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Lo que se juega Izquierda Unida en la XI Asamblea Federal

Publicado el 11 de febrero de 2016 a las 00:00
Nicolás García Pedrajas | Izquierda Unida celebrará su XI Asamblea Federal el próximo mayo. Es evidente para todos que se trata de una de sus asambleas más importantes y en la que se juega su futuro político. Es también evidente que acude a la Asamblea en un estado de extrema debilidad, con una deuda económica enorme, muchos de sus dirigentes hablando abiertamente de su desaparición o disolución en un magma que nadie sabe qué es, y con una buena parte de su dirección manteniendo aún su fascinación por Podemos y la izquierda posmoderna1 que este partido representa. Sin embargo, lo que se juega en esta Asamblea IU es aún más importante de lo que parece. La Asamblea realmente tiene un único punto en el orden del día, el paso o no de partido de clase trabajadora a partido de clase media. Todo lo demás serán juegos florares para tratar que los militantes no se den cuenta que se les está hurtando el partido en el que algunos llevan décadas trabajando. Y este paso no dependerá de los documentos políticos u organizativos que se aprueben. La nueva política que defienden muchos en IU ya ha dejado claro que los estatutos de un partido no sirven si a los dirigentes no les interesa, como en el caso de los tres diputados militantes de IU que se han integrado en el grupo parlamentario de Podemos, o que los programas electorales y políticos son meras sugerencias. El futuro de IU, si sigue denominándose así después de la asamblea, dependerá en exclusiva de quién sea elegido para coordinar la coalición los próximos años. No hay que engañarse con aprobar proclamas de izquierda o entradas en Facebook con golpes de pecho marxistas, es la trayectoria y el día a día de un dirigente político lo que determina sus convicciones ideológicas. IU solo sobrevivirá como fuerza útil a la clase trabajadora con un liderazgo compartido basado en la experiencia y la coherencia ideológica y fundamentado en la clase obrera. IU no sobrevivirá con líderes mediáticos y convirtiendo la acción política en un esperpento de gracietas en redes sociales desde una cueva de frikis El debate que se plantea no es nuevo en la izquierda. Siempre ha habido una guerra, más o menos soterrada, entre los partidarios de la lucha por un sistema económico más justo y los partidarios por influir desde las instituciones por atenuar la explotación capitalista dentro del sistema. Ya Rosa Luxemburgo denunciaba esta estrategia en su libro Reforma o revolución publicado en 1900. Es decir, hace más de 100 años que ya se planteaba la misma batalla ideológica, a pesar de que para muchos de los recién llegados de la nueva política todo lo que está pasando ahora en nuevo2. Se suele decir que los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla. Se podría afirmar lo mismo de los partidos. Los partidos de izquierda que han olvidado la historia están repitiendo exactamente el mismo patrón. Los partidos socialistas hicieron el recorrido de socialista a socialdemócrata y de socialdemócrata a social liberal, mientras los partidos comunistas pasaron casi todos del comunismo a la socialdemocracia y algunos, como el PCI, al social liberalismo. Sin embargo, cada vez que otro partido de izquierda habla de repensar la izquierda y adaptarse a los tiempos nadie recuerda los casos anteriores. La único que se quiere cuando se afirma eso de repensar es esconder el paso de partido de clase trabajadora a partido de pequeña burguesía (eso que ahora se llama clase media) y élite trabajadora. Ningún partido socialista o comunista que inició ese camino ha acabado en otra cosa que en un partido burgués al uso, ¿por qué el caso de IU iba a ser diferente? En este sentido, desafortunadamente, IU ya lleva recorrido un buen trecho. En el documento enviado el 9 de enero a los militantes por Alberto Garzón no aparece ni una sola vez el término clase trabajadora, este se sustituye por clases populares. Esto