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01.11.11

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La ilustrada Europa

La ilustrada Europa, la moderna Europa, la Europa civilizada y liberal, la sofisticada, la muy democrática Europa arde por los cuatro costados. Sus portavoces, es decir, los ministros de finanzas, los hombres de Estado, y los banqueros, desde luego, los banqueros rugen de ira. ¡Habrase visto semejante atrevimiento, mayor crimen! Uno de los gobernantes de la ilustrada Europa, el más obediente hasta el momento a los dictados de los financieros, el primer ministro griego, se ha atrevido nada menos que a anunciar que va a preguntar a sus conciudadanos qué les parece más conveniente que se haga.

¿Y qué le importa a la moderna Europa lo que los ciudadanos piensen habiendo dueños de bancos que nos lo dicten? ¿Acaso pueden ahora enmendar la plana los esclavos a los amos?

En nuestra Europa civilizada y liberal se ha impuesto una explicación netamente racista de la crisis. Están los griegos y estamos los latinos, perezosos, incapaces, irresponsables y festivos, que nos hemos dedicado a holgazanear durante años y a derrochar, mientras los previsores y disciplinados germanos acumulaban ordenada y tenazmente su riqueza con el fin de soportar los vaivenes de la tormenta. Y ahora ellos, los buenos y ordenados germanos, tienen que sacarnos del lodazal en el que nos sumimos por nuestra mala cabeza. Es esta explicación pueril la que uno lee un día tras otro, repetida hasta la náusea en los periódicos serios, suscrita por analistas más serios aún; un dogma adornado con monsergas morales como que hay que pagar lo que se debe o que vivimos por encima de nuestras posibilidades o que no hicimos nuestros deberes, como si todo se redujera al reproche de un repelente empollón.

La verdad –como bien saben los que mienten- no tiene ningún parecido con esa fábula del europeo gandul y el europeo hacendoso. Es cierto que las élites políticas y económicas de Grecia, Portugal, España o Italia se lucraron engordando una maquinaria especulativa e insostenible, fundada en el crédito y colmada de humo. Pero no lo es menos que el reverso de esa moneda es el acuerdo de la oligarquía germana de obtener su rendimiento convirtiéndose en el banquero de Europa. La especulación y la consiguiente ruina de las economías periféricas han sido la condición indispensable del beneficio de las finanzas alemanas, y un paso imprescindible para convertir a estos países en protectorados condenados al subdesarrollo.

El acuerdo cerrado en Bruselas la semana pasada era el acto final de una tragedia cuya víctima se encarnaba en el pueblo griego, que durante décadas tuvo sueldos más bajos que el pueblo alemán, peores servicios sociales y un sector público más raquítico, pero que ahora es humillado bajo la acusación miserable e increíble de haber nadado en la abundancia. Se sabía que Grecia no podía pagar; se trataba simplemente de ordenar su muerte, llevándose los últimos trozos de carne, las últimas gotas de sangre. Eso, y no una muestra de «generosidad», como hipócritamente se quiso hacer creer al público, es lo que representaba la quita del 50% en la deuda helena. Al fin y a la postre, a la ciudadanía griega tal generosidad le supondrá mayor sufrimiento, más paro y más miseria.

Pero resulta que uno de los bufones se sale del guión, y anuncia que preguntará a sus compatriotas. ¿Quién sabe por qué un personaje tan mezquino, tan abyecto y servil como Papandreu puede haber tenido semejante ocurrencia? Sin duda, no le ha sobrevenido un pronto de honradez. Puede que trate de salvar una mínima ventaja frente a la oposición conservadora, o en su propio partido. Tal vez alguien le haya advertido que podría acabar sus días como Benito Mussolini si continúa sometiendo a su pueblo a padecimientos insoportables. Tal vez alguien en el ejército haya dado algún aviso a navegantes. O el vértigo, porque sentirá, claro, el vértigo, el pavor del precipicio.

