que los «fracasados» trabajan gratis durante un mes (¿cuántos miles de contratos de quienes no alcanzaron el mínimo acumulan las empresas sin haber pagado ni un céntimo a cambio?) y los «triunfadores» entran en una dinámica de rivalidad delirante que les impulsará, no sólo a lograr el mayor número de contratos, sino a captar a otros comisionistas con el deseo de que fracasen para arrebatarles las comisiones de sus contratos.
En una administración media de la Agencia Tributaria en Madrid pueden estar dándose de alta del orden de diez a veinte «profesionales» de este tipo a la semana. Sumen todas las administraciones de la comunidad autónoma, todas las del Estado. Añadan otras muchas figuras nuevas: administrativos contratados también como profesionales autónomos, los llamados «coordinadores de transportes» (en realidad, trabajadores de empresas de logística que reciben y distribuyen encargos por teléfono pero que carecen de contrato laboral), incluso camareros autónomos (a los que, siguiendo una consulta de la Dirección General de Tributos publicada en la página web de la Agencia Tributaria, se obliga a darse de alta como Otros profesionales relacionados con la hostelería, epígrafe 799 de la sección segunda del IAE).
¿De cuántos hablamos? ¿De qué proporción? Se da la circunstancia paradójica de que, al esconderse en fórmulas legales de trabajo por cuenta propia lo que en realidad son relaciones de dependencia laboral aunque sin derechos reconocidos, no forman parte de la cuantía calculada en ningún estudio como economía sumergida pero que, justamente por ello, constan en registros públicos. Bastaría con tomar la decisión política y administrativa pertinente para hacer desaparecer estas formas de explotación y actuar contra los explotadores. Sobra aclarar que son ciudadanos sin derechos cívicos reales de protesta y reivindicación, por no hablar del derecho de huelga. Aparte de que su conciencia social se encuentra triturada por la urgencia de acabar con los rivales de la misma condición para sobrevivir, lo que estrangula todas las vías de solidaridad.
A nadie se le escapa que la organización social es abrumadoramente difícil en esta área de nuestra realidad más próxima. Pero ahí está. O la afrontamos, para lo cual es imprescindible comprender que debemos afrontarla, por lo menos, o nos aplastará a todos, más tarde o más temprano.
Cuando leo alguna noticia en la prensa sobre la cual puedo escribir bien sea para reflexionar, comentar o criticar lo que en ella se dice, suelo hacer unas anotaciones al margen para luego desarrollar cualquiera de esas tres formas de manifestarme sobre la noticia en cuestión. En estos últimos días he leído algunas informaciones de prensa en las cuales he hecho algunas acotaciones pero no voy a amplificarlas, voy a limitarme a hacer una referencia sobre el contenido de la noticia y a continuación y como comentario, exponer la simple y escueta anotación al margen.
Leo el éxito que ha tenido Aznar, en los dos actos celebrados por el Partido Popular en León y Sevilla, donde Rajoy ha quedado eclipsado por la intervención del ex presidente del Gobierno y presidente de honor del PP como así ha quedado plasmado en los diferentes medios de comunicación que han dado mayor protagonismo a Aznar que a Rajoy. La anotación es la siguiente: ¿Quién será el que lleve las riendas del Gobierno si el PP gana las elecciones generales a celebrar en 2012? ¿Quién es quién?
Leo una entrevista que en el periódico Información de Alicante se le hace a un abogado que está ejerciendo la defensa de un empresario que junto con algunas decenas de cargos del PP en algunas poblaciones y Diputación Provincial de Alicante está siendo investigado por el juez por su presunta implicación en el caso Brugal. El abogado pronunció la siguiente frase: “Se equivocan los políticos que basan su proyecto en la crítica a la corrupción”. Para mí esto tiene dos lecturas y así lo he anotado. La primera es que efectivamente y si se refiere a esto tiene razón el abogado, un proyecto político no tiene futuro si se cimenta sobre la corrupción del adversario. La segunda lectura es que puede referirse a que si una formación política se dedica a atacar a otra denunciando una y otra vez aquel o aquellos casos de corrupción en que esta última esté implicada, puede estar perdiendo el tiempo ya que a los ciudadanos esto de la corrupción les resbala y lo consideran ya como algo normal.
