Hace mucho tiempo que no escribo en el gran periódico “La República”. La razón es que estoy agobiado con el trabajo. Por eso no voy a escribir un artículo, sino reproducir cosas de ese impresionante libro de Alberti hoy olvidado.
Empieza el libro reproduciendo la poesía popular que cantaba Sevilla adhiriéndose con su garganta y los ayes profundos de sus guitarras a la primera República española: año 1873.
¡Que bonita está Triana
cuando le ponen al puente
banderas republicanas!
Se volvió a cantar el 14 de abril de 1931, pero los fascistas sustituyeron esa canción popular por la siguiente:
Y más bonita estaría
si le pusieran al puente
cañones de artillería
Añade Alberti: entre estas dos coplas, en ellas, mejor dicho, hay dos espíritus en lucha, dos Españas: luz y sombra de nuestra península:
….. cañones de artillería!
Continúa el poeta: una, llena de laureles y júbilo, otra, de muerte, de exterminio. Con esta segunda copla responden a la primera el 18 de julio del 36, como en el 74 esos que prefirieron los puentes erizados de bocas mortíferas, el desmantelamiento y la venta del territorio, a los gallardetes y banderas de la libertad.
Y es que siempre la Libertad se haya en litigio entre canciones. Mientras la libertad canta estremecida a los cuatro vientos, sus enemigos enmudecen, o la provocan con palabras llenas de espadas y de sangre:
…….. cañones de artillería!
La Libertad canta siempre con voz anónima o a pleno pulmón, con gargantas que en penúltimos momentos de la historia pueden llamarse Victor Hugo, Walt Whitman y, recientemente Maiakowski
La República se ha muerto,
ya la llevan a enterrar.
En el panteón no cabe
la gente que iba detrás.
¡Viejo folclore de la primera República española, últimos ecos, que condensan un nombre, el del Pueblo, lleno de luto y sentimiento por la pérdida de sus libertades!
Dice más adelante nuestro poeta andaluz: el viejo Whitman saludará tiernamente el advenimiento tardío de nuestra República del 73:
De las grávidas sombras de las nubes,
de los esqueletos feudales,
de los huesos amontonados de los reyes,
de los escombros de la vieja Europa,
de las momias pulverizadas,
de las ruinas de las catedrales,
de los palacios derruidos,
de las tumbas de los prelados….
¡Mirad!
El rostro de la Libertad,
el rostro fresco, íntegro….;
el mismo rostro eterno de la Libertad
avanza hacia nosotros y nos mira.
El rostro de tu madre, ¡América!,
que se vuelve hacia ti
como el destello elocuente de una espada.
No te olvidamos, Madre.
¿Por qué te rezagaste?
¿Volverán a cerrarse
las nubes sobre ti?
Pero ahora te nos has aparecido….;
te conocemos bien.
Nos has dado una prueba
segura de tu ser:
¿Tu mirada! ¡El resplandor de ti misma!
Sabemos que estás ahí…
y en todas partes…
esperando tu hora.
¡Qué emoción la de esta voz inglesa, llamando madre a España y reprochándole dulcemente su retraso en incorporarse al sueño de libertad, ya conseguido por los países americanos!
No te olvides, madre,
¿por qué te rezagaste?
Solo en sus dos momentos de libre respiro -el del 73 y el de 1931- España vuelve a ser considerada madre por el gran corazón de América. Y no hubo entonces poeta en la Península capaz de saludar esta aurora.
Se refiere luego Alberti al pintoresquismo anticlerical del siglo IXX, coleaba aún en el XX. Terror de niños y niñas de los religiosos centros de enseñanza, éste anticlericalismo podía verse en las calles de Madrid en figura de un hombre de largas barbas negras que pregonaba:
- ¡Ha salido el Motín! ¡Ha salido el Cencerro! ¡Anda la órdiga!
Y sonando un gran esquilón de esos que cuelgan del cuello de las vacas proseguía la aleluya:
Una beata de Arganda,
con un fraile de parranda
Una monja de Almería
se ha metido a ama de cría.
Las sirvientas que llevaban los niños al colegio los apartaban de aquel hombre que así voceaba el pecado por las calles y plazas.
Habla luego de Goya, de Francisco de Quevedo, para pasar enseguida a las grandes huelgas del 17, la protesta unánime por el desastre de Annual, amenazando con salirse de madre. El proletariado español ya tiene una fisonomía clara, una conciencia que empieza a organizarse….. Para que el pueblo olvide sus once mil muertos de Marruecos, se levanta la dictadura militar de Primo de Rivera,
-¿Dónde vas, Alfonso trece,
dónde vas, triste de ti?
-No es que voy, es que me llevan
por las calles de Madrid,
sobre el fango, cuatro chulos
sin conciencia y con fajín.
Continúa más adelante Rafael: dos Migueles, uno con beoda espada visible y otro con la invisible y flamígera de la poesía; dos espadas llenan de chispas con sus choques el cielo oscuro de aquellos años.
Cita después Alberti una copla andaluza que podría referirse a aquellos años a los que el se refiere, y por desgracia a los infinitos crímenes del fascismo durante la guerra y el franquismo:
Con los zapatos puestos
tengo que morir,
que si muriera como los valientes,
hablarían de mí.
¡Qué triste que hoy, septiembre de 2009 estén aún en las cunetas tantos asesinados, que murieron con los zapatos puestos, pero que ahora de ellos solo queda huesos sin desenterrar y media España ni se atreve siquiera a hablar de ellos.