es mucho más que una cambio de denominación, se sustituye un término concreto y fuertemente ideológico, clase trabajadora, por otro mucho menos concreto y desde luego sin carga ideológica, clase popular. No olvidemos que hasta el PP usa el término popular en su nombre. La elección de un determinado lenguaje no es casual, y la importancia del lenguaje nunca debe ser minusvalorada. Del mismo modo, el continuo cortejo a un partido atrapalotodo como Podemos en los último meses también ha sido a costa de la renuncia real a muchos principios ideológicos. La referencia constante a meros aspectos superfluos del sistema como el bipartidismo o el neoliberarlismo hacen también un enorme favor al capital que es quién detenta el poder real. Cargar las tintas contra el bipartidismo ignora a quién sirve ese bipartidismo y además oculta que es el capitalismo el responsable de la explotación del obrero. La crítica al bipartidismo es equivalente a la crítica al capataz ignorando al dueño de la finca. Del mismo modo la crítica al neoliberalismo lleva implícita la existencia de otro capitalismo, el no liberal, que sí puede ser beneficioso para la clase trabajadora. Incluso la insistencia en la crítica al PP, personalizando en ese partido todos los males actuales, disfraza la crítica al capitalismo. La remoción del PP del poder podría atenuar alguna de sus medidas más retrógradas o represivas, pero en modo alguno va a alterar la naturaleza de las relaciones económicas que permite la explotación de la clase trabajadora. Sin embargo, una crítica a la deriva actual de IU no puede obviar los muchos defectos que ha tenido IU en sus 30 años de historia. La deriva pactista con el PSOE no es muy diferente a la deriva pactista actual con Podemos. El hecho de que muchos dirigentes de IU, y también del PCE, hayan hecho de la política su profesión y hayan dejado atrás cualquier principio ideológico a cambio de mantener la silla tampoco es nuevo. La falta de formación de cuadros y militantes con nulo apoyo del partido para ello también se arrastra de lejos. Y la fascinación de muchos cargos de IU por el oropel y las alfombras rojas no es tampoco nuevo. Una organización que quiera sobrevivir en la situación crítica de IU debe también hacer autocrítica en todos estos errores. El problema en IU es que la crítica va en el sentido contrario a donde tendría que ir, y abunda en perseverar en el error. Siguiendo la estela de Podemos y ese término tan vago que son “las confluencias”, IU usa un lenguaje cada vez menos de clase y cada vez más vago, acercándose a esos significantes vacíos tan de moda en la izquierda posmoderna. Resulta eso sí vergonzoso cuando el lenguaje de clase se recupera de puertas adentro para evitar el creciente malestar de los militantes con más compromiso ideológico. El problema de esta deriva es que lleva a un callejón sin salida ideológico. Se plantea como objetivo único el estar con la mayoría social, ignorando cómo se construye esa mayoría social. Las mayorías sociales no aparecen de la nada, son el producto de la ideología dominante que impone su modelo ideológico mediante la creación primero de una estructura teórica que lo sustente y posteriormente mediante la estructura práctica para imponer esa teoría, la educación, los medios de comunicación, los analistas, los opinadores profesionales, la industria del entretenimiento, la publicidad, etc. Por ello, todo el discurso de la confluencia sin ideología solo puede tener el destino del fracaso. La mayoría social está influenciada por el poder enorme de propaganda del sistema capitalista. Un partido de izquierda no debe estar con la mayoría, debe luchar por construir una mayoría en la cual los derechos de la clase trabajadora sean centrales. Es la visión del partido como vanguardia de la clase obrera. El concepto de estar con la mayoría resulta en sí ridículo para cualquiera que conozca algo de la historia y cómo se han conseguido los derechos de las minorías y la clase trabajadora. ¿Acaso hubo alguna vez una mayoría que apoyara la