Recientemente ha dicho Jaime Mayor Oreja, que el Gobierno ha impuesto en estos últimos años la “cultura de la muerte”. Sobre esta apreciación de este gerifalte del PP, he anotado esto: Cada vez estoy más convencido de que este pobre hombre es un enfermo que no controla sus delirios. Deberían llevarlo a que lo vea un buen médico.
Algunos medios escritos han coincidido en publicar que el presidente de la Diputación Provincial de Castellón, el popular y archifamoso Carlos Fabra, ha declarado bienes por valor de 3,9 millones de euros e ingresos anuales por valor de 158.000 euros. Mi anotación dice así: Si esta información es cierta estos 3,9 millones de euros se corresponden con veinte años de los ingresos anuales ya citados. Si es así de donde ha sacado el dinero para los gastos normales de mantenimiento de su casa, de su familia. Claro que en una persona a la que le ha tocado la lotería en cuatro ocasiones, algo cuasi milagroso, no me extrañaría que estuviera presente cuando lo del milagro de los panes y los peces y lo de convertir el agua en vino.
Finalmente referirme a lo dicho por Rajoy en el sentido de que pedirá la renuncia de las pensiones y los privilegios de los parlamentarios. Mo acotación es la siguiente: ¡Amos anda! ¿Ahora que se ha desatado el escándalo sale con estas? ¡Eso debió plantearlo cuando se propuso el conceder estos privilegios! No dice nada de los privilegios de los ex presidentes del Gobierno de España que cobran el sueldo de “ex” y además el de “consejeros” de alguna gran empresa. Por lo visto ya se ve como presidente y mejor no “meneallo”.
Espero, querido lector, haber sido breve en mi exposición y no haberle cansado y que usted haya entendido lo que he querido decir, la cosa da para bastante más. Pero creo que a buen entendedor con pocas palabras basta.
Dejé en el primer artículo sobre el rey, la historia de los Borbones con el segundo
reinado de Felipe V. Con él España sigue desangrándose y arruinándose, defendiendo
los intereses de la reina y sus hijos. Se suceden valido-primer ministro, entre ellos el
barón de Riperdá que huyó de España, se hizo protestante y después musulmán ¡qué
más da una religión que otra, el caso es que sirva a los poderosos!- Los desastres para
España de este Borbón son innumerables. Se abandonó la escuadra y nos robaban y
saqueaban las de Gran Bretaña. Murió Felipe V en 1746, produciéndose el desfile del
pueblo idiota ante el féretro -como luego con Franco-.
Le sucede Fernando VI que reinó trece años, tanto más loco que su padre, -loco o idiota
como casi todos los Borbones-. Se casó, como todos con una prima -así se degrada la
estirpe- con la que no tuvo hijos, pues este Borbón tenía los testículos atrofiados. Para
España no fue malo, pues se pararon las absurdas guerras del otro Borbón. A su muerte
gobernó bien el marqués de la Ensenada y Carvajal que siguen manteniendo -después
de 200 años de guerras absurdas por intereses dinásticos o religiosos- a España en paz.
El siguiente Borbón fue Carlos III que en la corte se puso en duda su paternidad,
atribuyéndosela al Cardenal Alberoni. Se le llamo “el mejor Alcalde de Madrid”. No
era inteligente, pero tenía sentido común -cosa rara en los Borbones-. Tuvo buenos
ministros: Floridablanca, Olavide, Conde de Aranda, Campoamor.
Carlos III cometió solo un garrafal error: dictó la Pragmática Sanción que provocó
numerosas guerras en el siglo XIX al impedir que reinasen los hijos, cuyos padres
se hubiesen casado sin permiso de su padre. Lo hizo para privar de sus derechos
dinásticos a su hermano Luis. Esta Pragmática Sanción fue revocada por su sucesor
Carlos IV, que, además, restableció la Ley de Partida que permite reinar a las mujeres
anulando la Ley Sálica que daba preferencia a los varones sobre las hembras. Sin
embargo no promulgó la Ley, dando lugar a las trágicas y desastrosas guerras carlistas
-otras guerras de España por motivos dinásticos de los Borbones-.