El hecho es que anuncia que preguntará a la gente. Y la muy democrática Europa estalla. El mundo se desmorona porque un gobernante decide preguntar a sus conciudadanos. ¿Hace falta alguna prueba más de que la esclavitud es un requisito vital para el sostenimiento de este infame sistema? La opinión de los ciudadanos se ha convertido en un peligro; los grandes medios de comunicación llevan horas pregonándolo sin el menor sonrojo: no se puede preguntar a los griegos porque no responderán lo correcto, porque su decisión democrática es incompatible con las necesidades de las bolsas… Las bolsas mandan; hay que entregarle cuantas presas reclamen: el hambre, la desesperación, la falta de futuro… y el silencio… y la obediencia ciega… ¡A callar! ¡La esperanzadora Europa…!

26.06.11

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Hermanos griegos

El emplazamiento realizado por los burócratas de Bruselas al gobierno y al parlamento griegos para que, antes de que finalice el mes, acometa una nueva tanda de ataques contra su propio pueblo debe calificarse, sin circunloquios, como un caso de terrorismo y un crimen contra la humanidad por el que, algún día, tanto los burócratas de Bruselas como los del FMI tendrán que ser juzgados, condenados y encarcelados.

Ya no existe coartada ni argucia argumental tras la que escudarse. Se sabe de sobra que con la venta final de los restos del Estado griego, la supresión de los derechos sociales más básicos y la liquidación de los servicios públicos en los que se sostiene la prosperidad de cualquier país –en especial, la sanidad y la educación- se envía directamente a la sociedad griega a la Edad Media y se condena a su población a décadas menesterosas de subsistencia en la semiesclavitud.

Es justamente eso lo que se quiere, y el objetivo real de aniquilación de la nación griega ya apenas se disimula. No se pretende que Grecia se recupere. Nadie ignora, y menos que nadie los canallas que gestionan los asuntos económicos de la Unión Europea, que la destrucción de las herramientas estatales que garantizan la pervivencia autónoma de cualquier sociedad moderna y la depresión de los salarios y las condiciones de vida de la mayoría de los ciudadanos harán desplomarse definitivamente el mercado interior y, con él, cualquier posibilidad de recuperación.

Lo que se busca es que Grecia pague, sin más. El pueblo griego va a ser exprimido hasta que no le reste ni una gota de sangre. Cuando quede del todo exhausto, los banqueros alemanes que se habrán embolsado en forma de beneficios económicos el fruto del sacrificio de millones de seres humanos obligarán a sus patéticos criados en el gobierno germano y en la Unión Europea a que destierren a Grecia, la cuna de Europa, fuera de la civilización a la que la propia Grecia dio nacimiento.

El comportamiento de los dirigentes políticos y los funcionarios de la Unión Europea es el propio de delincuentes asociados a tramas mafiosas de malhechores. No solamente no han impulsado investigación alguna acerca de las causas de la crisis económica y de sus responsables, sino que han encubierto, primero, a los financieros y especuladores que provocaron la ruina del continente y, en segundo lugar, han conspirado junto a ellos para apropiarse ilícitamente de la riqueza pública de todos los países europeos. Ésta es la descripción exacta de lo que ha sucedido. No es que los dirigentes de la Unión Europea sean tan idiotas que ignoren cuáles son los resortes por los que cualquier comunidad puede salir de la pobreza –esos mismos resortes que se están arrebatando a Grecia, pero también a España, a Portugal, a Irlanda, e incluso a Alemania y Francia, dado que son sus burguesías financieras y no los pueblos de estos dos últimos países los que se benefician del expolio-.

Nadie que no sea un imbécil químicamente puro desconoce que son los maestros, los médicos, los carpinteros, los albañiles, los oficinistas, los transportistas y todas aquellas personas en suma que contribuyen con su trabajo a la creación de la riqueza común los que sostienen un país. No es preciso empozarse en muy enrevesadas teorías económicas para entenderlo. Es en el trabajo en el que se basa la riqueza de todas las naciones, según declaró por cierto Adam Smith bastante antes de que Marx escribiera El Capital. Si no hay educación pública ni sanidad, si no existe trabajo ni los trabajadores disponen de recursos mínimos para vivir con dignidad, ninguna comunidad puede prosperar. Los especuladores siempre han sido parásitos sociales a los que la gente decente despreciaba; en tiempos de crisis, el castigo con el que la sociedad se protegía de ellos solía ser la prisión, y a menudo la muerte.