abolición de la esclavitud, el sufragio universal, los derechos de la mujeres, el derecho a la huelga o el derecho a las vacaciones pagadas para el trabajador? Un partido de izquierda debe defender un modelo justo de sociedad y luego construir las mayorías para alcanzarlo, no convertirse en una agencia de publicidad dispuesta a vender el producto que el cliente demande, sea el que sea. Resulta además llamativo como este discurso se mantiene incluso ante el fracaso del paradigma de la confluencia como es Syriza en Grecia. Syriza nació del Espacio de diálogo para la unidad y acción común de la izquierda con el objetivo de aunar a los partidos y movimientos de izquierda bajo unos objetivos comunes ignorando planteamientos ideológicos. Exactamente el proyecto de unidad popular que ahora está postulando IU. El recorrido de este proyecto político heterogéneo sin base ideológica y que solo aspiraba a restaurar el “estado del bienestar” en un contexto político donde ya no tiene cabida ha sido el de convertirse en una forma más de apuntalar al capitalismo. Es más, un gobierno así, como ocurre en Grecia, es más útil para llevar a cabo la agenda de expropiación de las clases trabajadoras, porque su popularidad en estas clases le permite un margen mucho mayor de maniobra que a opciones más desgastadas. Como afirmaba Lenin: “la omnipotencia de la ‘riqueza’ también es más segura en las repúblicas democráticas porque no dependen de unos u otros defectos del mecanismo político ni de la mala envoltura política del capitalismo. La república democrática es la mejor envoltura política de que puede revestirse el capitalismo (…) esta envoltura, que es la mejor de todas, cimenta su Poder de un modo tan seguro, tan firme, que no lo conmueve ningún cambio de personas, ni de instituciones, ni de partidos dentro de la república democrática burguesa” y que encierran la esencia de la realidad política actual.[1] Seguir insistiendo en el modelo Syriza de confluencia que ha demostrado su fracaso absoluto solo tiene el mismo destino que en Grecia, a no ser que se persiga el proyecto personal y no el de la clase trabajadora. En este sentido Syriza sí ha sido un éxito incuestionable para Tsipras y su círculo cercano. El colofón de este despropósito ideológico es la fascinación de muchos dirigentes de IU con el 15M, prototipo de movimiento pequeño burgués, sin ideología y profundamente egoísta. No he encontrado mejor descripción de este “movimiento” que la siguiente: “Así, en un movimiento tan confuso como el 15-M, rápidamente las reivindicaciones de sectores populares no estrictamente obreros o más acomodados (la aristocracia obrera) tomaron la delantera. La propia organización del movimiento con asambleas que se alargaban hasta altas horas de la noche, la toma de decisiones basada en el consenso que impedía que las posiciones más clasistas salieran adelante ya que siempre había elementos con una ideología más reformista o el propio hecho de que fuera un evento publicitado por los medios de comunicación, ya dificultaba hasta el extremo la participación y hegemonización de sectores de la clase obrera. En cambio esto generaba las condiciones ideales para que lo dirigieran miembros o potencialmente miembros de las “clases medias”, sobre todo estudiantes universitarios que sí podían seguir dichas dinámicas de funcionamiento.”[2] En ese mismo texto se expone lo que creo es una de las mejores definiciones de cómo debe funcionar un movimiento de izquierda: “Lo primero pasa por situar a la clase obrera como el principal sujeto revolucionario, entendiendo su papel clave en la sociedad capitalista como productora de mercancías en contraposición a la clase capitalista que se apropia de su trabajo. Y en base a eso entender que solo mediante la articulación de un movimiento obrero y sindical serán posibles cambios en otros ámbitos sociales, y que sin duda son muy justas otras luchas populares pero sin que haya una organización obrera tarde o temprano termina integrándose dentro de lo admisible por el sistema.”