Carlos IV mostró desde niño síntomas de imbecilidad que se acentuaron con los años.
Eran gradote, feminoide, cabeza pequeña y nariz a lo Borbón -como todos-; se casó,
-como no-, con su prima María Luisa de Parma, una de las reinas más feas no solo de
España, sino de Europa, linfómana. Tuvo catorce hijos y diez abortos sin que nadie
esté seguro de cuántos eran hijos del rey. Se asegura que el Infante Francisco de Paula
era el hijo de Godoy, uno de sus amantes oficiales a quien nombró Príncipe de la Paz
y obligó al indolente rey a tomarle por válido, que hizo y deshizo en España. Era de
dominio público que cuando el rey salía de caza -y lo hacía a diario- Godoy le sustituía
en la cama. El rey, en su imbecilidad, era el único de la Corte que lo ignoraba. Se
cuenta la anécdota de que en cierta ocasión le dijo a la reina: -¿Sabes que la gente
dice que a Manolito -esto es, Godoy-, le mantiene una vieja rica y fea? Para que no
haya duda, se conserva la correspondencia íntima entre la reina y Godoy, donde ésta le
comunica incluso sus “achaques mensiles”, lo que no impidió a tan fea y fogosa reina
tener de amantes a toda clase de cortesanos. Cuando salió al exilio pidió que se les
diese la posibilidad al rey y a ella de vivir con Godoy “en un paraje bueno para la salud
de los tres”.
Recordemos el glorioso hecho de que en 1793 la revolución francesa decapitó a su
Borbón y que aquella tempestad republicana hiciese temblar a las casas reales y a la
aristocracia europea. Vamos, algo así lo que sienten los esperpénticos reyes dictadores
del mundo árabe, con el vendaval del pueblo en las calles de Túnez. Nuestro Borbón
aterrado por la decapitación de sus primos franceses, declararó la guerra a Francia
llevando una vez más a España al desastre por sus intereses dinásticos. Ante el mal
cariz de la guerra -los revolucionarios franceses ocuparon el País Vasco y Figueras en
la frontera catalana-, Godoy firmó una alianza con los franceses contra Inglaterra sin
que el Borbón de turno se opusiese. Otro desastre para España. La escuadra inglesa nos
cortó las comunicaciones con América. Napoleón invadió Portugal donde una hija de
Carlos IV estaba casada con el rey. Esto es, que nuestro Borbón ataca a su propia hija.
Además, esta invasión de Portugal permitió a Napoleón introducir sus tropas en España
con todo lo que vino después: un hermano de Napoleón -Pepe Botella- rey de España
y la guerra de independencia. El chaqueteo de Carlos IV con Napoleón nos llevó al
mayor desastre naval de nuestra historia: Trafalgar. El trapicheo entre Napoleón, Carlos
IV y su hijo el nefasto Fernando VII es verdaderamente vergonzoso e infamante para la
dignidad de España. Recordemos la reunión de Bayona entre los monarcas españoles,
un cardenal, y el propio Napoleón, en el que el hijo -luego Fernando VII,- insultó al
padre por ser un cabrón consentido y el padre llamó al hijo traidor y vendido. Escena
repugnante que hizo que el cardenal levantase su voz aconsejando silencio a nuestros
monarcas, provocando que Napoleón cogiese de la oreja al cardenal y le dijese mientras
le llevaba a su asunto: “tu mejor callado”. (Algo parecido a lo que dijo Botín padre
al actual Emilio Botín, cuando en una reunión con otros banqueros también le dijo, tu
Emilito, mejor callado). Por lo visto lo de “callarse” o “por qué no te callas” es cosa de
los Borbones o de los Botines (los del B. Santander).