Hoy en día, sin embargo, el orden económico internacional está gobernado por una vulgar pandilla de criminales. Ha quedado lejos ya la época en la que la gran burguesía, sin perjuicio de su condición de clase dominante y explotadora, albergaba aspiraciones civilizatorias, era creativa e ilustrada. La oligarquía financiera actual es un lastre para el conjunto de la humanidad; para nuestra salvación no bastan tibias medidas de control de su voracidad; es imprescindible hacerla desaparecer. La creación de una amplia banca pública, en nuestro país y en otros, es un paso necesario; pero la reivindicación completa que hemos de enarbolar es la de la prohibición de la banca privada, la nacionalización íntegra de la banca. Y, del mismo modo, han de ser arrebatados de la propiedad privada todos los recursos esenciales para la subsistencia colectiva.

El camino hacia el socialismo ya no encarna una simple opción ideológica; se ha convertido en la única alternativa a un poder genocida.

Así pues, las dos jornadas de huelga general de la próxima semana, en las que sin duda el pueblo griego dará nuevas muestras de asombroso heroísmo, se transforman en una batalla dentro de la lucha por la civilización, podríamos decir que incluso por la supervivencia de la especie.

Es vital que no les abandonemos. Hay que denunciar la repugnante campaña propagandística que quiere hacer creer a los trabajadores del resto de países europeos que la conservación de su bienestar depende de que los trabajadores griegos pierdan el suyo, su futuro y su dignidad. Por el contrario, la derrota de nuestros camaradas griegos supone un paso más en la nuestra. “Todo para nosotros, nada para los demás”, ésa es la máxima vil por la que, decía Adam Smith, los poderosos de todas las épocas se han conducido. Para hacerla efectiva, los poderosos del presente han determinado dejar de lado no solamente cualquier escrúpulo, sino también los rastros de legitimidad democrática con los que en el pasado retenían algunos de sus más feroces zarpazos.

Se han transformado en vulgares delincuentes incluso si se les juzga bajo los principios del Estado liberal clásico. Como tales hay que empezar a señalarlos, y a las muchas y razonables reivindicaciones que recorren las plazas y las calles de centenares de ciudades se habrá de añadir la de hacer justicia en el sentido más profundo y radical de la palabra. Esto ya ni siquiera es un sistema injusto; es una conspiración criminal, la más terrible, la más cruel, la peor de la historia. Se llama capitalismo.

25.11.09

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Amparitxu

«Ser poeta es encontrar
en otros la propia vida
»

Gabriel Celaya,
del poema “A Amparitxu”

Ayer murió Amparitxu Gastón, la mujer de corazón inmenso que fuera compañera de Gabriel Celaya durante más de cuatro décadas.

Me tengo prometido, para cuando la urgencia de la amargura no me atenace la mente ni me agarrote las manos, el acto de justicia de dejar testimonio escrito de cuanto nos regaló a mis vecinos de Leganés y a mí, durante todo el año 2001, en el décimo aniversario de la desaparición de Celaya. Decidimos que fuese el año del autor de los Cantos iberos, y lo colmamos de exposiciones, recitales, conciertos y otros muchos actos de recuerdo. Multitud de personas, instituciones y organizaciones colaboraron. Al cabo, se instaló, en el parque que hay frente al hospital Severo Ochoa, un busto del poeta, obra del escultor Eduardo Carretero, que se añadió al que ya había en ese momento de Rafael Alberti y dio lugar a que el parque pasara a llamarse parque de los poetas.

Entonces apareció ante todos nosotros, como un resplandor de humanidad, Amparitxu. Vino tantas veces –sobreponiéndose a menudo a su frágil salud-, fue tan infinita su generosidad, irradió tantísimo cariño, que a ninguno de cuantos la conocimos se nos borró la profunda huella de haber compartido aunque apenas fuesen unos minutos con ella.

Para cuando me abandone el sobresalto negro con que la muerte de alguien querido nos golpea siempre, levantaré acta de lo que a mi pueblo ofreció Amparitxu Gastón, de lo que le debemos, de su paso imborrable por nosotros. Y de sus ojos, que nos miraron tan adentro que nos hicieron salirnos de nosotros mismos.