La alternativa entre las dos opciones, la ideológica y la oportunista es lo realmente importante que se decide en la Asamblea. Los debates sobre denominaciones, órganos y demás son muy poco relevantes. Y si IU opta por la vía del abandono de sus principios ideológicos y la ambigüedad, su desaparición está cercana porque su misma existencia no tendrá sentido. Si IU opta por el camino de Podemos, ¿qué sentido tiene que siga existiendo en lugar de integrarse en Podemos?

Pero incluso, si IU opta por la vía de la izquierda, tiene ante sí una larga travesía del desierto en la que las posibilidades de desaparición siguen siendo altas. Una parte de culpa es sin duda de una ideología dominante que inunda todas las esferas de la sociedad, pero también por los muchos errores que IU ha cometido a lo largo de su historia.

Si quiere sobrevivir creo su futuro debe estar dentro de estas pautas:

1 IU debe ser un partido político inequívocamente de izquierda, socialista y anticapitalista, no el representante de la clase media o de movimientos pequeño burgueses. Esta naturaleza debe manifestarse en su acción política diaria, y no ser meramente un enunciado retórico que se ignora en la práctica.

2 IU debe considerar los procesos electorales como un medio y no como un fin en sí mismo. Lo importante es la capacidad de influencia en la clase trabajadora, no conseguir un número determinado de escaños cuya influencia real en el sistema capitalista es nula. Afirmaciones como “ahora nunca” o los discursos de que en unas elecciones “nos jugamos el futuro” son solamente un favor al sistema actual que vende la falacia de una democracia sin apenas capacidad de maniobra real.

3 IU debe fijar una posición clara respecto a su participación en las instituciones. IU no puede convertirse en la muleta de partidos social liberales como el PSOE. La poca influencia en la toma de decisiones importantes durante su participación en el gobierno de la Junta de Andalucía así lo demuestra. IU debe plantearse cuál es su puesto político en las instituciones cuando el poder de los gobiernos frente al capital es cada vez más insignificante.

4 IU de realizar un esfuerzo enorme por la ideologización y formación de las bases y cuadros. Ahora mismo no existe ninguna iniciativa de ese tipo y los militantes nuevos, y antiguos, deben formarse por su cuenta. Es imprescindible la formación para no caer con tanta frecuencia en las trampas de la disidencia controlada y el imperialismo humanitario.

5 IU debe situar a la clase trabajadora en el centro de su acción política, y esto incluye una mayor presencia de trabajadores de todos los sectores en sus cuadros y centros de decisión. Un partido obrero no puede quedar en manos de dirigentes casi en exclusiva con formación universitaria. Todos los sectores de los trabajadores deben de estar representados en sus órganos de dirección.

6 IU debe huir de los liderazgos individuales. No se puede hablar de horizontalidad y a la vez promover desde la misma organización un hiperliderazgo personalista.

7 IU debe democratizar su funcionamiento y reforzar el papel del militante. Un partido no puede basarse en simpatizantes.

8 IU debe estar presente en las movilizaciones sociales, pero siempre desde una perspectiva ideológica.

9 IU debe abandonar la política espectáculo de las redes sociales, las gracias en twitter y las fotos en Facebook. Los mensajes políticos han de ser para remover las estructuras del capitalismo y no convertir la política en una parte más de la industria del entretenimiento.

10 IU debe crear sus propios canales de información para llegar a la clase trabajadora. No puede depender de los medios de comunicación de masas que sirven todos a las grandes empresas de las que son propiedad.

11 IU debe fomentar una mayor movilidad en los cargos, tanto públicos como orgánicos, y evitar la perpetuación de las mismas personas. Y debe hacerlo con medidas reales que eviten la rotación de personas y cargos.

12 IU debe reforzar su relación con el mundo obrero. La movilización de la clase trabajadora solo se puede realizar desde la cercanía y la implicación en las luchas obreras.

«’¡El orden reina en Berlín!’ ¡Estúpidos secuaces! Vuestro ‘orden’ está construido sobre la arena. Mañana la revolución se levantará vibrante y anunciará con su fanfarria, para terror vuestro: ¡Yo fui, yo soy, y yo seré!»

[1] http://pravdainternacional.blogspot.com.es/2016/02/el-guardian-del-imperialismo-respuesta.html [2] http://www.tintaroja.es/opinion/1336-por-que-el-15-m-supuso-un-retroceso-en-el-movimiento-obrero
1Para no dejar lugar a dudas, esta izquierda posmoderna no tiene absolutamente nada de izquierda, uso el término porque creo que es el más reconocible e identificable. Una buena fuente para un análisis de esta “izquierda” es: http://www.globalresearch.ca/the-postmodern-left-and-the-success-of-neoliberalism/5506201
2En realidad para ellos sí es nuevo, ya que su ignorancia de la historia de las luchas obreras es solo comparable con su soberbia para despreciarlas.

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