Dejamos a ese desecho humano de Carlos IV para entrar en otro desecho, aún mucho
más repugnante: feo, vil, falso de escrúpulos, rencoroso, traidor, delator, miserable,
taimado, abyecto, felón y cruel. ¡Una joya vamos! No tengo que decir que era
Fernando VII, quien mientras el pueblo español luchaba en la guerra de independencia
contra las tropas de Napoleón, él vivía invitado por el emperador en el castillo de
Valençay bordando, y según la correspondencia de Napoleón y el dueño del castillo,
no se entretenía ni con las hermosas hijas del noble francés que se la servía en
bandeja -entre ruines e infames andaba el juego- Fernando VII, -aún no era rey-
felicitaba Napoleón en el periódico Monitor de París, por los éxitos que tenía contra
la gentuza y la canalla de España ¡¡Este es uno de los antepasados de nuestro actual
Borbón!! No sigo, pero quiero rendir homenaje al pueblo gaditano que redactó la
primera Constitución española en 1812 inspirada en las ideas progresistas y liberales
de la revolución francesa, que luego, -como siempre- los patriotas antiliberales y
los reaccionarios encabezados por la Iglesia, borraron por los intentos de los que
redactaron esa Constitución, de preconizar la modernización del país, la abolición
de privilegios y establecer una mayor justicia social. (Igual que se repitió contra la
segunda República).
Muerto Fernando VII, de quien podría haber escrito, no un artículo, sino cientos de
páginas contando todas sus canalladas, traiciones y crueldades, le hereda en el trono
cuado tenía tres años, Isabel, siendo reina gobernadora su madre María Cristina.
También por culpa de intereses dinásticos, como ya he dicho, se suceden las feroces
guerras Carlistas. La reina Isabel era analfabeta y tanto o más linfómana que su abuela
la reina María Luisa. Con dieciséis años la casaron -como no-, con su primo Francisco
de Asís, descendiente también de Felipe V. Con todos mis respetos a los homosexuales,
este esposo, que según la propia reina el día de la boda llevaba más encajes que ella, no
era el más idóneo para ser rey consorte de España, al que el pueblo llamaba pasta flora
y doña Paquita. No nos compensa que la reina fuese castiza, chulapona y comilona.
Allá ella y sus innumerables amantes. Sí es necesario decir que posiblemente su
sucesor en el trono, Alfonso XII fuese hijo adulterino. Su corte fue la corte de los
milagros, mangoneada por un clérigo, el Padre Claret, enclenque obsesionado con
el sexo, y por una monja histérica y falsaria “Sor Patrocinio de las llagas” que fue la
inventora de las corrupciones -¿esta palabra les recuerda algo al PP?-, que vendía
puestos administrativos amasando así una fortuna.
Dejemos atrás los generales que gobernaron España desde la cama de la reina, para
terminar el comentario sobre ella, con la anécdota que se cuenta, que cuando el Papa
Pío IX la condecoró con la Rosa de Oro del Vaticano, un cardenal le dijo: “señor
padre, ¡es una puttana!”, a lo que el Papa replicó: “puttana, ma pia”
Desterrada la reina por la revolución y pronunciamiento de 1868, España se desmembró
en taifas federales de signo anarquista, que provocó que los generales intrigasen con las
potencias europeas para buscar un rey constitucional para España. Fue elegido Amadeo
I de Saboya que terminó con la proclamación de la Primera República, a petición en las
Cortes, entre otros, de mi antepasado el general Lagunero.