Hoy sólo deseo proclamar mi gratitud, junto a la de tantos otros. Qué prodigiosa es la existencia que por ella transitan y en ella aman y padecen seres tan hermosos y excepcionales como Amparitxu.

Hoy sólo deseo volver a sorber las palabras de ella. Porque, aunque muchas personas no lo sepan, Amparitxu Gastón, aparte de la compañera inseparable de Gabriel Celaya, fue ella misma una excelente poeta. Entre otros muchos, en su libro A flor de labio, publicado en 1972, nos dejó un bello y asombroso poema titulado «Presagios».

Disfrútenlo, a ser posible en compañía:

«En la tarde cargada de terribles designios,
Inocente de todo, cruza la brisa nueva.
Los árboles confusos, silenciosos y negros
presienten y se callan como si fuese un sueño.

Cruza el aire una sombra de eternidad o de miedo.
Las fuentes ocultan la cabeza en sus brazos.
Cruzo deprisa el campo calladísimo y solo,
y los pájaros vuelan y escriben lo que ignoro.
Quiero huir como sea de este silencio helado,
de este Dios que me manda sin que yo lo comprenda,
envuelto en sus designios, cada vez más eterno,
ignorando mi vida, mi dolor y mi muerte
».

13.10.09

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Evo Morales en Leganés

A un mes del entrañable encuentro entre ciudadanos y ciudadanas de diferentes países, entre distintas culturas y comunes anhelos de emancipación que protagonizó Evo Morales en la plaza de toros La Cubierta, en Leganés, aún colea la singular protesta –y se dice que hasta denuncia judicial o amenaza de tal- del PP de la localidad contra aquel acto.

No creo que haya que darle al asunto mayor importancia de la que tiene. A cuantos allí estuvimos nos quedarán en la memoria la alegría compartida por miles de personas, la esperanza y la dignidad de un pueblo que decide tomar las riendas de su destino, que es lo que representa Evo Morales en Bolivia, como lo representa Hugo Chávez en Venezuela y, por encima de ambos y de cualquier otro dirigente, la ciudadanía que toma conciencia de su valor y su poder democráticos y actúa en consecuencia. La salida de tiesto del PP de Leganés quedará a lo sumo para el anecdotario de ridiculeces en las que a menudo se complacen ciertos políticos profesionales por no tener otra cosa mejor que hacer.

Pero, aunque sólo sea por dejar constancia de lo grotesco de la cosa, puede que no resulte ocioso al menos mencionarlo. Al menos, por una vez.

Lo que en esencia denuncia el PP de Leganés es que el acto en el que intervino Evo Morales fue en realidad un mitin político, un acto pues de partido y estrictamente de campaña electoral, por lo que el dinero público que el Ayuntamiento gastó en él (parece que unos 12.000 euros, destinados a pagar el alquiler de la plaza de toros) constituye una malversación de fondos con fines partidistas.

Y no es cierto. El acto consistió principalmente en un encuentro de Evo Morales, en su calidad de presidente de Bolivia y no de líder de un movimiento político concreto, con inmigrantes bolivianos que se acercaron de todos los rincones de nuestra geografía. Lo cual no impidió, por supuesto, que se abriera a la participación de españoles, chilenos, ecuatorianos y otros. Era el encuentro entre pueblos lo que se quería celebrar, el diálogo y la paz. En su día Aznar invitó al gobernador de Florida y hermano de George W. Bush a venir a nuestro país para que promoviera la guerra; porque en esto de las visitas institucionales cada uno tiene su estilo, claro. Durante el encuentro, Evo Morales explicó las líneas básicas del proceso de transformación de su país, del camino de recuperación de la dignidad como pueblo de los bolivianos y del conjunto de América Latina y de reconquista de la riqueza nacional para el desarrollo comunitario. Esto es, por supuesto, hablar de política, que es a lo que acostumbran a dedicarse los presidentes de los países, pero de política entendida en su significado de organización democrática de la sociedad y no del circo mediático obsceno que muchos aquí toman por tal. Quizá sea éste el origen del malentendido, porque me consta que la vida política municipal en Leganés últimamente crea malos hábitos.

