El comunicado que "Save the children" acaba de publicar sobre la situación de Haití con respecto a los posibles acogimientos o adopciones de niños y niñas afectados por el terremoto, deja las cosas bastante claras http://www.savethechildren.es/det_notyprensa.php?id=132&seccion=Not.
Entiendo y comparto los sentimientos encontrados que este tipo de noticias nos producen a muchas familias adoptivas -la mía la primera- y las tremendas ganas de salir corriendo y acoger a uno o varios de estos menores, razón de más para que desde nuestras respectivas asociaciones y organizaciones, hagamos un ejercicio de contención y nos paremos a pensar, con el corazón todo lo ardiente que queramos, pero con la cabeza fría, a fin de evitar males mayores, que sin duda con la mejor intención del mundo, podríamos causar a estos menores y sus familias, en un momento especialmente doloroso y en el que ya bastante sufrimiento acumulan.
La avalancha de familias que está llamando a todo tipo de organizaciones e instituciones ofreciéndose para adoptar o acoger a alguno de estos menores haitianos es impresionante. El tema es complejo y se puede enfocar desde distintos puntos y con miradas divergentes, lo cual nos obliga a hacer un ejercicio de reflexión en profundidad, con los argumentos más objetivos y racionales que podamos contar, intentando llegar a unas conclusiones lo más claras posibles y que puedan ser asumidas por la mayoría. Desde aquí les invito a leer el comunicado y a participar en la reflexión y el debate.
Ante la pregunta de ¿Qué podemos hacer? o ¿Cómo podemos ayudar? la postura de las organizaciones más solventes y expertas en la materia, no deja lugar a dudas con respecto a lo que no es aconsejable, no obstante cabe la reflexión con respecto a nuestras acciones.
Parece claro que lo que podemos/debemos de hacer ahora es redoblar nuestro esfuerzo y energía para que los niños y niñas que han quedado afectados por el terremoto empiecen a tener, cuanto antes, de la forma menos traumática posible, sus necesidades cubiertas. Esto es, dentro de su propio entorno. Esto significa no solo ayuda económica, sino recursos humanos, voluntarios y profesionalizados, dispuestos a implicarse en la reconstrucción del país, a corto, medio y largo plazo, tanto en los indispensables aspectos materiales, como en la cobertura de otras necesidades de organización social, incluyendo las atenciones psicológicas y emocionales que en este momento necesita prácticamente toda la población, pero especialmente la más vulnerable y afectada, como es la infantil.
Ojalá dentro de unos meses "NO" se nos haya olvidado que Haití existe, y que antes del terremoto ya era uno de los países -si no el más- más pobres del mundo, donde muchos niños y niñas vivían en la calle, sin cariño, protección y ningún tipo de educación, víctimas de la explotación sexual y carne de cañón para cualquier tipo de tráfico. Un país que además de pobre -o quizá también por ello- tenía unos niveles de corrupción tan altos, que su administración tampoco podía garantizar la transparencia o legalidad de las adopciones. Por todo ello, antes y ahora, necesitan del compromiso de la comunidad internacional, solidaridad y ayuda si, pero no solo de forma puntual, sino un compromiso en el tiempo, quizá a través de organizaciones como la ONU -UNICEF en el caso de la infancia- que permita la reconstrucción y regeneración del país, en todos los sentidos, a corto, medio, y largo plazo.
Violeta
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Ene
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