Se restauró la monarquía abdicando Isabel II en su hijo -quizá como he dicho, de padre
desconocido- Alfonso XII, el de las grandes patillas a la moda prusiana, enfermizo, y
mujeriego como todos los Borbones, pero éste, además, por tuberculoso. Se casó -otro
más-, con su prima hermana, María de las Mercedes de Orleans y Borbón, bajita, guapa
y regordeta, que murió a los seis meses de casada. Los que pasó en la cama con el rey,
con alarma de los médicos que temían por la vida del rey en tan largos esfuerzos
nocturnos. El rey volvió a casarse con María Cristina de Austria, delgada y huesuda,
antipática y seca, una especie de matrona germana. Era culta pero es sabido que al Rey
Alfonso no le atraía la cultura sino las carnes de las mujeres. Juan Eslava, el historiador
al que hemos seguido, nos cuenta sobre lo poco agraciado de la futura reina que, el
amigo del rey que la acompañaba a ir a conocerla, adulándole le dijo que era hermosa,
pero Alfonso le interrumpió: “no te canses, Pepe; a mí tampoco me ha parecido guapa,
pero te habrás dado cuenta que la que está bomba es mi futura suegra”. Alfonso XII
tuvo diversas amantes y una querida fija, la artista Elena Sanz, de la que Pérez Galdós
dijo que era espléndida de hechuras y bien plantada” Esta amante del rey tuvo con él
dos hijos, Alfonso y Fernando. La reina era una profesional y soportó con resignación
las infidelidades de su esposo, si bien, en un par de ocasiones estuvo por tirar la toalla y
hacer las maletas. (¿Les suena a ustedes esto a algo más reciente de nuestra actual
monarquía?) En todo cas, -como ahora-, la reina disimuló y continuó sonriendo en los
actos oficiales, aunque la procesión iba por dentro. Esta fue la reina que como regente
gobernó la minoría de edad de Alfonso XIII. Vengativa quitó la pensión que la casa real
pagaba a Elena Sanz, quien chantajeó al gobierno con unas cartas íntimas del rey (¿Les
vuelve a sonar esto a algo reciente?) Esta reina es la del famoso consejo que le da el
rey antes de morir: “guarda el coño y de Canovas a Sagasta”, que era la alternancia de
dos partidos que se repartían el poder: los llamados progresistas y los reaccionarios
(¿Les vuelve a sonar a ustedes esto algo sobre lo que pasa entre el PSOE y el PP como
consecuencia de la inconstitucional, y antidemocrática Ley elecoral?)
De Alfonso XIII, el militar de la terrible y desastrosa guerra de África, donde el ejército
africanista ascendía en el escalafón y en condecoraciones, haciendo bestialidades
contra el pueblo de Marruecos -de donde luego Franco trajo cien mil moros a violar y
asesinar españoles-. Alfonso XIII es el rey perjuro, (¿les vuelve a sonar algo?), pues
habiendo jurado la Constitución, permitió y apoyó la dictadura de Primo de Rivera.
Vino la segunda República y el rey, desde el primer día conspiró junto a Mussolini,
con monárquicos y fascistas españoles, hasta provocar la guerra civil, que él seguía
gozosamente señalando en un mapa las ciudades, destruidas por los bombardeos nazis,
iba conquistando Franco con la Legión Cóndor, las divisiones italianas y los cien mil
moros.
Esta es, muy resumida, la pequeña historia de la dinastía de los Borbones. Del actual
rey, ¡qué les voy a contar que no sepan todos ustedes! Elegido por el dictador Franco;
juró los principios inmutables del movimiento; fue también perjuro y traicionó a su
padre -o jugó con él con dos barajas, para que uno de ellos fuese rey-. Ha estado
rodeado de asesores financieros que todos ellos han terminado en la cárcel: Colón de
Carvajal “el manquito”, que esquilmó a los reyes árabes; Ruiz Mateos, De la Rosa;
Mario Conde; Los Albertos; y todo el que se le acerque con dinero. Fue el “hermano”
del asesino rey Hassan II y dice es “tío” de la actual joya que gobierna Marruecos
toreando a España.
Este es el rey, que sin haber sido elegido por los españoles, dicen que reina pero no
gobierna, pero que, como decía en mi artículo anterior, conspira con empresarios y
sedicentes socialistas entregados al neoliberalismo, en beneficio de bancos, banqueros y
especuladores y en perjuicio de trabajadores, parados, pensionistas, y funcionarios. Este
es el rey que los españoles deben mandar al exilio junto a su cuñado el ex rey de Grecia.
Para terminar, ¿se puede ser monárquico?. ¡Reyes, ni los de la baraja! En España, con
los Borbones, menos aún. ¡Viva la República!
Quiero darles una noticia. Puedo confirmarles que en abril saldrá el periódico que
estamos promoviendo un grupo de amigos. Será un periódico independiente, no de
partido, pero sí, radicalmente de izquierdas. Nosotros lo sacaremos a los quioscos.