El papel que desempeñó el Ayuntamiento de Leganés fue el de anfitrión, razón por la cual el alcalde se limitó a dar la bienvenida al presidente boliviano, como probablemente haría, habrá hecho y hará en el futuro con otros presidentes, alcaldes o diputados invitados. Mal está, desde luego, y a mí mal me parece que el Ayuntamiento deba gastarse dinero público por el uso de una plaza de toros de propiedad municipal. El problema es que su gestión es privada, por virtud de una concesión administrativa a setenta años. Claro que quien en su día tuvo la iniciativa de que ésa fuese la fórmula de gestión, allá por diciembre de 1995, fue el grupo municipal del PP. El PSOE lo apoyó y solamente el grupo de IU de entonces se opuso. Lo recuerdo bien porque yo era uno de los concejales de este último grupo. Ahora pasan estas cosas. Es lamentable, pero según quien proteste, puede que esté mejor calladito.

A mi juicio, hay dos razones para que el PP de Leganés se meta en este jardín. Cabe que intente usarlo absolutamente todo para su disputa doméstica con el gobierno municipal. Si es éste el caso, creo que se equivoca de medio a medio. Envilece con ello el debate político sobre importantes procesos de cambio social en el mundo, un debate lo bastante serio como para no mezclarlo con querellas mezquinas, sea cual sea la opinión que en el mismo se sostenga. Y perjudica también a los vecinos y vecinas de Leganés –al tiempo que a sí mismo como opción política- porque hay problemas demasiado graves en la ciudad como para andar distrayéndose.

Cabe, no obstante, otra posibilidad: que la queja del PP de Leganés responda al odio animal del sector más reaccionario de su organización por lo que Evo Morales o Hugo Chávez o Rafael Correa o Zelaya encarnan. En tal supuesto, la explicación que habría que dar a quien respalda como gran estadista al presidente de Colombia, acusado por organizaciones humanitarias de impulsar escuadrones paramilitares y matanzas de ciudadanos inermes, y tacha en cambio de dictador a presidentes que promueven procesos de alfabetización, reforma agraria o universalización de la salud pública, ha de ser sin duda una explicación más larga y contundente. Pero eso ya mejor otro día. Porque los bolivianos necesitan más nuestra solidaridad que los concejales del PP de Leganés las explicaciones.

23.08.09

Permalink 22:07:52, Categorías: Conferencias

Pepe Blanco no se entera

Alguien debería encargarse de mitigar el entusiasmo de los ministros con menor experiencia al frente de su departamento, con el fin de evitarnos sustos innecesarios. Tal habría de ser el caso de Pepe Blanco, a quien el cambio de su papel de demagogo oficial del PSOE por el de ministro de Fomento le ha debido de ocasionar algún que otro trastorno mental que le ha llevado a pensar que en ocasiones no sobra parecer un poquito de izquierdas.

Como sabrán los ciudadanos que suelen estar al tanto de estos asuntos –por fortuna, no demasiados-, hace unos días le dio a Pepe Blanco por anunciar una subida de impuestos a los más ricos para financiar ayudas públicas a las capas más desfavorecidas de la sociedad. El dirigente del PP Javier Arenas, que se diría vive pegado a una tribuna, estuvo presto a reaccionar, dando la voz de alarma y avisando del previsible cataclismo que se nos vendría encima. Pero ¡qué barbaridad! –se escandalizó el señor Arenas-, ¿a quién se le ocurre? Que los ricos paguen impuestos. Ya solo faltaría que a alguien le entrara la manía de leer la Constitución y la Ley General Tributaria, en donde se proclama que los tributos deben ser progresivos y orientarse a la redistribución de la riqueza y a la justicia social, y exigir que se cumplan ambas leyes. Porque hay gente muy rara por el mundo, hay incluso gente que cree que las leyes se deben cumplir, hasta cuando favorecen a los pobres.

Ayer mismo, no obstante, informaba El País de que “determinados sectores” del propio gobierno han mostrado su desacuerdo con la propuesta de Pepe Blanco y que, en cualquier caso, el ministerio de Economía, que dirige Elena Salgado, ha dejado claro que, de subida de impuestos a los ricos, nada de nada. Ya encontrarán la manera de que, por elevación de tributos indirectos o al consumo o reducción de gasto público, paguen más los trabajadores. Como Dios manda. Estamos, pues, salvados.

El argumento que emplea el departamento de Economía para rechazar la subida impositiva a los ricos es, además, muy chistoso, porque tampoco conviene perder el buen humor. Siempre que se reclama aumentar la progresividad de la tarifa del Impuesto de la Renta y elevar los tipos más altos, siempre, siempre, siempre, se responde que esa tarifa se aplica fundamentalmente a las rentas del trabajo, por lo que su subida supondría castigar a los trabajadores con ingresos medios. Y, en efecto, el IRPF tiene una configuración dual (por cierto, gracias a determinada reforma introducida por un gobierno de Felipe González): hay una tarifa general, progresiva, que puede alcanzar el 43 %, y otra, con un tipo único mucho más bajo, del 18 %, que se aplica a las rentas de capital, entendidas de modo más o menos lato (rentas derivadas del ahorro, se les llama). Pero quien objeta este hecho jamás acepta la solución más sencilla: que todas las rentas, fuese cual fuere su origen, tributaran por una tarifa única de carácter progresivo. Se privilegian las rentas del capital sobre las rentas del trabajo porque tanto el PP como el PSOE –como la abrumadora mayoría de partidos nacionalistas- quieren que así sea; no se trata de un mandato de los dioses; las leyes y sus modificaciones se aprueban en el Parlamento por las señoras y señores diputados y senadores.

Por lo que parece, en atención a esta peculiaridad de nuestro Impuesto de la Renta, el ministro de Fomento había pensado en una subida de la imposición a las rentas del capital del 18 al 20 %. Ni se le pasa por la imaginación equiparar su tributación a las rentas del trabajo. En lo de aparentar ser de izquierdas, tampoco tiene uno que exagerar. Y ahora en el departamento de Economía le salen con que los multimillonarios no tributan por IRPF, dado que colocan sus fortunas en sociedades de inversión, logrando con ello pagar solamente un 1 %. Lo cual es cierto. Les ha faltado añadir que hace unos años unos cuantos funcionarios de la Agencia Tributaria decidieron aplicarse a la tarea de controlar las grandes fortunas (que es que hay funcionarios que van como locos) y el PP y el PSOE –y los principales partidos nacionalistas- se apresuraron a retirar la competencia al respecto de la Agencia Tributaria y entregársela a la Comisión Nacional del Mercado de Valores, no fuera a ser que a los multimillonarios la angustia de que les traten como a cualquier otro ciudadano les quite el sueño.

Pero, claro, urge que a Pepe Blanco se le explique que esto no significa que en el ministerio de Economía estén urdiendo la trastada de hacer pagar el 43 % a las grandes fortunas y devolver su fiscalización a la Agencia Tributaria.

A ver si nos enteramos, Pepiño, que con las cosas de comer no se juega: los impuestos los pagan los pobres, las leyes se aplican sólo si benefician a los de siempre y el Estado está para asegurar los negocios de los banqueros y los especuladores inmobiliarios. Y esto es lo que se llama democracia liberal, de la que de vez en vez se puede sacar una limosnita para los parias y, casi siempre, sus comisioncitas para concejales y alcaldes prevaricadores y otras almas buenas. Tú dedícate a darle obras públicas, las que sean necesarias y las que no, a las constructoras, mientras se recuperan de la fiebre del ladrillo, y no te metas en cosas que no comprendes. Porque de lo que tiene que hablar la gente aquí es de espías, identidades nacionales y noviazgos de famosos. Y si aun así nos aburrimos, para eso tenemos a Hugo Chávez, que para malo nos vale en cualquier momento y con cualquier excusa.

Fíjate y toma ejemplo de los sindicatos, ¿no ves qué callados están y qué obedientes son?

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Ricardo RODRÍGUEZ


Escritor

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