Los ciudadanos serán los responsables de que se mantenga o no en ellos. ¿Sería lógico
que los monárquicos nostálgicos, compren diariamente más de 100.000 ABC y los
republicanos y demás ciudadanos de izquierdas no seamos capaces de comprar una
tirada de periódicos igual o superior? Vosotros tendréis la palabra.
Estimado futuro jubilado: Si como es normal estará usted haciendo planes sobre como pasar el tiempo una vez que haya acabado su vida laboral, sobre todo para “matar” esas largas tardes, la mañana siempre es más corta, me permito aconsejarle que no incluya en esos planes el sentarse ante el televisor para a la vez que le sirva de distracción le sirva también como un elemento instructivo porque no lo va a conseguir. Actualmente está usted en activo, trabajando, y no habrá tenido muchas ocasiones de ver lo que por las tardes nos “echan”, nunca mejor dicho lo de “echan”, algunas emisoras de televisión que encima se jactan de ser líderes en audiencia. Puede que se lo hayan contado pero cuando usted lo vea en vivo y en directo se dará usted perfecta cuenta de que nunca pudo usted llegar a pensar que un invento tan prodigioso como es el televisor pudiera servir para ofrecer a los televidentes unos programas que calificarlos de malos, vulgares, lamentables y deprimentes sería un canto de alabanza hacia los mismos.
Se encontrará usted con programas en que sale un grupo de presentadores colegiados, en los que uno del grupo es el presentador o presentadora y los otros son colaboradores. Este grupo se dedica a “poner verde” a todo el que pilla por delante y dan detalle de la vida, milagros y desgracias de aquel que esa tarde haya caído en el punto de mira del grupo colegiado, grupo que dicho sea de paso la mayoría de los que lo forman tienen mucho porque callar, pero como es sabido, querido futuro jubilado, ningún jorobado se ve su espalda. También se puede usted encontrar con programas donde hay ciudadanos que van a contar lo que pasa en el seno de su familia y nos aburren con sus relatos, relatos que deberían ser motivo de comprensión y de despertar en nosotros un sentimiento de solidaridad pero que dada la forma y lugar en que los exponen lo que producen, en la mayoría de los casos, es un cierto divertimento, por no decir que el verlos hace que nos entre la risa floja, ya que sus problemas, sus intimidades, se pueden hablar y dilucidar en el seno de su hogar y no en presencia de media España generando lástima y risa a la vez creando una situación tragicómica.
Pero eso sí, tendrá usted ocasión de ver el poder y la fuerza de los medios de comunicación, principalmente el de la “tele”, y podrá ver en vivo y en directo como la televisión es capaz de convertir un cardo borriquero o un tronco de alcornoque en un rosal y además hacernos creer que las rosas huelen bien y son unas auténticas rosas reales, cuando en realidad se trata de un cardo borriquero que por mucha altura que alcance a nadie le dice nada, pero, ¡oh! maravilla, ese cardo borriquero produce beneficios millonarios. Eso le asombrará a usted y podrá observar tarde a tarde como ese vegetal, que no hay quien se lo trague, salvo aquellos que tengan unas tragaderas “todo terreno” va creciendo y creciendo. Ya dijo el torero que “hay gente pa tó”. Por tanto querido futuro jubilado, le aconsejo, como antes le he dicho, que lo de la tarde, lo de la mañana tampoco es muy recomendable, de la “tele” lo piense usted bien y vea la forma de cómo se las ingenia para “matar” esas largas y aburridas horas entre el medio día y el anochecer.
Es de esperar que todo esto no sea culpa de los trabajadores y de los pensionistas porque últimamente son estos los culpables de todos los males habidos y por haber. Deseo que después de leer estos consejos que me he permitido darle se una usted a mí y gritemos: ¡¡Que alguien haga algo!!
Los siete sellos, las siete trompetas, el dragón y las bestias, las siete copas, la batalla de Armagedón y la puta Babilonia. Uno ya está harto de amenazas, de intimidaciones, de agoreros. La herencia religiosa es muy pesada, puede estar bien, como conjunto de cuentos de terror con final feliz, la lectura del libro del Apocalipsis atribuido a Juan el Evangelista, lo que no es soportable ya es que todos los medios de comunicación se empeñen en recitarnos el apocalipsis cada diez o quince años para mejor servir al capitalismo, un sistema económico injusto que muy apoyado en la religión, en el castigo divino, en la resignación de la parte contraria, está en la raíz misma del hambre, la desigualdad, la falta de libertades y la depredación insostenible. No está escrito el futuro del hombre en ningún sitio, mejor dicho lo está en mil, pero todos los augurios han fallado tanto como los nuevos profetas de la economía que enfatizan sus pronósticos en el más seguro de los desastres. El hombre por sí solo puede llegar a hacer grandes cosas, hazañas que luego contarán historiadores o escritores sabios, pero en conjunto, unido junto a otros, es capaz de situar el Polo Norte dónde todavía está el Sur. No hay fuerzas invencibles, no hay estrellas que marquen nuestro destino, no hay futuros negros inevitables, las siete trompetas todavía no han sonado y si mañana mismo lo hiciesen, tendrían el mismo valor que el pitido de los autos que a diario nos saludan al amanecer. Como dijo nuestro grandísimo poeta: “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”, y ha llegado la hora de andar, no cada cual por su lado, sino todos a la vez, con el mismo objetivo, profundizar en la justicia social y desterrar para siempre de nuestras vidas a quienes se empeñan en convertirla en un valle de lágrimas.
Hace treinta y cuatro años, concretamente en 1977, cogí por primera vez el tren que une Calasparra con Madrid, un tren al que llamaban rápido y tardaba más de nueve horas, yendo todo bien, en recorrer trescientos sesenta kilómetros, lo mismo que en 1936. Iba sólo, a estudiar Económicas, mis amigos quedaron en Caravaca y en Murcia. En mi casa se leía Triunfo, La Calle, Destino, Cuadernos, Cambio y ese magnífico y esperanzador diario que fue El País. Pese a mi edad estaba al tanto de la crisis en que vivíamos, no sólo por las lecturas sino por la propia realidad: En los primeros años setenta muchos de mis paisanos –miles de ellos- abandonaron el pueblo, la huerta y los campos quedaron vacíos, los cortijos abandonados, las tierras improductivas. Pese a que apenas había electrodomésticos en casa, mis padres insistían una y otra vez, machaconamente, para que apagásemos la luz, una luz mortecina que se iba y venía según su personal decisión. Monté en el tren, ilusionado por conocer Madrid, por comenzar una carrera que no sabía si podría acabar, por cambiar de aires y abrir horizontes. Temeroso también por la incertidumbre. Salí de Murcia, atravesé “Castilla La Nueva” y, como un descubridor, entré en la provincia de Madrid. No es posible si alguien no lo ha visto, imaginar la sensación terrible que uno experimentó al pasar de Aranjuez, cientos de naves industriales abandonadas, tejados de uralita rotos, obreros y obreros alrededor de bidones de gasoil utilizados como estufas, los grises amenazando desde los promontorios, mujeres huidizas que iban de la panadería a su casa y de su casa a la panadería, entre escombros y matorrales, decenas de edificios construidos por Banús o algún colega, con pisos de a cincuenta metros, desconchados, oxidados, grises, tercermundistas, ni un árbol, desolación.
Me instalé en la pequeña vivienda de mi tío, en el barrio de La Coma, en Peña Grande. No había otro tema de conversación que el paro, la miseria y los robos. Eran los tiempos de “El Jaro”, macarra y delincuente habitual, de “El Chuletas”, “El Villa” y “El Cipote”, vecino de barrio que se llevaba los bolsos saltando desde las lomas de Peña Grande a la Carretera de la Playa con una habilidad y una destreza impropia de un chico de su volumen. El tironeo y el asalto a los comercios estaban a la orden del día, de todos los días en todas las calles, pero abundaban más por las habladurías, por los corros, por la maledicencia de porteros y porteras, por el miedo y la bola de nieve que aumentaba sin parar. Manifestaciones de obreros y estudiantes, esperanza ninguna, desencanto, miradas a un pasado feliz que nunca existió, ese del racionamiento y de la emigración a mansalva, del ordeno mando, de la letra con sangre entra, del silencio. Desconcierto general, hombre maduros, en edad de producir, improductivos, en el bar, cigarro tras cigarro, rabota tras rabota, paliza en casa, niños en las calles, aprendiendo la lección del excluido, sin horizontes.
No me hablen de apocalipsis, no amenacen con el apocalipsis a quienes todavía recuerdan la terrible y larguísima posguerra española que quieren esconder tras banderas infames, dejen de atemorizar a quienes saben de la tortura, de la cárcel, de la violación sistemática, del robo de niños, del luto a los treinta, de la tuberculosis, del tifus, de la viruela, de la cartilla de racionamiento, del boniato cocido, de la rebusca, de la sopa de cañamones, de la huevina, del vino con agua o del agua con vino, de la puta hambre, de la violación sistemática, del robo de niños, del derecho de pernada, de la cárcel, de la tortura, del estraperlo, de la arbitrariedad, de los sargentos cabrones de la maldita mili que hacía “hombres”, de los curas manoseadores y de los cien mil hijos de Satanás que convirtieron España en un inmenso campo de concentración.
Salimos de la crisis más grande de nuestra historia contemporánea, la posguerra; salimos de la crisis del 73, y no sólo salimos, sino que fuimos capaces de recuperar la democracia –aunque desde hace bastantes años necesite una regeneración integral para parecerse a lo que indican término y concepto-, de que retornasen dos millones de emigrantes esparcidos por todo el planeta y de admitir, más tarde, tras la crisis de los noventa, a seis millones de inmigrantes, la mayoría de los cuales son jóvenes y continúan entre nosotros. No nos merecemos eso, no lo vamos a permitir. Fuimos capaces de resistir como nadie, más que nadie, tres años al fascismo mundial y de aguantar la dictadura más salvaje del siglo XX, una dictadura consentida por la Europa democrática y sostenida por Estados Unidos. Nadie nos va a amedrentar ahora.
No sirven los vaticinios apocalípticos, todos nos equivocamos cuando hablamos del futuro. Quien quiera predicciones, acuda a la pitonisa más cercana. La economía no es una ciencia exacta a priori, como muchas de las ciencias, lo es más a posteriori, cuando se trata de analizar la tormenta una vez que ha pasado. De nada sirve responsabilizar a los trabajadores de vivir por encima de sus posibilidades, de poco amenazar con la intervención de nuestra economía cuando ya se están restringiendo derechos fundamentales, de menos incitarnos a trabajar más, a ser más productivos y más ahorradores cuando todo el mundo sabe que la demanda interna es fundamental para salir de la crisis en un país como el nuestro, y no hay demanda interna si se recortan derechos sociales, sueldos y jubilaciones. El único reproche que podemos hacernos, que podemos hacer a los trabajadores de este y otros países es que no se hayan puesto de acuerdo para movilizarse al unísono contra los recortes, contra la importación sistemática y progresiva de productos provenientes de economías esclavistas: ¡¡¡Señores, entérense de una vez, jamás, pero jamás de los jamases, podremos competir con quienes cobran tres euros al día y se conforman!!! Ya está bien de mentiras, ya está bien de idioteces, fueron ustedes quienes provocaron esta crisis, fueron ustedes quienes decidieron ir a producir allí dónde no había derechos, y ahora quieren acabar con los de aquí. Nos encontraremos, téngalo por seguro. Ni queremos ser China, ni tampoco Estados Unidos, por tanto no lo seremos. Resistiremos mientras despiertan los dormidos, pero no lo conseguirán, primero porque no se lo consentiremos, segundo porque ustedes también se están jugando el futuro, malditos cabrones.
Metámonos esta canción, no por oída, ajada, en las entrañas, es un himno lleno de futuro en cualquiera de sus dos versiones, el poema de Don Antonio, la fuerza de quién la musicó y la de quienes la cantan. Ahí está nuestra fuerza: Todo lo bello y lo justo lo ha hecho el pueblo contra quienes son ajenos a él, verso a verso, golpe a golpe:


